La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Conferencia del cardenal Renato Raffaele Martino | Fuente: CEE La erradicación de la pobreza y la Doctrina Social de la Iglesia
No pierdo la ocasión para seguir recomendando la lectura y reflexión del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, ya que este importante documento eclesial brinda un cuadro completo de las líneas fundamentales de la enseñanza social católica.
La erradicación de la pobreza y la Doctrina Social de la Iglesia
Guadalajara, España, 20 de febrero de 2009
Saludo con aprecio al
Excelentísimo Señor D. José Sánchez González, Obispo de Sigüenza-Guadalajara, a
la Señora Doña Pilar Simón Romero, Presidenta diocesana de Manos
Unidas, y a todos los aquí presentes. Expreso mi agradecimiento
por su cordial invitación para participar en los actos de
la 50ª Campaña contra el hambre en el mundo, organizada
por esta benemérita Institución católica.
Queridos hermanos y hermanas:
Respondiendo a la
invitación antes mencionada, con gusto deseo compartirles algunas reflexiones sobre
el argumento que se me propuso: «La erradicación de la
pobreza extrema y la doctrina social de la Iglesia».
En primer
lugar, deseo referirme brevemente a la identidad de la doctrina
social de la Iglesia, una doctrina con frecuencia ignorada, desconocida,
incluso en ocasiones menospreciada. Existen muchos documentos -en primer lugar
las encíclicas sociales- que nos pueden ayudar a conocer, comprender
y practicar los principios de este corpus doctrinal. No pierdo
la ocasión para seguir recomendando la lectura y reflexión del
Compendio de la doctrina social de la Iglesia, ya que
este importante documento eclesial brinda un cuadro completo de las
líneas fundamentales de la enseñanza social católica, presentando, «de manera
completa y sistemática, aunque de forma sintética, la doctrina social,
que es fruto de la sabia reflexión del Magisterio y
expresión del compromiso constante de la Iglesia, en fidelidad a
la gracia de la salvación de Cristo y en amorosa
solicitud por el destino de la humanidad» . Para todos los
hombres y mujeres de la Iglesia que, en el corazón
del mundo, se empeñan en construir estructuras más dignas de
la persona humana, es necesario que cuenten entre sus instrumentos
con la doctrina social, porque el objeto de esta doctrina
«es y será siempre la dignidad sagrada del hombre, imagen
de Dios, y la tutela de sus derechos inalienables; su
finalidad, la realización de la justicia entendida como promoción y
liberación integral de la persona humana en su dimensión terrena
y trascendente; su fundamento, la verdad sobre la misma naturaleza
humana, verdad comprendida por la razón e iluminada por la
Revelación, su fuerza propulsora, el amor como precepto evangélico y
norma de acción. [Porque] la Iglesia, forjadora de fina concepción
siempre actual y fecunda de la vida social, al desarrollar
[...] su enseñanza social, de naturaleza religiosa y moral, no
se limita a ofrecer principios de reflexión, orientaciones, directrices, constataciones
o llamadas, sino que presenta también normas de juicio y
directrices para la acción que cada uno de los católicos
está llamado a poner en la base de su prudente
experiencia, para traducirla luego concretamente en categorías operativas de colaboración
y de compromiso» .
Así pues, la razón de fondo por
la cual la doctrina social de la Iglesia debe ser
un punto de referencia irrenunciable para el trabajo de Manos
Unidas, es que toda la verdad sobre el hombre que
conocemos por la revelación, se encuentra presente en esta doctrina.
La luz de la verdad del hombre, creado por Dios
y redimido por Cristo, es una respuesta a una de
las mayores debilidades de la sociedad contemporánea: la «inadecuada visión
del hombre» . La Iglesia, a la luz de «la
verdad sobre el hombre, revelada por Aquel mismo que conocía
lo que en el hombre había (Jn 2, 25) mira
las cuestiones sociales: la cuestión del super desarrollo y del
subdesarrollo; el drama y la vergüenza del hambre en el
mundo ; la cuestión de las estructuras económicas y financieras
mundiales ... Es ésta también la perspectiva desde la cual
Manos Unidas, como Institución católica, debe siempre contemplar al hombre
y encauzar su trabajo. Perspectiva que la diferencia de aquellas
organizaciones no gubernamentales que también se dedican a luchar contra
la pobreza extrema y el hambre.
