Publicamos la nota de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española, con motivo de la Jornada por la vida (25 de marzo de 2008), con el título «La vida es siempre un bien».
La vida, siempre un bien
MADRID, Marzo 2008
Frente al mal, está el bien; frente a
la muerte, la vida (Sir 33,14)
1. Promover una cultura
de la vida
Coincidiendo con la solemnidad de la Encarnación del
Señor, que este año se celebra el 31 de marzo,
la Iglesia en España celebra la VII Jornada por la
Vida, que es una invitación a la oración y a
proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su
comienzo en la fecundación hasta su fin natural. De esta
oración debe brotar un compromiso decidido para vencer al mal
a fuerza de bien, a la «cultura de la muerte»
promoviendo una cultura que acoja y promueva la vida.
El
misterio de la Encarnación del Señor nos invita a considerar
la grandeza y dignidad de la vida humana. Como nosotros,
el Hijo de Dios comenzó su vida humana en el
seno de su Madre. Por eso, este misterio nos recuerda
que desde el momento de la concepción, la vida humana
tiene un valor sagrado que todos debemos reconocer, respetar y
promover: «la vida del hombre es don de Dios, que
todos están llamados a custodiar siempre»[1].
Los obispos sentimos el deber
de promover en la Iglesia y en la sociedad el
valor de la vida humana, alentando todas las iniciativas que
promueven la familia y la vida como, por ejemplo, la
moratoria internacional sobre el aborto.
2. «Nunca se puede legitimar la
muerte de un inocente»
Hace poco, la sociedad española se ha
sentido conmovida por ciertas prácticas abortivas y la crueldad de
los medios utilizados para ocultarlas. Esta realidad, que los obispos
venimos denunciando desde hace años[2], ha suscitado de nuevo el
debate sobre el aborto en nuestra sociedad.
Como ya dijimos[3],
aun considerando como un gran avance el cese de la
práctica ilegal del aborto, la acción genuinamente moral y humana
sería la abolición de la «ley del aborto», que es
una ley injusta[4]. Juan Pablo II nos dijo en Madrid
en 1982: «Quien negara la defensa a la persona humana
más inocente y débil, a la persona humana ya concebida
aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden
moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente.
Se minaría el mismo fundamento de la sociedad»[5].
Invitamos a
los fieles a que eleven su oración al Señor para
que ilumine la conciencia de nuestros conciudadanos, especialmente la de
los políticos. Que el Dios de la vida les ayude
a comprender y remediar el enorme drama humano que el
aborto supone para el niño en el seno de su
madre, para la propia madre, y para la sociedad entera.
La ley del aborto debe ser abolida, al tiempo que
hay que apoyar eficazmente a la mujer, especialmente con motivo
de su maternidad, creando una nueva cultura donde las familias
acojan y promuevan la vida. Una alternativa importante es la
adopción. Miles de esposos tienen que acudir a largos y
gravosos procesos de adopción mientras en España más de cien
mil niños murieron por el aborto durante el año 2006.
3. La conciencia del católico ante la vida humana
Nos
dirigimos ahora a los católicos para recordarles sus obligaciones morales
y de conciencia. Ningún católico, ni en el ámbito privado
ni público, puede admitir en ningún caso prácticas como el
aborto, la eutanasia o la producción, congelación y manipulación de
embriones humanos, La vida humana es un valor sagrado, que
todos debemos respetar y que las leyes deben proteger.
No
puede sostenerse que el aborto es inadmisible para un católico
pero que esto no obliga al que no lo es.
Al contrario, «el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para
afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho
a la vida. Sabe que en eso puede contar con
motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y
que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas
de recta conciencia»[6].
Por eso, si algún católico albergara dudas sobre
este tema, debería acudir a la oración para pedir la
luz del Espíritu Santo. También podrá informarse de las razones
por las que la Iglesia sostiene, siempre con argumentos teológicos,
filosóficos y científicos sólidos, el valor y la dignidad de
la vida personal desde la fecundación hasta la muerte natural.
4.
Dios ama también la vida enferma y débil
La vida es
una realidad maravillosa que no deja de sorprendernos. Cuantos más
datos nos proporciona la ciencia, mejor podemos comprender que la
vida del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios,
es un misterio que desborda el ámbito de lo puramente
bioquímico.
En su constante progreso, la ciencia afirma cada vez
con más fuerza que desde la fecundación tenemos una nueva
vida humana, original e irrepetible, con una historia y un
destino únicos. Una vida que tiene que ser acogida, respetada
y amada: «es compromiso de todos acoger la vida humana
como don que se debe respetar, tutelar y promover, mucho
más cuando es frágil y necesita atención y cuidados, sea
antes del nacimiento, sea en su fase terminal»[7].
Pedimos al Señor
que en esta Jornada, contemplando el misterio de su encarnación,
sepamos acoger como la Virgen María el don de la
vida, y aprendamos de la madre del amor hermoso a
defender y promover la vida en todos sus momentos, proclamando
que «frente a la muerte está la vida» (Sir 33,14).
Madrid, 8 de marzo de 2008
Los Obispos de la
Subcomisión Episcopal de Familia y Vida
Mons. Julián Barrio Barrio,
Presidente
de la CEAS
Mons. Juan Antonio Reig Pla, Presidente de la Subcomisión
para la Familia y Defensa de la Vida
Mons. Francisco Gil
Hellín
Mons. Vicente Juan Segura
Mons. Manuel Sánchez Monge
Notas
[1] Benedicto XVI,
Discurso a los participantes en la XXII Conferencia Internacional del
Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 17-XI-2007.
[2] Como
ejemplo remitimos nuestras notas para la Jornada de la Vida:
«La vida humana, don precioso de Dios» (2005); «Amar y
promover la vida» (2006); «Por una cultura de la vida»
(2007).
[3] cf. Por una cultura de la vida. Nota
de los Obispos de la Subcomisión de Familia y Vida,
2007.
[4] Nos referimos a la Ley Orgánica 9/1985 que despenaliza
el aborto en ciertos supuestos (artículo 417bis del código penal).
[5] Juan Pablo II, Homilía en la Misa de las
Familias, Madrid, 2-XI-1982.
[6] Benedicto XVI, Discurso a los participantes
en la asamblea general de la Academia Pontificia para la
Vida, 20-III-2007
[7] Benedicto XVI, Angelus 3-II-2008.
Para recibir las noticias
de Zenit por correo electrónico puede suscribirse aquí
Zenit.org, 2004. Todos los derechos reservados. Para conocer
las condiciones de uso, puede visitar el sitio
zenit o con-tactar a infospanish@zenit.org
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR