La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: . | Fuente: VIS Una esperanza sólida para afrontar las dificultades
Se presentó en la oficina de la Santa Sede
la Encíclica de Benedicto XVI: "Spe salvi"
Una esperanza sólida para afrontar las dificultades
CIUDAD DEL VATICANO, 30 NOV 2007
Los cardenales Georges Marie
Martin Cottier, O.P., Pro-Teólogo emérito de la Casa Pontificia y
Albert Vanhoye, S.I., profesor emérito de Exégesis del Nuevo Testamento
del Pontificio Instituto Bíblico, presentaron esta mañana en la Oficina
de Prensa de la Santa Sede la Encíclica de Benedicto
XVI: "Spe salvi", sobre la esperanza cristiana.
El cardenal Cottier afirmó
que "la esperanza cristiana ha sido objeto de una crítica
cada vez más dura: sería puro individualismo; abandonando el mundo
a su miseria, el cristiano se habría refugiado en una
salvación eterna solo privada".
Existe una pregunta, continuó, "que no se
puede eludir: ¿cómo puede haber nacido la idea de que,
con el cristianismo, la búsqueda de la salvación fuese una
búsqueda egoísta que rechaza el servicio de los demás".
Nuevos problemas
"tienen una incidencia determinante para la crisis moderna de la
fe y de la esperanza cristianas. De este modo, emerge
una nueva forma de esperanza que se llama fe en
el progreso, orientada hacia un mundo nuevo, el mundo del
reino del ser humano".
El purpurado señaló que "la fe en
el progreso como tal se ha convertido en la convicción
dominante de la modernidad. Existen dos categorías que ocupan el
centro de la idea del progreso: la razón y la
libertad". Así, subrayó que "la razón es considerada un poder
del bien y para el bien; y el progreso se
orienta hacia la libertad perfecta, una vez despojado de todas
las dependencias. En esta perspectiva, la libertad se presenta como
promesa de plenitud de la realización del ser humano".
Tras poner
de relieve "la crisis de la esperanza cristiana en la
cultura moderna y su sustitución por la fe en el
progreso", el cardenal Cottier afirmó que "suena de nuevo con
insistencia la pregunta: "¿Qué podemos esperar? Los números 22-23 del
documento -dijo- tienen una importancia decisiva en este contexto. Nos
dicen el motivo esencial de la encíclica desde el punto
de vista tanto pastoral como cultural".
Por su parte, el cardenal
Vanhoye afirmó que la encíclica, en su introducción, "muestra la
importancia decisiva de la esperanza, que se pondrá de relieve
en otras ocasiones. Para poder afrontar el presente con todos
sus problemas y sus dificultades, tenemos necesidad de una esperanza
realmente válida y sólida".
Refiriéndose al tema de la vida eterna
(números 10-12), "el Santo Padre -continuó el purpurado- expresa con
vivo realismo la mentalidad actual de muchas personas. La vida
eterna es el objeto de la esperanza. Pero a muchas
personas, hoy, "la vida eterna no les parece algo deseable.
No quieren la vida eterna, sino la presente. (...) Se
querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre,
sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido
y al final insoportable".
El cardenal Vanhoye dijo que la segunda
parte de la encíclica describe "los lugares de aprendizaje y
del ejercicio de la esperanza" y concierne, por tanto, y
en modo concreto, a la vida cristiana. Se distinguen tres
"lugares": I. La oración como escuela de la esperanza; II.
El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de
la esperanza; III. El Juicio como lugar de aprendizaje y
ejercicio de la esperanza".
La encíclica presenta "el Juicio Final de
Dios como lugar de aprendizaje y de ejercicio de la
esperanza en un sentido evidentemente distinto de los lugares precedentes,
porque el Juicio final no es una realidad presente como
son las oraciones y los sufrimientos. El Juicio final suscita,
sin embargo, la esperanza, porque eliminará el mal. Aquí la
encíclica ofrece -concluyó- reflexiones profundas sobre el terrible problema del
mal y de la justicia".
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR