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Autor: Catecismo de la Iglesia Católica | Fuente: Tercera parte: La vida en Cristo III Responsabilidad y participación
La participación es el compromiso voluntario y generoso de la persona en los intercambios sociales. Es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común.
III Responsabilidad y participación
Capítulo 31223: Tercera parte: La vida en Cristo
III
Responsabilidad y participación 1913 La participación es el compromiso voluntario
y generoso de la persona en los intercambios sociales. Es
necesario que todos participen, cada uno según el lugar que
ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien
común. Este deber es inherente a la dignidad de la
persona humana.
1914 La participación se realiza ante todo con
la dedicación a las tareas cuya responsabilidad personal se asume:
por la atención prestada a la educación de su familia,
por la responsabilidad en su trabajo, el hombre participa en
el bien de los demás y de la sociedad (cf
CA 43).
1915 Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar
parte activa en la vida pública . Las modalidades de
esta participación pueden variar de un país a otro o
de una cultura a otra. ‘Es de alabar la conducta
de las naciones en las que la mayor parte posible
de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida
pública’ (GS 31, 3).
1916 La participación de todos en
la promoción del bien común implica, como todo deber ético,
una conversión, renovada sin cesar, de los miembros de la
sociedad. El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos
escapan a la obligación de la ley y a las
prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles
con las exigencias de la justicia. Es preciso ocuparse del
desarrollo de instituciones que mejoran las condiciones de la vida
humana (cf GS 30, 1).
1917 Corresponde a los que
ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en
los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al
servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación
y la cultura. ‘Podemos pensar, con razón, que la suerte
futura de la humanidad está en manos de aquellos que
sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para
vivir y para esperar’ (GS 31, 3).
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