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Autor: Luis Felipe Nájar | Fuente: Catholic.net Parábola del amigo inoportuno
Lucas 11, 1-13. Tiempo Ordinario. La oración es el diálogo del hombre con Dios. He aquí la grandeza de la oración.
Parábola del amigo inoportuno
Lucas 11, 1-13
Y sucedió que, estando Jesús en oración
en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus
discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus
discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea
tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan
cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a
todo el que nos debe, y no nos dejes caer
en tentación. Les dijo también: Si uno de vosotros tiene
un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice:
"Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a
mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle",
y aquél, desde dentro, le responde: "No me molestes; la
puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos
acostados; no puedo levantarme a dártelos", os aseguro, que si
no se levanta a dárselos por ser su amigo, al
menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto
necesite. Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad
y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el
que pide, recibe; el que busca, halla; y al que
llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que,
si su hijo le pide un pez, en lugar de
un pez le da una culebra; o, si pide un
huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos,
sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el
Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que
se lo pidan!
Reflexión:
Señor, enséñanos a orar. La oración es
el diálogo del hombre con Dios. He aquí la grandeza
de la oración. Jesús enseñó a sus discípulos la más
grande de las oraciones, el Padre Nuestro. En esta oración
de Jesús se da una relación filial del hombre con
Dios. Hablar como hijos y no como siervos ante alguien
desconocido, decir Padre a Dios. “Padre Nuestro”, es el Padre
que nos espera ansioso en la casa, como el Padre
del hijo pródigo; es el Padre que nos da el
pan diario, que es su Hijo en la Eucaristía, como
lo dio en el desierto a los israelitas, para alimentar
a los peregrinos de este mundo.
Pedir con insistencia y
con la fe de que recibiremos, así debemos pedir como
nos enseña Jesús. Lo primero es fácil, siempre pedimos por
nuestras necesidades, por el trabajo, por el hijo enfermo etc.
Pero pedir con fe, no es así de fácil. La
fe requiere confianza y es una virtud que no se
practica mucho en nuestro tiempo. Si tuviésemos la fe como
un granito de mostaza diríamos a un árbol “plántate en
el mar” y así sería.
También hay que pedir por la
fe, como aquel padre que pedía por su hija enferma:
“Señor creo, pero aumenta mi fe”. “Aunque Jesús ya sabe
lo que necesitamos antes de pedirlo”.
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