Autor: Sandra T. Brandi de Portorrico | Fuente: Sociedad Tomista Argentina Conciencia recta y Conciencia verdadera
La palabra “conciencia”, viene del latín conscientia: de “cum”, con, y “scire”, saber. Es decir, etimológicamente, significa “saber con”
Conciencia recta y Conciencia verdadera
Sandra T. Brandi de Portorrico
Es Abogada y Doctora en
Ciencias Jurídicas. Se dedica al ejercicio de la profesión de
abogado y a la docencia secundaria hace 25 años. Es
profesora adjunta a cargo de cátedra de “Introducción al Derecho”(Facultad
de Derecho, UCA). Ha publicado diversos artículos vinculados al Derecho
Civil y Comercial. También es adscripta en “Relaciones individuales del
Trabajo” (CPO), Cátedra de la dra. Estela M. Ferreirós en
la UBA. Desde hace nueve años se ha dedicado al
estudio de la Filosofía del Derecho y ha escrito y
publicado diversos artículos sobre temas de Filosofía Práctica, recibiendo en
noviembre del año 2000 el Premio Mención de Honor Prof.
Dr. Abel Canónico en el marco del VI Congreso Latinoamericano
de Cancerología de la GETLAC, por su trabajo Encrucijadas Éticas
y Jurídicas en el Ejercicio de la Oncología: el caso
de los desahuciados doloridos. Su tesis Doctoral (Aprobada con 10
“Sobresaliente”) es la base de su Libro Sobre la Prudencia
Jurídica, de inminente publicación. Correo electrónico:sabrandi@hotmail.com
Conciencia recta y Conciencia verdadera
La
estructura del acto humano atraviesa por doce pasos o movimientos
del intelecto y de la voluntad que van tomando parte
del acto en sí mismo. Y dentro del acto humano
la conciencia moral tiene su papel. Nos proponemos indagar si
habría una diferencia entre conciencia recta y verdadera.
La estructura del
acto humano atraviesa por doce pasos o movimientos del intelecto
y de la voluntad que van tomando parte del acto
en sí mismo. La voluntad sigue al intelecto y por eso
es que a cada acto del intelecto le corresponde un
acto en la voluntad alternativamente hasta que, luego del último juicio
práctico se da el acto libre, poniéndose en marcha el mecanismo
de los actos “imperados” Y estos actos pueden ser ejecutados
por diversas facultades, movidos por la propia voluntad (1). Y,
dentro del acto humano, la conciencia moral tiene su papel.
El
tratamiento completo y metódico de este tema de la conciencia
moral lo trata Tomás de Aquino en De Veritate q.
17 que es la cuestión referida a la conciencia, si
bien, como veremos, lo trata, sobre cuestiones específicas en otras
obras.
La palabra “conciencia”, viene del latín conscientia: de “cum”, con,
y “scire”, saber. Es decir, etimológicamente, significa “saber con”. Ahora bien,
significa, en una primera aproximación, que el hombre “sabe”, en el
sentido de que puede dar razones de sus conclusiones, y así,
la ciencia moral es un “saber” aplicable a la valoración
de las praxis humana.
En este sentido, Santo Tomás hace notar
que “conciencia” deriva del verbo conscire , vinculado, como ya vimos
a un saber, pero aclara que es un saber compartido,
concomitante, ordenado a otro (acto), “ ciencia con otro” (2). Por
otra parte, sabemos por experiencia que todos los hombres juzgan
sus actos propios, valorando si su conducta es buena o
mala “aquí y ahora”. La conciencia moral es una realidad
de experiencia: todos los hombres juzgan al actuar si lo
que hacen está bien o mal.
Hechas estas consideraciones de carácter
general y buscando la definición del término “conciencia”, analizando
los textos del Doctor Común, tenemos una serie de elementos
a considerar:
En De Veritate, q. 17, en el a.1, aclara
que esta ciencia concomitante es también comparativa o actualizada (3).
En el
Segundo Libro de las Sentencias, ya citado, aclara que la
conciencia, es “consideración actual de la razón”(4). En la Suma Teológica dice
que la conciencia, en la acepción genuina de la palabra, indica
la relación de un conocimiento con algo (5). También en las
Sentencias: “... aplicación de todo conocimiento o ciencia a los actos
particulares”(6).
Por ello, podemos concluir que la conciencia moral es el
conocimiento intelectual de nuestros propios actos; es un conocimiento ordenado
a otros, comparativo y de aplicación de la ciencia a
las obras propias, es decir, un conocimiento actual. Dicho de
otro modo, se aplica un conocimiento a un acto humano
particular, que termina en el obrar concreto, “aquí y ahora”.