Entre los documentos que conforman
el extenso corpus de la doctrina social, y que en
ocasiones pasan desapercibidos, se encuentran los Mensajes para la Jornada
Mundial de la Paz. En ellos podemos encontrar reflexiones enriquecedoras
e iluminadoras de las cuestiones sociales de actualidad que amenazan
la paz de la familia humana. Es por ello que
deseo llamar su atención sobre el último de estos Mensajes,
ya que es de particular interés para esta ocasión.
En efecto,
el Papa Benedicto XVI, dedica su Mensaje para la Jornada
Mundial de la Paz de este año 2009, precisamente al
tema del combate a la pobreza. Retoma y desarrolla lo
que Juan Pablo II afirmó en su también Mensaje para
esta Jornada, importante en la vida de la Iglesia y
de la humanidad: «Se constata y se hace cada más
grave en el mundo otra seria amenaza para la paz:
muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones
de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se
ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas
económicamente. Se trata de un problema que se plantea a
la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en
que se encuentra un gran número de personas son tales
que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el
auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial» . También
el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI nos hace ver
como la lucha contra la pobreza y la paz se
reclaman mutua y constantemente en una fecunda circularidad que constituye
uno de los presupuestos más estimulantes para dar cuerpo a
un apropiado acercamiento cultural, social y político a las complejas
cuestiones relacionadas con la realización de la paz en nuestro
tiempo, marcado por el fenómeno de la globalización. Este fenómeno
es profundizado por el Santo Padre que pone en evidencia
su significado metodológico y de contenido, consintiendo así un acercamiento
amplio y articulado al tema de la lucha contra la
pobreza. El n. 2 del Mensaje, en efecto, se detiene
para tratar ampliamente estos aspectos con la intención de dar
un perfil a los rostros, múltiples y complementarios, de la
pobreza actual. El Papa considera sobre todo el rol de
las ciencias sociales en la medición de los fenómenos de
la pobreza. Las ciencias sociales permiten adquirir datos particularmente de
tipo cuantitativo, y si la pobreza fuera sólo de tipo
material y cuantitativo, las ciencias sociales serían suficientes para iluminar
sus características principales. Sin embargo, sabemos que no es así,
y que existen pobrezas inmateriales que no son una consecuencia
directa y automática de las pobrezas materiales. Dos ejemplos pueden
ayudarnos a probarlo: En las así llamadas sociedades ricas y
desarrolladas existen amplios fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual;
muchas personas están alienadas y viven formas de malestar no
obstante el bienestar económico general. Se trata del «subdesarrollo moral»
y de las consecuencias negativas del «superdesarrollo» ; y en
las llamadas sociedades «pobres», el crecimiento económico con frecuencia se
ve frenado por impedimentos culturales, que no permiten un adecuado
uso de los recursos. La pobreza material no explica nunca,
por sí sola, las pobrezas inmateriales, más bien es verdad
lo contrario.
El Mensaje del Papa se presenta estructurado en dos
partes, en cada una de las cuales el tema de
la lucha contra la pobreza, en el contexto de la
globalización, viene progresivamente tratado en relación con los varios aspectos
de la promoción de la paz. En la primera parte
se ponen en evidencia las implicaciones morales vinculadas con la
pobreza; en la segunda, la lucha contra la pobreza se
pone en relación con la exigencia de una mayor solidaridad
global. La reflexión de la primera parte del Mensaje se
desarrolla en los números del 3 al 7, y afronta,
de manera ejemplificada y emblemática, algunos de los nudos dramáticos
de las pobrezas modernas.
