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Autor: Francisco Cardona Prudencia, calma antes de cualquier decisión
La persona que vive la virtud de la Prudencia se distingue porque en su trabajo
y en sus relaciones con los demás, recoge una información que enjuicia interiormente de acuerdo con los criterios rectos y verdaderos.
Prudencia, calma antes de cualquier decisión
Una persona que vive la virtud de
la Prudencia
La persona que vive la virtud de la Prudencia
se distingue porque en su trabajo y en sus relaciones con
los demás, recoge una información que enjuicia interiormente de acuerdo
con los criterios rectos y verdaderos. Luego, analiza las consecuencias
buenas o malas para sí misma y para los demás.
Por último, antes de tomar una decisión, actúa o deja
de actuar, de acuerdo con aquello que haya decidido. La virtud
de la Prudencia nos permite reflexionar adecuadamente antes de tomar
cualquier decisión. Para decidir, es necesario reflexionar con calma
para ver lo bueno o lo malo de esa
decisión. Se trata de analizar las consecuencias. La virtud de
la prudencia es la que nos educa para reflexionar bien
y así, decidir bien. Bien dicen que la Prudencia es la
"madre de todas las virtudes". Sin una buena reflexión no
habrá buenas decisiones. Si se reflexiona con superficialidad o equivocadamente,
nada realmente de provecho se logrará en la vida. Si no
se reflexiona bien, el pecado entrará en tu vida, pues
decidirás libremente seguirlo ya que no descubres la maldad que
hay detrás de él. Quedarás engañado y esclavizado.
Los enemigos de
la Prudencia
La precipitación: Es decir, cuando se decide sin reflexionar, por
las prisas o los agobios. ¡Detente en el camino! Observa bien
el mapa. Aprende a distinguir por dónde has de avanzar.
Si no lo piensas, te precipitarás y tomarás decisiones imprudentes.
La
debilidad de voluntad: Cuando se es débil de voluntad y se
deja uno llevar por estados de ánimo, enojos
e impaciencias, no podremos reflexionar bien antes de tomar las
decisiones que se requieran. La falta de dominio personal lleva
a tomar decisiones imprudentes.
Las pasiones: Si por un lado la debilidad
de voluntad nos hace ser imprudentes, las pasiones son el
otro enemigo que entra en juego. Si no sé cómo
dominar esas pasiones, ellas me cegarán al tomar las decisiones.
Nunca tomes una decisión cuando estés bajo el dominio de
una pasión.
¿Qué se necesita para ser prudente?
Reflexiona: Esfuérzate por pensar
bien sobre lo que vas a hacer. Analiza las consecuencias,
responsabilízate de ellas, valora diferentes opciones. No decidas lo primero
que se te viene a la cabeza.
Posee valores: Para ser
verdaderamente prudente, tenemos que tener nuestros valores muy bien establecidos.
Si para mí no es un valor decir la verdad,
¿cómo seré prudente cuando me vea tentado a mentir?
Conoce criterios
rectos y verdaderos: Si soy cristiano, he de conocer los
criterios que Jesucristo quiere que yo viva en mi vida,
para que las decisiones que tome sean conforme a ellos.
Por ejemplo, si no conozco ni aprecio los mandamientos de
la Ley de Dios, ¿cómo he de decidir ante las
circunstancias de la vida? ¿Cómo sabré si el divorcio, el
adulterio o el aborto son buenos o malos, si no
conozco lo que Dios piensa de ellos? ¿Cómo podré ser
honrado, honesto, veraz si desconozco los criterios del Señor sobre ellos?
Acrecienta
tu fuerza de voluntad: Sucederá que conoces qué valores son
los que te acercan a Dios, los criterios que el
mismo Dios te da, pero, ¿cómo decidir conforme a ellos
si tienes una voluntad débil que se deja vencer por
las tentaciones? ¿Cómo vas a decidir luchar en contra del
pecado si tu voluntad es de papel? Y cuando las
pasiones te ataquen, ¿cómo guardarás la serenidad para reflexionar si
tu voluntad es débil?
Capacidades a desarrollar para ser
prudentes
- Saber observar bien: quien se detiene a observar,
podrá reconocer lo bueno y lo malo. - Saber distinguir
entre lo que sucedió y lo que dice la gente
que sucedió. - Saber distinguir entre lo que es importante
y lo que no lo es. - Saber buscar bien
la información que me permitirá decidir bien. - Saber analizar
las consecuencias de algo que van a decidir. - Saber
dominar mis enojos para ver con serenidad la realidad.
En la
Biblia, en (San Lucas 11, 38-42) verás a Marta y
a María, dos amigas de Jesús. Él las visita y
María escucha la palabra del Señor. Marta, en cambio, prefiere
hacer los quehaceres de la casa. Jesús le dice: "Marta,
Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas.
En realidad, una sola es necesaria. María escogió la parte
mejor, que no le será quitada".
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