1.
Naturaleza de la conciencia moral
En la Suma Teológica Tomás afirma
que “la conciencia moral, propiamente hablando, no es una potencia,
sino un acto”(7,) pues”la conciencia... no es otra cosa que
la aplicación de la ciencia a un acto concreto, y esta
ciencia se halla en la razón”(8). Asimismo, no es un hábito,
con aplicación de la ciencia a los casos contingentes y
concretos (9).
Precisamente, en este acto de la conciencia moral, se
aplican los principios universales de la sindéresis, el cual, en
su principio máximo, propone que se “debe hacer el bien
y evitar el mal”.
En efecto, es evidente que todos los
hombres, a través de la inteligencia, conocen los primeros principios
del actuar (primeros principios de la razón práctico-moral) que mencionáramos
más arriba. A la luz de estos principios, cuyo enunciado
prescriptivo es la ley natural, la conciencia moral, juzgará cada
acto concreto, evidentemente los actos voluntarios. En síntesis: el acto
propio de la conciencia será un juicio en el cual
los principios primarios y/o secundarios derivados de ellos, se aplican
a las acciones concretas.
Dicho de otro modo, el juicio de
conciencia moral le permitirá al hombre, al estimar la bondad o
maldad de su acto, aplicar la syndéresis a cada acto
particular. Por todo esto podemos decir que la conciencia incide en
el juicio práctico último de la moralidad de un acto.
A este
respecto se hace necesario aclarar que el juicio de la
conciencia moral es especulativo, judicativo, declarativo, valorativo y no se
inmiscuye en forma directa en la acción concreta a realizar.
En, cambio el juicio de elección o de libre albedrío
es el juicio que, precediendo a la elección, refiere a
los afectos. Lo que tienen en común el juicio de
conciencia y el juicio de elección es que se refieren
al acto concreto.
El juicio de elección es el último juicio
práctico (iudicium discretivum), es el paso decisivo hacia el obrar y
tiene el peso de la voluntad e, incluso, tiene la
posibilidad de ignorar el juicio de la conciencia y actuar contra
él(10).
Tanto la conciencia como el juicio de elección son la
conclusión particular de obrar o no obrar. Pero, mientras la conciencia
es sólo una conclusión cognitiva; el juicio de elección es una
conclusión determinante (imperium). En cuanto a la sindéresis, hábito de los
primeros principios de la razón prácticomoral, es un hábito infalible, pero
el juicio de la conciencia moral es un acto y
por tanto puede ser errónea. Ahora bien, la sindéresis colabora con
el acto de conciencia y lo acompaña. Es por esto que
Santo Tomás dice que el nombre “conciencia”, en sentido amplio, se
aplica, a veces, al hábito de la sindéresis.
El acto de
la conciencia moral requiere del saber prudencial, con su aporte
de experiencia personal, memoria y la acción de la cogitativa. La
aplicación del saber prudencial se encuentra siempre, en forma expresa
o tácita, en la conclusión de un silogismo. En este silogismo,
la sindéresis ocupa el lugar de la premisa mayor, la ciencia
moral la menor y el juicio práctico la conclusión. Por
ejemplo: Se debe hacer el bien y evitar el mal; mentir
es malo, por lo tanto no debo mentir a mis colegas11.
Entre la deliberación y el consentimiento, está el acto de
conciencia, el cual puede ser o no convalidado por el
juicio práctico.
La conciencia moral es a la vez un testigo,
un mensajero de Dios y un juez y, por lo tanto,
se dice que ella da testimonio, que estimula, que incita
a actuar. Primeramente, da testimonio del bien y del mal que
se ha hecho. En segundo lugar, indica lo que se
debe hacer o no hacer, y así empuja al bien y
aparta del mal. En fin, alaba o vitupera, según que se
haga el bien o el mal, y por el remordimiento
nos incita a la penitencia.
Así es que la conciencia moral
tiene tres atributos: el testimonio, el juicio y la defensa/acusación (12).
La conciencia es un acto (13). Con este acto, como
ya dijimos se aplica el principio universal de la sindéresis a
la acción particular.
2. División de la conciencia moral (14).
Buscando la
mejor comprensión de los estados de la conciencia que pueden
presentarse, los teólogos han establecido algunas divisiones que analizaremos en
lo que a nuestro objetivo se refiere.
a) Por razón de
la valoración de la acción puede ser verdadera o errónea. b)
Por la razón del modo de juzgar puede ser recta
o falsa. La falsa a su vez puede ser relajada o
estrecha o escrupulosa o perpleja. c) Por razón de la firmeza
del juicio 15 puede ser cierta o dudosa. d) Por razón
del momento puede ser antecedente o concomitante o consiguiente.
