Autor: Jaime Septién | Fuente: el observador Cuatro temas para un político católico
La fe debe hacerse carne en el servicio de la política, en el servicio a los demás
Cuatro temas para un político católico
Está de moda no comprometerse por parte del político católico.
Una cosa es la política, otra la fe, dicen. Nada
más alejado de la verdad: la fe debe hacerse carne
en el servicio de la política, en el servicio a
los demás. He aquí cuatro temas que pueden iluminar este
camino hacia políticos católicos auténticos, de esos que ahora escasean.
El
poder como servicio
1.«Quienes son o pueden llegar a ser capaces
de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que
es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con
olvido del propio interés y de toda ganancia venal» (Gaudium
et spes, 75).
2.De esto se desprenden tres postulados inmediatos: a)
preparar las intervenciones públicas y estudio permanente; b) borrar
el yo para darse en totalidad al servicio público y,
c) evitar, en lo absoluto, el enriquecimiento ilícito, el
tráfico de influencias y el privilegio a la minoría, en
detrimento de la mayoría.
3.Por lo tanto: compromiso de entender al
poder como servicio a la sociedad.
La doctrina del bien común
1.«La
responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las
personas particulares, también al Estado, porque el bien común es
la razón de ser de la autoridad política» ( Catecismo
de la Iglesia católica, ).
2.De esto se desprenden tres postulados
inmediatos: a) el bien común es realizable aquí y ahora;
b) el gobierno de un Estado armoniza las diferentes expresiones
en vías de lograr la justicia y, c) la autoridad
política es la encargada de defender las instituciones que procuran
la paz social y el desarrollo armónico.
3.Por lo tanto: compromiso
de defender y definir la doctrina del bien común.
Cercanía de
la oración
1.«El testimonio del fiel laico nace de un don
de gracia reconocido, cultivado y llevado a su madurez» (Juan
Pablo II, Christifideles laici, 24).
2.De esto se desprenden tres postulados
inmediatos: a) la necesidad fundamental de ser testimonio, mediante una
vida cercana a las fuentes de la gracia; b) el
reconocimiento de que sin la ayuda de Dios el laico,
más aún, el político, no puede resolver casi nada y,
c) la urgencia de reconocer el llamado a ejercer un
cargo por el bien de la comunidad, conocer sus alcances
y sus límites, y enfrentar las consecuencias de una acción
política coherente con los valores del Evangelio.
3. Por lo tanto:
compromiso de permanecer cercano a la Iglesia y a la
oración.
Hacia una democracia plena
1.«Una auténtica democracia no es sólo el
resultado de un respeto formal de las reglas, sino que
es el fruto de la aceptación convencida de los valores
que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona
humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción
del bien común como fin y criterio regulador de la
vida política» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,
407).
2. De esto se desprenden tres postulados inmediatos: a) la
democracia es algo más que normas; b) la democracia pone
primero a la persona y, c) la democracia es
el régimen político que garantiza el respeto a los derechos
humanos.
3.Por lo tanto: compromiso de anteponer el fin último de
la comunidad política, el desarrollo humano integral, en una actuación
de democracia plena.
Se trata de cuatro compromisos así de simples
y así de complejos. Ahora que se han desatado las
pre-campañas, los políticos católicos harían bien en recordar estos preceptos
de la Doctrina Social de la Iglesia. Y nosotros, los
laicos, haríamos bien en seguirles la pista, siendo buenos católicos,
nosotros también.
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