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Autor: . | Fuente: Fides Todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables
En "Caritas in veritate" Benedicto XVI, tratando del desarrollo humano integral, se detiene en el fenómeno de las migraciones
Todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables
Benedicto XVI en el Caritas in veritate: "Todo emigrante es
una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales
inalienables que han de ser respetados por todos y en
cualquier situación”; desde hace un siglo el empeño directo con
los emigrantes considerados siempre "hombres y amigos"
Ciudad del Vaticano
En su última encíclica, "Caritas in veritate", el Santo Padre
Benedicto XVI, tratando del desarrollo humano integral, se detiene en
el fenómeno de las migraciones (n. 62) "fenómeno que impresiona
por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos,
culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos
que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad
internacional". Escribe el Santo Padre: “Podemos decir que estamos ante
un fenómeno social que marca época, que requiere una fuerte
y clarividente política de cooperación internacional para afrontarlo debidamente. Esta
política hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboración entre
los países de procedencia y de destino de los emigrantes;
ha de ir acompañada de adecuadas normativas internacionales capaces de
armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las
exigencias y los derechos de las personas y de las
familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino.
Ningún país por sí solo puede ser capaz de hacer
frente a los problemas migratorios actuales. Todos podemos ver el
sufrimiento, el disgusto y las aspiraciones que conllevan los flujos
migratorios. Como es sabido, es un fenómeno complejo de gestionar;
sin embargo, está comprobado que los trabajadores extranjeros, no obstante
las dificultades inherentes a su integración, contribuyen de manera significativa
con su trabajo al desarrollo económico del país que los
acoge, así como a su país de origen a través
de las remesas de dinero. Obviamente, estos trabajadores no pueden
ser considerados como una mercancía o una mera fuerza laboral.
Por tanto no deben ser tratados como cualquier otro factor
de producción. Todo emigrante es una persona humana que, en
cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser
respetados por todos y en cualquier situación”.
La Iglesia se interesa
directamente de este fenómeno desde hace casi un siglo. El
mismo Jesús fue un emigrante, por ello, la Iglesia se
ha preocupado siempre de la suerte de los emigrantes y
de su dignidad, considerándolos ante todo hombres y amigos, nunca
extranjeros. En 1914 fue el Papa S. Pío X quien
instituyó la Jornada Nacional de las Migraciones: el objetivo principal,
en aquel tiempo de guerra, era el permanecer unidos y
solidarios con quienes tuvieron que abandonar Italia a causa del
conflicto mundial y condiciones de vida pésimas. Desde el 2004
la Jornada se celebra en todo el mundo, extendiendo su
campo de interés, hasta incluir a todas las personas implicadas
en la movilidad, incluidos los emigrantes y los prófugos, los
rom, los sinti, los circenses y los artistas de la
calle…
También fue el Papa San Pío X, quien en
1912, instaló el primer despacho vaticano para los problemas de
las migraciones, y en 1970 el Papa Pablo VI instituyó
la Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y
el Turismo, que se convirtió en 1988en el Pontificio Consejo
para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes; tarea del
Pontificio Consejo es la atención a los que se visto
obligados a abandonar su patria o que incluso ni siquiera
tienen patria". El Papa Pablo VI publicó en 1969 una
Carta Apostólica en forma de motu propio, la Pastoralis migratorum
cura, en la que se impartían nuevas disposiciones para la
pastoral de los migratorios, delineando en la Iglesia una atención
particular a los emigrantes y al hombre, según el momento
histórico, de sus necesidades y complejidad. Después de unos 35
años, sus sugerencias se actualizaron en el 2004, con la
instrucción Erga migrantes caritas Christi del Pontificio Consejo para la
pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, en la que los
signos de los tiempos, y los cambios en los modos
de las migraciones se miran con espíritu renovado, y con
la certeza de que es posible una unidad y una
comunión entre los pueblos, en el recíproco respeto y en
la defensa de la dignidad y de la vida humana
en todas sus formas y colores.
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