El primer nudo que se afronta es
el que individúa en el crecimiento demográfico la causa de
la pobreza. Un peligroso enfoque ya señalado por Pablo VI,
quien había advertido a los gobiernos contra la tentación «de
usar la autoridad para disminuir el número de los comensales
más que multiplicar el pan a repartir» . Benedicto XVI,
en su Mensaje denuncia tal perspectiva que justifica «el exterminio
de millones de niños no nacidos en nombre de la
lucha contra la pobreza», determinando la eliminación de los más
pobres entre los seres humanos. Pienso que ésta es la
más injusta de las múltiples expresiones de esa disimulada y
malévola estrategia de querer vencer la pobreza eliminando a los
pobres. El segundo nudo de relevancia moral que el Santo Padre
afronta es el de la relación entre enfermedades pandémicas, sobre
todo el SIDA, y la pobreza. También en este caso
Benedicto XVI reclama la exigencia de una consideración mayor y
más exacta de las intrínsecas implicaciones morales que dicha relación
comporta, si se quiere luchar verdaderamente contra la pobreza y
construir la paz. El Santo Padre evoca, por un lado,
la necesidad de poner a disposición de los pueblos pobres
las medicinas y los cuidados necesarios, reconsiderando el sistema de
las patentes mediante una asunción de responsabilidad de la Comunidad
internacional que garantice a todos los hombres y mujeres los
necesarios cuidados sanitarios básicos y, por otro lado, la urgencia
de aprontar campañas de educación para una sexualidad que responda
plenamente a la dignidad de la persona. Iniciativas promovidas en
esta dirección han dado ya frutos significativos. Hago notar que
en el contexto de la globalización la Organización Mundial de
la Salud también está llamada a jugar un rol fundamental
para los fines de la seguridad internacional, hoy basada en
el paradigma de la «seguridad humana». Por ejemplo en el
World Health Report 2007, el objetivo de la salud pública
global es perseguido como elemento de la seguridad internacional .
El
tercer nudo afrontado por el Papa es el de la
pobreza de los niños, individuados como las víctimas más vulnerables,
porque son aquellos que en mayor número se encuentran entre
las personas que conforman el estrato de la llamada pobreza
absoluta. Preocuparse de los niños y niñas, es preocuparse por
el futuro; mirar la pobreza desde la perspectiva de los
niños lleva a considerar prioritarios objetivos como la salvaguardia del
medioambiente, la educación, el acceso a las vacunas y a
los cuidados médicos, el acceso al agua potable, la educación
y cuidado de las madres, y sobre todo las relaciones
al interior de las familias y de las comunidades. Todo
lo que debilita la familia produce daños que se descargan
sobre los niños; donde no se promueve la dignidad de
la mujer y de la madre, también se lesiona la
dignidad de los niños y niñas.
Un cuarto aspecto o nudo
afrontado se refiere a la relación existente entre desarme y
desarrollo: también éste pletórico de implicaciones morales. el Santo Padre
había ya subrayado en precedencia que «los ingentes recursos materiales
y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se
sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente
de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto
va contra lo que afirma la misma Carta de las
Naciones Unidas, que empeña a la Comunidad internacional, y a
los Estados en particular, a "promover el establecimiento y mantenimiento
de la paz y la seguridad internacionales con la menor
desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo
hacia los armamentos" (art. 26)» . El Santo Padre invita
a los Estados a hacer una sincera autocrítica. Reclamo más
que razonable y fundamentado, porque el gasto militar mundial del
2007 ha sido de 1,339 billones de dólares, el 6%
superior al gasto del 2006 (1,204 billones de dólares) y
del 45% con respecto a la década 1998 - 2007.
el gasto corresponde al 2.5% del PIB mundial y a
202 dólares per cápita de la población mundial. «Este estado
de cosas -señala el Pontífice - en vez de facilitar,
entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo
de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto
militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos,
que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así,
paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos».
El último aspecto
señalado por el Santo Padre es el que se refiere
a la actual crisis alimentaria, crisis sobre la que se
había ya pronunciado en diversas circunstancias . Esta crisis se
caracteriza no por la insuficiencia de alimentos, sino por la
falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces
de afrontar las necesidades y las emergencias, Todo esto consiente
al Papa de llamar la atención sobre el tema de
las desigualdades crecientes, como dato que desgraciadamente caracteriza la situación
actual de pobreza. Todos los datos sobre la evolución de
la pobreza relativa en las últimas décadas, en efecto, indican
un aumento de la desigualdad entre ricos y pobres. Entre
las causas principales de este fenómeno se encuentran, sin duda,
el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel
más alto de la distribución del rédito y la dinámica
de los precios de los productos industriales, que crecen más
rápidamente que los precios de los bienes y servicios producidos
por los países más pobres, tales como materias primas y
productos agrícolas, «resulta así -afirma el Mensaje- que la mayor
parte de la población de los países más pobres sufre
una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos».
