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Autor: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net El hijo de la viuda de Naím
Lucas 7, 11-17. Tiempo Ordinario. Dios sigue haciendo milagros para que nosotros podamos ser felices en Él.
El hijo de la viuda de Naím
Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo iba Jesús de camino a
una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos
y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta
de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo
único de su madre, que era viuda, a la que
acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor,
tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y,
acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon,
y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El
muerto se incorporó y se puso a hablar, y él
se lo dio a su madre. El temor se apoderó
de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta
se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a
su pueblo. Y lo que se decía de Él, se
propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Reflexión
Hay una diferencia abismal entre las demás “religiones” y el
Cristianismo. En las demás, el hombre va en busca de
Dios. En el Cristianismo es Dios el que busca al
hombre.
Y en la Iglesia Católica, fundada por Cristo, lo vemos
todos los días. Este Evangelio es una prueba más del
amor de Dios hacia nosotros, que es infinito. Tiene el
arrojo y tesón del amor de padre y el candor
y profundidad del amor de madre. Cristo al ver a
la viuda que se le había muerto todo lo que
tenía en el mundo, se compadece de ella. Del Corazón
de Cristo brota esa necesidad de consolar a la viuda
y le vuelve a entregar a su hijo. Y así
como Cristo entregó alegría a esta viuda, hoy día Cristo
entrega a muchos padres angustiados su joven hijo que se
fue de casa días atrás, ablanda los corazones de los
esposos a punto de separarse, inspira a los grandes empresarios
a cambiar de actitud hacia sus colaboradores y, en vez
de hundirles en deudas estratosféricas, hacen un trato para arreglar
cuentas, etc.
Dios sigue obrando milagros para que nosotros podamos ser
felices en Él. Es imposible que a Dios le guste
vernos tristes, porque nos ama. Pero si lo estamos... ¿acaso
será porque no le hemos permitido a Cristo entrar en
nuestras vidas? Pidamos hoy esta gracia a Cristo Eucaristía.
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