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Autor: Cardenal Alfonso López Trujillo | Fuente: ACI Declaración del Pontificio Consejo para la Familia sobre la reducción embrional
La selección embrional, al comportar la eliminación voluntaria de una vida humana, no puede justificarse
Declaración del Pontificio Consejo para la Familia sobre la reducción embrional
El Pontificio Consejo para la Familia, habiendo sido invitado a
expresar su posición sobre la llamada ´reducción embrional´, tras haber
consultado con la Congregación para la Doctrina de la Fe,
ha publicado hoy una declaración.
En la actualidad son menos
raros los casos de embarazo múltiple, es decir cuando varios
embriones comparten el seno materno. Estos casos tienen lugar habitualmente
a causa de estimulación de los ovarios en caso de
infertilidad, o por recurso a la fecundación artificial, sobre la
que el Magisterio se ha pronunciado ya (Cong. Doc. De
la Fe, Istr. Donum vitae, II). Resulta un deber, antes
que nada, tomar conciencia de las difíciles, e incluso dramáticas
situaciones que tales técnicas pueden originar. No se puede, por
lo tanto, no apelar a la responsabilidad de aquellos médicos
que practicando la hiperestimulación sin la pericia y prudencia necesarias,
o bien aplicando las técnicas de fecundación artificial, provocan situaciones
que pueden poner en peligro la vida de la madre
y de los hijos concebidos.
Respecto a los embarazos múltiples, algunos
afirman que no pueden llegar todos a término, tanto por
la muerte espontánea de los embriones en el útero, como
por el nacimiento prematuro de fetos sin esperanza de vida.
Se agrega, además, que si todos los nonatos llegasen al
parto, la dificultad obstétrica (y el peligro consiguiente para la
madre) sería más grande. Sobre esta base se llega a
la conclusión de que sería justificada la selección y eliminación
de algunos embriones para salvar a los otros o al
menos a uno. Por este motivo se emplea una técnica
llamada ´reducción embrional´.
A este propósito es necesario notar cuanto sigue:
ya que cada embrión debe considerarse y tratarse como una
persona humana en respeto de su dignidad eminente (Cong. Doc.
De la Fe, Istr. Donum vitae, I, 1) , se
reconocen al nonato desde el primer momento de su concepción
los derechos fundamentales y, en primer lugar, el derecho a
la vida que no puede por tanto ser violado de
ninguna manera.
Más allá de cualquier confusión y ambigüedad, se
debe afirmar por lo tanto que la ´reducción embrional´ constituye
un aborto selectivo: consiste de hecho en la eliminación directa
y voluntaria de un ser humano inocente (Juan Pablo II,
Enc. Evangelium vitae, 57). Por tanto, sea cuando se quiere
como fin que cuando se emplea como medio, constituye un
desorden moral grave. (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, 62).
Tratándose de la verdad, accesible a la sola razón, la
ilicitud de tal comportamiento constituye una norma válida para todos,
también para los que no son creyentes (Juan Pablo II,
Enc. Evangelium vitae, 101). La prohibición moral permanece incluso en
caso que proseguir el embarazo llevase aparejado un riesgo para
la vida o la salud de la madre y de
los otros hermanos gemelos. No es lícito, en efecto, hacer
el mal ni siquiera en vistas a la consecución de
un bien. (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, 58).
La
vida del hombre proviene de Dios, es siempre un don
suyo, participación de su aliento vital (Juan Pablo II, Enc.
Evangelium vitae, 39).
La selección embrional, al comportar la eliminación voluntaria
de una vida humana, no puede justificarse ni en base
al principio del llamado mal menor ni en base al
del doble efecto: ni el uno ni el otro, de
hecho, pueden aplicarse a este caso. No resulta, en efecto,
minusvalorada la posibilidad que la técnica de selección embrional camine
hacia una mentalidad eugenésica, y al impulso de ésta, mediante
las técnicas de diagnóstico prenatal, se llegue a medir el
valor de una vida humana solamente según parámetros de normalidad
y "bienestar físico" (Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, 63),
a la luz de un concepto reductivo de "calidad de
la vida".
Que el Señor de la Vida acompañe a los
padres en el cumplimiento de su altísimo encargo y los
sostenga en el compromiso de respetar el derecho a la
existencia del no nacido. Él guíe a aquellos que están
al servicio de la vida para que hagan todo lo
posible para salvar a la madre y a los niños.
Felizmente, gracias a los importantes avances científicos llevados a cabo
en estos años, no son pocos los casos en los
que embarazos múltiples han sido conducidos a feliz término. Sigue
siendo cierto que, si forma parte de la limitación humana
deber asistir a veces impotentes a la muerte prematura de
criaturas inocentes, no podrá nunca ser moralmente lícito provocar la
muerte voluntariamente.
Vaticano, 12 de julio del 2000,
Cardenal Alfonso López Trujillo,
Presidente S.E. Mons. Francisco Gil Hellín, Secretario
Texto traducido por ACI Digital
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