Autor: Catecismo de la Iglesia | Fuente: Catecismo de la Iglesia Las Bienaventuranzas
Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas.
Las Bienaventuranzas
Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde
Abraham ordenándolas al Reino de los cielos. Responden al deseo
de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del
hombre.
Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que
Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la
participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación,
el descanso en Dios.
La bienaventuranza de la vida eterna
es un don gratuito de Dios; es sobrenatural como también
lo es la gracia que conduce a ella.
Las bienaventuranzas
nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes
terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios
sobre todas las cosas.
La bienaventuranza del cielo determina los
criterios de discernimiento en el uso de los bienes terrenos
en conformidad a la Ley de Dios.
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