La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Para que exista una comunidad de personas sana es importante ejercer la autoridad bajo el principio de subsidiaridad; de este manera se promoverá la corresponsabilidad
La autoridad moral se conquista con la coherencia entre el hacer y el ser; es el resultado de una práctica efectiva de los valores, las decisiones libres y racionales.
Mercedes Soto de Silva nos lleva a explorar las características de la autoridad, sus fundamentos naturales y la importancia que tiene la humanización de esta virtud.
Antes de analizar el concepto de autoridad desde una perspectiva cristiana, es importante examinar lo que en general, el hombre de hoy entiende por autoridad.
Brevemente hemos visto que se ha producido un progresivo empobrecimiento en la comprensión del significado de la autoridad y sería bueno, también brevemente tratar de comprender como se ha producido dicho proceso en Occidente.
No se entiende la autoridad sino es en el orden que lleva implicito cualquier proceso de vida. El caos no necesita autoridad. En el Génesis vemos que la autoridad creativa de Dios aparece cuando se disipa el caos.
La paternidad es la raíz de la autoridad. Dios, que es la autoridad suprema, es autoridad porque es Padre. Dios tiene poder sobre el universo entero porque lo engendró y El es su autor. De la misma manera el padre tiene autoridad sobre el hijo porque lo g
Ejercer la autoridad paternal significa que cuando tengamos que organizar cualquier comunidad tengamos presente el ideal de toda comunidad: la familia.
El Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, estaba convencido de que a María le había sido confiada una gran tarea antropológica y sociológica para nuestro tiempo.