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Autor: apostoloteca | Fuente: apostoloteca Oportunidades y desafíos de la cultura moderna
Reflexionar sobre la tendencia de nuestra cultura para que, aprovechando sus ventajas y afrontando sus desafíos, logremos consolidar los valores humanos y cristianos de nuestras comunidades.
Oportunidades y desafíos de la cultura moderna
Hoy quiero invitarlos a reflexionar acerca de las tendencias
de nuestra cultura para que, aprovechando
sus
ventajas y afrontando sus desafíos, logremos consolidar
los valores humanos y cristianos en nuestra sociedad.
Veamos nuestra realidad: ¿Cuáles
son los más grandes valores que tiene
la sociedad? ¿Qué valores hemos perdido? ¿Qué nuevos valores están
apareciendo?
«Con la palabra “cultura” se indica el modo particular
como, en un pueblo, los hombres cultivan
su relación con la
naturaleza, entre sí
mismos y con Dios...» (DP 386).
«Nace la cultura con
el mandato inicial de Dios a los seres
humanos: crecer y multiplicarse, llenar la tierra y someterla
(cfr.
Gn 1, 28-30).
En esa forma
la cultura es cultivo y expresión
de
todo lo humano en relación amorosa con la naturaleza y
en
la dimensión comunitaria de los pueblos»
(SD 228b). ¿La cultura “tiende” hacia algún lugar ?
“Tendencia” procede
de “tender”, y éste
del latín tendere,
tender, desplegar.
Cuando hablamos de tendencia, nos referimos a la
propensión
o inclinación de los hombres y
de las cosas hacia determinados
fines.
Los
grandes cambios tardan en formarse y no sabemos con seguridad
hacia dónde nos van a conducir.
En
las “tendencias” de la cultura moderna, debemos aprovechar las
oportunidades que nos ofrece y los desafíos que
nos impone.
Oportunidades El mundo se torna y se experimenta cada
vez más interconectado.
Lo que sucede en
una localidad está afectado por sucesos que
ocurren más lejos y viceversa. Esta intercomunicación,
si sabemos aprovecharla, podría hacernos más solidarios.
La cultura tiende
a ser universal. Su idioma es el inglés y
su concepción del mundo es la norteamericana. Sin
embargo,
no desplaza o destruye otras lenguas
y culturas, sino que las usa
como
medio para mantener unos patrones culturales universales. Si
los cristianos aprovechamos esta universalidad de la cultura, podríamos
hacer de los valores evangélicos los nuevos
patrones culturales.
La cultura ya no necesita un territorio. Muchas
culturas tradicionales
sobrevivieron porque estaban lejos de
la “civilización”
y confinadas en una reservación
geográfica. Hoy, las
formas de interacción ya
no están confinadas a un espacio
y
un tiempo reducido, puesto que las nuevas formas de comunicación
superan todo espacio geográfico, permitiendo entrar en
relación
con el resto del mundo.
¿Cómo
no aprovechar esta situación
para “interactuar” con
los valores evangélicos?
La cultura es una industria más que
vive de su mercado. Las
nuevas formas
simbólicas y los estilos de vida, viven en una
competencia implacable por conquistar consumidores; son transados,
vendidos y adquiridos en “mercados” altamente competitivos.
¿La “industria” del Evangelio no ofrecerá
un estilo de vida lo suficientemente fuerte para conquistar
consumidores?
Las culturas locales adquieren un nuevo valor. Paradójicamente
en muchas personas crece el interés por estudiar
y preservar
las culturas locales. Las creaciones
artísticas inspiradas
en lo local están en
auge (teatro, literatura, música,
etc.). Esto no
contradice la globalización, sino que constituye
una
reacción que coexiste con ella como una manera de defender
lo que se siente amenazado. ¿Nuestros valores
comunitarios
todavía están a salvo?
Desafíos Lo que
se “anuncia” no está al alcance de todos los
que lo desean. Esto crea frustración principalmente en
los
jóvenes. Los grandes ideales sociales han
sido cambiados por
la fantasía del consumo
de los bienes materiales. Los proyectos
sociales
no encuentran eco frente al individualismo apático
que no asume los problemas de los demás. La llamada
cultura
cristiana aparece cada vez más como
una frase sin contenido
o una nostalgia
estéril, en la medida en que los valores cristianos
no acaban de inculturarse y hacerse realidad. ¿Qué
tiene
que hacer el Evangelio ante un
mundo frustrado en sus aspiraciones
más profundas?
Las instituciones tradicionales entran en crisis. El impacto, a veces
negativo, de esta cultura que pretende ser
universal, ha cambiado
la forma de relacionarse
con la naturaleza, con los hombres y las
mujeres y con Dios mismo. Así entran en crisis
los comportamientos
que, tradicionalmente, estaban legitimados por
instituciones como
la familia, los partidos políticos,
la escuela, la Iglesia,
etc. ¿Qué tiene
que hacer un cristiano ante una cultura
indiferente a los valores religiosos?
Estos cambios han sido posibles
gracias a los medios de comunicación
social.
La radio, la televisión, el video, la telemática,
han contribuido a la aceleración de los procesos de
secularización
de la cultura. ¿Cómo garantizar una
presencia efectiva
del tema religioso en estos
medios?
«La cultura se va formando y se transforma en
base a la continua
experiencia histórica y
vital de los pueblos; se transmite
a
través del proceso de tradición generacional»
(DP
392).
¿Qué haremos para transmitir fielmente los valores
de nuestra comunidad a las generaciones más jóvenes?
«Es
mejor evangelizar las nuevas formas culturales en su mismo
nacimiento y no cuando ya están crecidas y
estabilizadas»
(DP 393).
¿Qué nuevos estilos de
vida se están poniendo
de “moda” en
nuestra Comunidad? ¿Ya los estamos evangelizando?
«Estar siempre abiertos al
diálogo con quienes guían
sus vidas por
caminos diferentes de la ética cristiana. Comprometerse
efectivamente en la consecución de la justicia y la paz
de
nuestros pueblos» (SD 242b).
¿Podríamos organizar
algún encuentro con
quienes, por su mismo
ambiente de trabajo, no necesariamente se guían
por los principios cristianos (políticos, economistas, maestros,
etc.)? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde?
¿Con quienes?
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