3. Conciencia
verdadera
La conciencia obliga aún la errónea, en caso contrario
se querría el mal (voluntad desordenada)(16).
En la división que enunciara
en el punto anterior, vemos que habría una diferencia entre conciencia
recta y verdadera.
Como es bien sabido, la verdad es la
“adecuación” del entendimiento a la realidad de las cosas. Cuando esa
adecuación falta, se produce el error. Así la conciencia verdadera sería
cuando basa su conclusión en principios morales y hace un
razonamiento en conformidad con ésta. En el caso del orden
práctico habría verdad práctica, es decir moral, cuando se da
“adecuación” entre el juicio práctico y la voluntad recta (o
buena). Se producirá así un “círculo virtuoso”, pues cuanto más
se logre esa “adecuación” más recta será la voluntad, y
en cuanto más recta habrá verdad en el juicio práctico.
Pero,
aunque la ciencia siempre es propia de las cosas verdaderas,
sin embargo, aquello que alguien “estime que sabe como verdadero”
puede que no lo sea realmente, por eso no necesariamente
siempre la conciencia es verdadera.
En otros términos, si nuestro criterio
de ordenación, es en razón a la valoración de la acción
a la luz de los principios morales, actuaría con conciencia
verdadera, es decir juzgaría de acuerdo a los principios morales. Por
ejemplo, cuando alguien dice: “ya que no vi el accidente, no
debo comparecer como testigo”; “Si mi padre está enfermo, debo cuidarlo
de todas las maneras que me sea posible”.
Es necesario, pues,
que el hombre se vaya haciendo capaz de emitir juicios
morales verdaderos, es decir, ha de formar una conciencia verdadera y
para esto deberá ir practicando la virtud de la prudencia. Como
dice Aristóteles en su misma definición de virtud (mutatis mutandi), para
obtener la virtud hay que actuar “como si fuera prudente”. Pero
ya podemos ir viendo que la conciencia verdadera se ha
de completar con la conciencia recta, sin dejar de olvidar la
primera regla de la conciencia “la conciencia siempre obliga”.(17)
4. Conciencia recta
La conciencia no siempre excusa, salvo que se suprima el
voluntario por ignorancia o error invencible (18).
En cambio, la conciencia
sería recta si el criterio de división es en razón
del modo de juzgar el acto, es decir cuando juzga el
acto en cuanto a la bondad o malicia del mismo con
fundamento y prudencia. Por esta razón la conciencia es falsa
cuando se ha evaluado el acto con superficialidad y carente de
razonamiento bien fundamentado.
Si el agente ha seguido las reglas de
la prudencia, tiene una conciencia recta, pues “sabe” (o cree saber)
que su acción es lícita, pues quiere hacer una buena
acción. Lo exigible al hombre es que obre luego de juzgar
prudentemente si su acción es o no buena. Esto es, con
conciencia recta. Además, la voluntad no es mala sino cuando
quiere el mal; pero el que tiene una conciencia segura de
la bondad de su acto, excluirá el mal de su intención,
aún cuando su acción fuese, a su pesar, materialmente mala.
Un
claro ejemplo de lo dicho, sería el caso de un
niño que ha tomado la primera comunión y, carente de
formación completa y adecuada (es decir, sin distinguir pecado venial
de mortal), luego de pensarlo detenidamente, llega a la conclusión
que no puede comulgar sin confesarse antes. En este caso,
por ahora su juicio es erróneo.
Por otra parte, es claro
que no puede darse conciencia recta en la conciencia venciblemente
errónea (19), pues faltó ponderación de todos los factores morales
en juego, que es uno de los constitutivos del juicio
recto, caso en el cual hablaríamos de un comportamiento arriesgado
o negligente.
En síntesis, creo firmemente que no debe confundirse la
conciencia recta con la verdadera. Un sujeto actúa con conciencia recta
cuando ha puesto empeño en actuar, independientemente de que acierte (conciencia
verdadera) o se equivoque (conciencia errónea)(20). Se puede juzgar con rectitud
aunque inculpablemente se esté en el error. Es decir, es compatible
un juicio recto hecho con ponderación, estudio, etc. con el
error invencible. Nótese que esta consideración de la conciencia coincide con
aquélla sobre la ignorancia vencible o invencible, pues la conciencia, al
fin y al cabo, es un acto de la inteligencia, la
cual puede estar afectada por el obstáculo de la ignorancia.