La
segunda parte del documento pontificio se detiene sobre el tema
de la lucha contra la pobreza y la solidaridad global
y ocupa los números del 8 al 13. se trata
de una parte muy significativa, porque contiene estimulantes reflexiones y
propuestas sobre los temas de la globalización, el comercio internacional,
las finanzas y la actual crisis financiera, y sobre la
exigencia de una governance mundial bajo el signo de la
solidaridad.
Son muy inspiradoras las puntualizaciones acerca de la globalización, con
el reclamo a redescubrir la ley natural, es decir, el
código ético compartido que permite dar sentido al compromiso común
de construir la paz. La globalización, afirma el Papa, «abate
ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan
construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en
el espacio y en el tiempo no crea de suyo
las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz.
La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar
instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre
se siente personalmente herido por las injusticias que hay en
el mundo y por las violaciones de los derechos humanos
vinculadas a ellas».
El n. 9 del Mensaje afronta los temas
que se refieren al comercio internacional, con una atención privilegiada
a los países pobres y a su rol marginal en
los intercambios comerciales. La exclusión y la marginalización en el
frente del comercio son obstáculos para el desarrollo económico de
los países pobres y fuente de conflictos. Mientras los países
industrializados tienden a conservar medidas protectivas, injustas y anacrónicas, a
su favor, impidiendo con frecuencia el acceso de los productos
de los países pobres a sus mercados, en los países
en vías de desarrollo mismos, a causa de herencias culturales,
se registran notables dificultades para vincularse en red, para desarrollar
una cultura de la cooperación, para operar no sólo para
el consumo o para el mercado local. Sobre estos temas
la Comunidad internacional todavía no ha tomado acto plenamente de
la distinción entre asistencia y desarrollo.
El n. 10 ofrece una
reflexión sobre la función de las finanzas y sobre la
crisis actual, fuente de difundida y creciente preocupación. Sobre estos
temas recientemente ha intervenido también el Pontificio Consejo «Justicia y
Paz» con una Nota sobre Finanzas y desarrollo, predispuesta con
vistas a la Conferencia Internacional de Doha sobre la financiación
para el desarrollo, y publicada por el Osservatore Romano, el
23 de noviembre de 2008. El Mensaje, además de denunciar
la mentalidad que preside las actividades financieras, toda jugada sobre
la autoreferencialidad y los plazos brevísimos, reclama la exigencia de
un fuerte enraizamiento ético de la actividad financiera en la
perspectiva del bien común. El Santo Padre nos dice que
la reducción al corto plazo de los objetivos de los
operadores financieros globales reduce la capacidad de las finanzas para
desarrollar su importantísima función de puente entre el presente y
el futuro, en apoyo de la creación de nuevas ocasiones
de producción y de trabajo a largo plazo.
El n. 11
es particularmente significativo porque hace propuestas para reforzar la cooperación
internacional. En primer lugar se indica la necesidad de un
marco jurídico eficaz para la economía. Mercado sí, pero reglamentado
por instituciones eficientes y participativas. En segundo lugar, la necesidad
de invertir en la educación de las personas y desarrollar
de manera integrada una específica cultura de la iniciativa. En
tercer lugar, es necesario también prestar la atención debida a
los problemas del rédito: en una economía moderna - se
afirma - el valor de la riqueza depende en medida
determinante de la capacidad presente y futura de crear rédito.
La creación de valor es un vínculo ineludible del que
se debe tener cuenta, si se quiere luchar contra la
pobreza material de manera eficaz y duradera. La perspectiva económico-cultural delineada
por el Mensaje la encontramos expresada en el primer parágrafo
del n. 12, donde se delinean el rol y la
responsabilidad de tres actores: el mercado, el Estado y la
sociedad civil. Se afirma «situar a los pobres en el
primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado
para una correcta lógica económica por parte de los agentes
del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de
los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de
valorizar la sociedad civil local e internacional». Se trata de
un pasaje relevante, porque valora al máximo el rol de
la sociedad civil. Esta parte se cierra en el n.
