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Autor: catecismo | Fuente: catecismo Tomar el nombre del Señor en vano
Este mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de Dios, la blasfemia, el juramento falso, el perjurio
Tomar el nombre del Señor en vano
El segundo mandamiento prohíbe el juramento en falso. Hacer juramento
o jurar es tomar a Dios por testigo de lo
que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía
de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del
Señor. ‘Al Señor tu Dios temerás, a él le servirás,
por su nombre jurarás’.
La reprobación del juramento en falso
es un deber para con Dios. Como Creador y Señor,
Dios es la norma de toda verdad. La palabra humana
está de acuerdo o en oposición con Dios que es
la Verdad misma. El juramento, cuando es veraz y legítimo,
pone de relieve la relación de la palabra humana con
la verdad de Dios. El falso juramento invoca a Dios
como testigo de una mentira.
Es perjuro quien, bajo juramento,
hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o
que, después de haber prometido bajo juramento, no mantiene. El
perjurio constituye una grave falta de respeto hacia el Señor
que es dueño de toda palabra. Comprometerse mediante juramento a
hacer una obra mala es contrario a la santidad del
Nombre divino.
Jesús expuso el segundo mandamiento en el Sermón
de la Montaña: ‘Habéis oído que se dijo a los
antepasados: «no perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos».
Pues yo os digo que no juréis en modo alguno...
sea vuestro lenguaje: «sí, sí»; «no, no»: que lo que
pasa de aquí viene del Maligno’ . Jesús enseña que
todo juramento implica una referencia a Dios y que la
presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada
en toda palabra. La discreción del recurso a Dios al
hablar va unida a la atención respetuosa a su presencia,
reconocida o menospreciada en cada una de nuestras afirmaciones.
Siguiendo
a san Pablo , la tradición de la Iglesia ha
comprendido las palabras de Jesús en el sentido de que
no se oponen al juramento cuando éste se hace por
una causa grave y justa [por ejemplo, ante el tribunal].
‘El juramento, es decir, la invocación del Nombre de Dios
como testigo de la verdad, sólo puede prestarse con verdad,
con sensatez y con justicia’ .
La santidad del nombre
divino exige no recurrir a él por motivos fútiles, y
no prestar juramento en circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como
una aprobación de una autoridad que lo exigiese injustamente. Cuando
el juramento es exigido por autoridades civiles ilegítimas, puede ser
rehusado. Debe serlo, cuando es impuesto con fines contrarios a
la dignidad de las personas o a la comunión de
la Iglesia.
El sacramento del Bautismo es conferido ‘en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’
En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre,
y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Puede
ser el nombre de un santo, es decir, de un
discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su
Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo,
se ofrece al cristiano un modelo de caridad y se
le asegura su intercesión. El ‘nombre de bautismo’ puede expresar
también un misterio cristiano o una virtud cristiana. ‘Procuren los
padres, los padrinos y el párroco que no se imponga
un nombre ajeno al sentir cristiano’.
El cristiano comienza su
jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de
la cruz, ‘en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén’. El bautizado consagra la jornada
a la gloria de Dios e invoca la gracia del
Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo
del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en
las tentaciones y en las dificultades.
Dios llama a cada
uno por su nombre. El nombre de todo hombre es
sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige
respeto en señal de la dignidad del que lo lleva.
El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el
reino de Dios, el carácter misterioso y único de cada
persona marcada con el nombre de Dios brillará a plena
luz. ‘Al vencedor... le daré una piedrecita blanca, y grabado
en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino
el que lo recibe’ . ‘Miré entonces y había un
Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y
con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito
en la frente el nombre del Cordero y el nombre
de su Padre’.
Señor, Dios Nuestro, ¡qué admirable es tu
nombre por toda la tierra!.
El segundo mandamiento prescribe respetar
el nombre del Señor. El nombre del Señor es santo.
El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de
Dios. La blasfemia consiste en usar de una manera injuriosa
el nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María
y de los santos.
El juramento en falso invoca a
Dios como testigo de una mentira. El perjurio es una
falta grave contra el Señor, que es siempre fiel a
sus promesas.
En el Bautismo, la Iglesia da un nombre
al cristiano. Los padres, los padrinos y el párroco deben
procurar que se dé un nombre cristiano al que es
bautizado. El patrocinio de un santo ofrece un modelo de
caridad y asegura su intercesión.
El cristiano comienza sus oraciones
y sus acciones haciendo la señal de la cruz ‘en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén’.
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