De
todos modos, como veremos más adelante se complementan conciencia recta
y verdadera. (21)
En De Veritate, q. 17 a. 1, Tomás aclara
cuándo el acto de la conciencia es recto o no. Será
recto cualquier acto de la conciencia en tanto sepamos que
ese acto fue o no fue bueno y también que la
conciencia nos dé testimonio de la bondad o maldad del
acto. El otro modo de usar el conocimiento de los actos
particulares para saber si el acto de conciencia es recto o
no, sigue un doble camino: uno que se dirige a
la acción o a la abstención de la acción (orden del
ejercicio); el otro, es examinar detenidamente si el acto es recto
o no es recto (orden de la especificación).
Cuando la ciencia
se aplica como guía del acto en sí mismo, se
dice que la conciencia estimula. Cuando se aplica a modo
de examen por actos ya realizados, decimos que la conciencia
acusa, remuerde, pues no está de acuerdo con los principios
morales.
5. Conciencia cierta o dudosa
Sólo la conciencia cierta excusa,
es decir, la que no es ni dudosa ni probable.
(22) En este punto veo necesario señalar la otra distinción de
la conciencia entre cierta o dudosa. Será cierta cuando juzga sin
temor de errar, sin temor de equivocarse que algo es bueno
o malo. Es decir, se tendrá certeza, en el sentido
que hay convicción en cuando a la imposibilidad de errar. Sería
el caso cuando digo, “Hago X pues tengo la certeza
moral que mi acto no es errado en modo alguno”. Teniendo en
cuenta que la conciencia es el conocimiento intelectual de nuestros propios
actos, la conciencia moral será dudosa cuando juzga con temor
de errar o ni siquiera se atreve a juzgar.
Si embargo, es
claro advertir que cuando hablamos de conciencia moral verdadera y recta,
aludimos a una conciencia verdadera y cierta que, al mismo
tiempo, es absolutamente recta, constituyéndose en el principio director de cada
acto.
6. Reflexión final.
Las diferentes divisiones de la conciencia son muy
sutiles pues, una supone a la otra, se interrelacionan, se complementan. Por
ejemplo, ¿la conciencia verdadera no parece que debería ser también
cierta? ¿La conciencia verdadera y la conciencia cierta no son condiciones
que hacen recta a la conciencia? ¿Qué pasa si la conciencia
es sólo cierta, pero no es verdadera? Para que el acto
sea virtuoso ¿Bastaría que el sujeto agente tenga conciencia cierta
de que puede obrar como ha decidido hacerlo, sin temor a
equivocarse? ¿La conciencia probable o la simple opinión ante la duda
puede suplir a la conciencia cierta?
En realidad, las divisiones de
la conciencia son diferentes facetas de abordar un mismo fenómeno. Por último
no quiero dejar de destacar que Juan Pablo Magno en
Veritatis Splendor, primera encíclica cuyo temática gira totalmente en torno a
la moralidad, destaca el papel mediador de la conciencia moral en
función de la Verdad y de la Libertad, y dice:
“ La relación que hay entre libertad del hombre y ley
de Dios tiene su base en el corazón de la persona,
o sea en su conciencia moral...” (23)
Notas 1 Cfr. ST I-II,
q.17 a.3 2 “Consciere dicitur quasi simul scire” De veritate, q.
17 a. 1. En el mismo sentido, “conscientia dicitur cum alio
scientia”, S T q, 79 a. 13, II Sent. d.
24, q. 2 a. 4. 3 “Nominat scientiam cum collatione... est
scientia actualis” 4 “Consideratio actualis rationis”. 5 “Conscientia enim, secundum propietatem vocabuli,
importat ordinem scientiae ad aliquid...”ST q. 79 a. 13 6 “Applicatio
scientiae ad aliquid, ad ea quae agimus”. II Sent. d.