12, con una invitación a la governance del fenómeno de
la globalización, sobre todo a través de una verdadera inclusión
de las personas: los problemas del desarrollo, de las ayudas
y de la cooperación internacional, con mucha frecuencia se resuelven
sin implicar verdaderamente a las personas, sino sólo como cuestiones
de predisposición de mecanismos, de puntualización de acuerdos tarifarios, de
la acreditación de financia-mientos anónimos, mientras que, por el contrario,
la lucha contra la pobreza tiene necesidad de hombres y
mujeres que vivan con profundidad la fraternidad, que sepan acompañar
a las personas, familias y comunidades en itinerarios de auténtico
desarrollo humano. Es imposible ayudar a los pobres si se
les ve sólo como parte de un balance de costos
y beneficios, como números, y al final de cuentas como
problemas. Para ayudar realmente a los pobres es necesario conocerlos,
y amarlos, porque de esta manera ellos se sienten personas
dignas de respeto, sujetos y no objetos. Si por el
contrario el pobre no se siente estimado, no sólo no
sale de la pobreza, sino que tiende a aprovecharse de
quien quiere "ayudarlo".
Los nn. 14 y 15 constituyen la parte
conclusiva del Mensaje de Benedicto XVI. En el mundo global
es cada vez más evidente que la paz se construye
si crecen todos: las distorsiones de sistemas injustos, antes o
después, pasan la cuenta a todos. Con una afirmación muy
eficaz, el Santo Padre afirma que «únicamente la necedad puede
inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto
o la degradación». La globalización por sí sola es incapaz
de construir la paz; más aún, en muchos casos produce
divisiones y conflictos. La globalización revela más bien una necesidad:
la de ser orientada hacia un objetivo plenamente humano de
profunda solidaridad para el bien de todos y de cada
uno.
En este contexto se coloca la aportación de prudencia y
sabiduría que nos llega de la doctrina social de la
Iglesia. El Mensaje subraya que los principios de la doctrina
social clarifican los vínculos entre pobreza y globalización y orientan
la acción hacia la construcción de la paz. Entre ellos
es el caso de recordar de manera particular el «amor
preferencial por los pobres» , entendido como primacía de la
caridad a imitación de Cristo, testimoniado por toda la tradición
cristiana, comenzando por el testimonio de la Iglesia primitiva (cf.
Act 4,32-36; 1Cor 16,1; 2Cor 8-9; Gal 2,10). Lo que
resulta particularmente interesante es la originalidad del acercamiento a la
globalización establecido por la doctrina social: ella capta el alargamiento
de la cuestión social a la globalidad, no sólo como
una extensión cuantitativa, sino más bien como una urgencia de
profundización cualitativa sobre el hombre y sobre las necesidades de
la familia humana. Por esto, la Iglesia está interesada en
los actuales fenómenos de globalización y en su incidencia sobre
las pobrezas humanas e indica los aspectos nuevos, no sólo
en extensión, sino también en profundidad, de la actual cuestión
social, que es la cuestión del hombre y la cuestión
de su relación con Dios. En esta perspectiva, el Santo
Padre invita a la comunidad católica a no dejar de
ofrecer su apoyo. Y, haciéndome eco de esta invitación, deseo
animar a todos los integrantes de Manos Unidas a seguir
esforzándose, cada vez con mayor pasión, por testimoniar la caridad
de Cristo con acciones inspiradas en el Evangelio e iluminadas
por los principios de la doctrina social de la Iglesia.
Sé que en ocasiones lo que hacen les puede parecer
tan poco, o como decía Madre Teresa, «menos que una
gota en el océano. Pero si la gota le faltase,
el océano carecería de algo». Por eso hoy, como hace
50 años, Manos Unidas no debe dejar de aportar su
"gota", que unida a tantas otras "gotas" hará crecer ese
océano inmenso de caridad, capaz de hacer que los desiertos
de la pobreza, del hambre y de la sed, del
abandono, de la soledad, del amor quebrantado, y sobre todo
de la oscuridad de Dios , se conviertan en vergeles
donde vuelva a florecer la vida.
Muchas gracias. Cardenal Renato Raffaele Martino Presidente
del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» y del Pontifico Consejo para
la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR