Autor: Pedro Jaramillo Rivas | Fuente: catholic.net "La Riqueza y la Pobreza para el Abogado".
Reseña de la conferencia dictada por Mons. Pedro Jaramillo Rivas, Vicario General de Ciudad Real, España. Profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca.
"La Riqueza y la Pobreza para el Abogado".
b>Reseña de la conferencia dictada por Mons. Pedro Jaramillo Rivas,
Vicario General de Ciudad Real, España. Profesor de la Universidad
Pontificia de Salamanca.
Reseña Sí buscamos construir una organización plenamente
humana, no podemos olvidar que el hombre posee una dignidad
la cual debe proteger y fomentar, el mismo es quien
se hace rico o pobre de acuerdo a su naturaleza.
La
pobreza y la riqueza de la persona no depende de
factores externos, como el dinero o la adquisición de propiedades,
depende del desarrollo de sus virtudes y valores, por ello
el hombre no vale por lo bienes materiales que posee,
sino por el hecho de ser persona.
Todas las personas vivimos
dependientes de dos momentos cuando nos nacen y cuando nos
mueren, pues es claro que ninguno de nosotros hemos decido
cuándo nacer ni cuando morir. Sí el hombre olvida esto,
vivirá encerrado en sí mismo.
Las personas somos genitivos (de) dependemos
de aquél que nos dio la vida, si olvidamos esta
dependencia, caemos en un grave peligro, el de ser nominativos
(sujeto) seres egoístas que vive sólo para sí y en
sí. Jamás hemos de olvidar que somos seres abiertos, que
vivimos en una sociedad, que tenemos una relación con Dios
y con los demás, por naturaleza somos sociables, si decidimos
vivir en nominativo, difícilmente seres felices.
Desde la visión de un
hombre cristiano su pobreza radica en su dependencia con Dios,
pues Él es quien nos nace o nos muere de
acuerdo a un plan providente. Por otro lado su riqueza
radica en lograr asemejarse a ÉL, a través del desarrollo
de sus facultades que lo llevan a ser más y
mejor persona.
La persona y su entorno Los bienes materiales contribuyen a
la realización de la persona, lo ayuda a obtener mejores
medios, para perfeccionarse, pero poner nuestra confianza en esto nos
llevará a una idolatría a un vacío existencial. La persona,
y particularmente el empresario, nunca debe olvidar que lo que
posee también esta al servicio de los demás.
Cada uno de
nosotros es un yo, todos los días convivimos con varios
yo’s, es en esta interacción donde hemos de reconocer la
dignidad de cada persona, recordando que mi yo debe de
dar cabida a otros yo’s.
Uno de los mayores bienes que
posee la persona es su familia, es en ella donde
se vive una intensa relación de caridad. La familia es
ante todo una donación, el núcleo donde la persona se
realiza, por ello es la base de la sociedad. El
empresario comprometido, el empresario cristiano, debe buscar que este ambiente
también se de en su empresa.
La persona nunca debe olvidar
las dimensiones en las que su yo se desarrolla:
1°.- Que
es un ser de (es un genitivo), es un yo
absolutamente dependiente, aquí se encuentra su estrecha relación con Dios.
2°.-
Que es un ser para (es un acusativo), es un
hombre abierto para los demás. Su ser debe de dar
cabida a otros yo’s, viviendo en una constante fraternidad que
se manifiesta a través de la solidaridad.
3°.- Que es un
ser con (es un dativo), vive con otros, vive en
sociedad, ahí es donde crece y se perfecciona.
4°.- Y debe
luchar por no ser (nominativo), es decir, que no se
convierta en centro y fin de su vida, el hombre
no puede ni debe vivir sólo.
Reto al abogado Todos somos responsables
de todos, sí el hombre es abierto, debe estar atento
a las necesidades de los demás, el empresario debe de
vivir su ser para desde la propia empresa.
El empresario cristiano
debe contribuir a la construcción de una empresa más justa
y humana para lograrlo debe fomentar una:
a. Actitud Personal: alejarse
del aislamiento, pues aunque él sea el dirigente es uno
más en la organización, debe evitar el egoísmo y la
indiferencia no sólo con su familia y sus colaboradores, sino
con la sociedad.
b. Promoción Humana: buscar el respeto a la
dignidad de la persona, comenzando por su propia familia y
el despacho, logrando con ello un influjo en la sociedad.
c.
Justicia Social: el abogado, por la situación de privilegio en
la que se encuentra, debe ayudar a los más débiles;
pero no por compasión ni lástima, sino por un deber
de justicia.
La transformación de nuestra despacho exige una verdadera unidad
de vida, el abogado cristiano debe renovar su empresa desde
dentro luchando codo a codo, para vivir plenamente, él y
sus colaboradores su ser para.
“ Todos somos responsables de todos,
particularmente de los más necesitados, hemos de contribuir por formar
una sociedad que respete la dignidad de todos por igual”
Juan Pablo II.
Retroalimentación. Tras la exposición de Mons. Pedro Jaramillo Rivas,
hubo tiempo para una sesión de preguntas y respuestas. Aquí
mencionaremos algunas de ellas:
Pregunta: Mons. acaba usted de hacer una
excelente declinación de la persona, pero no se olvide de
incluir el ablativo y el vocativo.
Respuesta: Claro que no podemos
dejar de mencionar estos dos casos, para tener la declinación
completa. El ablativo es muy importante, pues es recordar aquellas
palabras de un filósofo francés: yo soy yo y mi
circunstancias, el que la persona se encuentre consciente de las
circunstancias que lo rodean ayudan al incremento de su propia
riqueza existencial.
Por otra parte el vocativo es el caso de
la admiración, el hombre es un ser absolutamente dependiente esto
no limita su libertad, pero al ser consciente de su
pobreza se admira y se descubre como un ser para.
Pregunta:
Parece que nos hemos olvidado de la dignidad humana, ¿por
qué las injusticias ya nos son indiferentes?
Respueta: Efectivamente, cada día
nos enfrentamos a una sociedad cada vez más globalizada y
deshumanizadora, donde la indiferencia y el egoísmo opacan la dignidad
de la persona. Sí como abogados cristianos no somos capaces
de luchar porque la legalidad compagine con la justicia estamos
condenados a la ruina, pues así como el agua no
perdona que se le quite el cause, tampoco la vida
perdona los atentados que contra ella se cometen.
Mons. Pedro Jaramillo
Rivas finalizó su participación animando a todos a
fomentar los medios que ayuden a construir la riqueza de
la persona. Este es el reto de todos, pero particularmente
del abogado.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR