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Autor: . | Fuente: movimiento pro-vida Fe cristiana y compromiso social
El quehacer político no es "un cometido inmediato de la Iglesia" en cuanto institución, sí lo es "de los fieles laicos" nos dice Benedicto XVI
Fe cristiana y compromiso social
Nos dice el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus
Caritas Est: El quehacer político no es "un cometido inmediato
de la Iglesia" en cuanto institución, sí lo es "de
los fieles laicos". [1] Es decir, de los cristianos que
se mueven en el seno de la sociedad civil: los
profesionales, los padres y madres de familia, etc.
Los fieles laicos
son al mismo tiempo cristianos y ciudadanos. A ellos les
compete en primera fila la vida pública y la acción
política. Son los que tienen el deber inmediato de actuar
a favor de un orden justo en la sociedad. "Como
ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona
en la vida pública". Como consecuencia, no pueden eximirse de
emprender las variadas actividades que se destinan a promover el
bien común. No pueden reducir la fe al ámbito privado
ni su actividad al interior de los templos de piedra,
sino que han de informar la sociedad civil con el
espíritu del Evangelio. Su actividad política debe estar impregnada por
el amor y el servicio.
La misión de la Iglesia es
orientar las actividades humanas hacia la verdad y el amor.
Precisamente por ello "no puede ni debe quedarse al margen
de la lucha por la justicia".
¿Cómo es esa intervención eclesial
en la lucha por la justicia?...
La Iglesia institucional tiene
el deber de hacer oír los argumentos de la verdad
y del amor en cada caso concreto en que la
justicia se vea amenazada por el error y la mentira,
o se difunda la violencia o el odio. Los Pastores
de la Iglesia tienen el derecho y el deber de
hablar cuando estén en juego los derechos fundamentales de las
personas. Su voz se dirige a los cristianos, pero también
expone esos argumentos racionales a todos los hombres de buena
voluntad. [2]
Eso precisamente es lo que han hecho los Obispos
en parte de su documento [3], denunciando:
·
"el envejecimiento poblacional y una
crisis demográfica de larga data, frente a la que no
hay políticas de Estado
·
la desvalorización de la vida (abortos, eutanasia, aumento de
suicidios); continuo deterioro de la institución familiar; incidencia de la
ideología de género; atentados contra la dignidad de la
mujer cuando se la convierte en objeto.
·
el agravamiento de los atentados
contra la dignidad de la vida desde su concepción, que
se han dado en nuestro país.
·
el impulso sistemático a
leyes y proyectos de ley que atentan contra el derecho
a la vida y el valor del matrimonio y la
familia:
legalización de uniones concubinarias hetero y homosexuales;
ley de voluntad anticipada, que abre la puerta a la
eutanasia; ley de salud sexual y reproductiva, que atenta contra
la patria potestad entre otros."
¿Cómo callar cuando están
en juego los derechos humanos inalienables de la persona y
de la familia?
Y a continuación nos proponen, entre otras cosas: "Un
principio inalienable de los cristianos debe ser la defensa intransigente
de la vida humana, desde la concepción, pasando por todas
las etapas de su desarrollo, hasta la muerte natural... Debemos
ser luchadores sin concesiones de los derechos humanos en su
integridad. ¿Qué pensar cuando los derechos humanos se recortan, exaltando
unos y olvidando otros? Acaso, ¿no son todos inherentes al
ser humano y por tanto inviolables? ... Los derechos humanos
son indivisibles... Por ello, debemos valorizar el don de la
vida - desde su concepción y hasta su muerte..."
"La persona humana, centro y fin de la sociedad, se
forma naturalmente en el seno de la familia, célula de
la sociedad humana. En nuestra sociedad uruguaya, la familia sufre
el ataque de múltiples factores económicos, sociales, culturales e ideológicos.
Vemos con preocupación cómo ciertos planteos ideológicos basados en la
"perspectiva de género" apuntan a vaciar de contenido y destruir
el verdadero significado de la sexualidad humana y de la
familia como fuente de vida. Es necesario que como cristianos
despejemos aquí toda ambigüedad y optemos claramente por la verdad
sobre la familia y sobre la naturaleza del amor humano."
"Un principio irrenunciable para la Iglesia es la libertad de
enseñanza. El amplio ejercicio del derecho a la educación, reclama
a su vez, como condición para su auténtica realización, la
plena libertad de que debe gozar toda persona para elegir
la educación de sus hijos que consideren más conforme a
los valores que ellos más estiman y que consideran indispensables.
(DA 339)."
Están así cumpliendo con su misión, al “emitir
un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden
político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona
o la salvación de las almas, aplicando todos y sólo
aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien
de todos según la diversidad de tiempos y condiciones”. [4] 
Referencias:
[1]
Carta Encíclica Deus Caritas Est, S.S. Benedicto XVI, 25 de
diciembre 2005.
[2] Amor, Iglesia y política - Ramiro Pellitero, Profesor
de Teología Pastoral, Universidad de Navarra. (Publicado en www.zenit.org
, 28-II-2006)
[3] Pautas para el discernimiento político en año electoral,
[4] Gaudium et spes No.76. / Catecismo de
la Iglesia Católica No. 2246
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