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Autor: . | Fuente: Catecismo Pasiones y vida moral
En sí mismas, las pasiones no son buenas ni malas. Sólo reciben calificación moral en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad.
Pasiones y vida moral
Las pasiones se llaman voluntarias ‘o porque están ordenadas por
la voluntad, o porque la voluntad no se opone a
ellas’. Pertenece a la perfección del bien moral o humano
el que las pasiones estén reguladas por la razón.
Los sentimientos
más profundos no deciden ni la moralidad, ni la santidad
de las personas; son el depósito inagotable de las imágenes
y de las afecciones en que se expresa la vida
moral. Las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una
acción buena, y malas en el caso contrario.
La voluntad recta
ordena al bien y a la bienaventuranza los movimientos sensibles
que asume; la voluntad mala sucumbe a las pasiones desordenadas
y las exacerba. Las emociones y los sentimientos pueden ser
asumidos en las virtudes, o pervertidos en los vicios.
En la
vida cristiana, el Espíritu Santo realiza su obra movilizando todo
el ser incluidos sus dolores, temores y tristezas, como aparece
en la agonía y la pasión del Señor. Cuando se
vive en Cristo, los sentimientos humanos pueden alcanzar su consumación
en la caridad y la bienaventuranza divina.
La perfección moral consiste
en que el hombre no sea movido al bien sólo
por su voluntad, sino también por su apetito sensible según
estas palabras del salmo: ‘Mi corazón y mi carne gritan
de alegría hacia el Dios vivo’.
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