24, q. 2 a. 4. 7 “... conscientia, proprie loquendo, non
este potentia, sed actus” I, q. 79 a. 13 r. 8
“ conscientia nihil aliud est quam applicatio scientiae ad aliquem
actum. Scientia autem in ratione est” I-II q. 19 a. 5.
r. y en el mismo sentido De veritate: “consciencia non
est potentia, nec habitus, sed est actus, scilicet applicatio scientiae ed
ea queae agimus” q. 17 a.1. 9 Ver nota anterior. 10 “Iudicium
conscientiae et liberi arbitri quantum ad aliquid differunt, es quantum
ad aliquid conveniunt. Conveniunt enim quantum ad hoc quod utrumque est
de hoc particulari actu…” De Veritate, 17, 1 ad 4 11
Cfr. De Veritate, q. 17 a. 2. 12 I, q. 79
art. 13. 13 Ïdem anterior y De Veritate, 1. q- 17
a.1; q. 17 a. 1 arg. 12 [...] Neque iterum
est habitus infusus, quia talis habitus semper est rectus: conscientia autem
quandoque non recta. [...]. [...] Ni es hábito infuso, porque
tal hábito siempre es recto, pero la conciencia a veces no
es recta. 14 Seguimos, en parte, a Simon,R, Moral, Barcelona, Herder,
1987.; Rhonheimer, La perspectiva de la moral, Fundamentos de la Ética
Filosófica, Madrid,, Rialp,; Fr. Santiago Ramírez, OP, La Conciencia Moral
según Santo Tomás y los Sistemas Morales, Apéndice preparado para la
Suma Teológica de la Ed. Bilingüe de la B.A.C.; Jolivet, R.
Tratado de Filosofía Moral, Ed. C. Lohlé, Buenos Aires, 1959. 15
En este caso Simón lo considera desde el punto de
vista subjetivo del asentimiento y distingue conciencia cierta, dudosa y probable. 16
Primera regla de la conciencia. 17 In II Sententiarum, d.39, q.3,
a. 3, [...] et ideo sive ratio sive conscientia recte
judicet, sive non, voluntas obligatur hoc modo, quod si judicium vel
dictamen rationis, quod est conscientia, non sequitur actus voluntatis, inordinatus est.
.[...] “y así ya la razón, ya la conciencia juzgue
rectamente, o no, la voluntad esta obligada según este modo, pues
si el acto de la voluntad no sigue al juicio
o al dictamen de la razón, está desordenado”. 18 Segunda regla de
la conciencia. 19 De Veritate, q. 17 a. 2 ad 8
“Ad octavum dicendum, quod spes illa quae super rectam conscientiam fundatur,
certitudinem habet; et haec est spes gratuita. Spes autem quae
super erroneam conscientiam fundatur, est illa de qua dicitur, Prov., X,
28: spes impiorum peribit.” “A lo octavo debe decirse que
aquella esperanza que se funda sobre la conciencia recta tiene certeza;
ésta es la esperanza gratuita. Pero la esperanza que se funda
sobre la conciencia errónea es aquélla de la que se
dice en Proverbios 10, 28: La esperanza de los impíos perecerá”. 20
De Veritate, q.17 a.4. [...] “Diversimode tamen recta conscientia et
erronea ligat: recta quidem ligat simpliciter et per se; erronea autem
secundum quid et per accidens. [...] “Pero de diversa manera
[ob]liga la recta conciencia y la errónea: la recta [ob]liga simpliciter
y per se, pero la errónea secundum quid y per accidens”.
[...] “Dico etiam quod conscientia recta per se ligat, erronea
autem per accidens [...]”. “[...] También digo que la conciencia recta
[ob]liga per se, pero que la errónea per accidens. Y
también, “[...] per se loquendo, ligatur a conscientia recta, per accidens
autem ab erronea [...]”. “[...] hablando per se, está obligado por
la conciencia recta, pero per accidens por la errónea [...]”. 21
In II sententiarum d.39 q.3 a.3[...] Sciendum tamen, quod aliter
ligat conscientia errans, aliter conscientia recta.[...] Pero debe saberse que de
una manera [ob]liga la conciencia que yerra [errónea] y de
otra la conciencia recta. 22 Tercera regla de la conciencia. 23 El desarrollo
pertinente es muy extenso (Cap. II nº 35-83). Confrontar, por
ejemplo, los siguientes pasajes: “ Por esto, el modo como se
conciba la relación entre libertad y ley está íntimamente vinculado
con la interpretación que se da a la conciencia moral” (
VS. Nº 54); “... se pone en discusión la identidad
misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y
ante la ley de Dios. Sólo la clarificación... sobre la
relación entre libertad y ley basada en la verdad...” , entendiendo
adecuadamente esto se hace posible elaborar un concepto apropiado de la
conciencia y se destierran concepciones que la distorsionan. (ver nº
56).Incluso refiere explícitamente a Romanos 2,14-15 para dilucidar “... el sentido
bíblico de la conciencia, especialmente en su vinculación específica con la
ley.. “ (VS. Nº 57). En síntesis, la conciencia sería
la llave para el perfeccionamiento cabal del hombre en visas de
su verdadero fin último.,
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR