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Autor: Jaime Rodríguez | Fuente: Catholic.net Curación del paralítico
Mateo 9, 1-8. Tiempo Ordinario. Nos sentiremos igual, curados, cuando el sacerdote nos da la absolución de nuestros pecados.
Curación del paralítico
Mateo 9, 1-8
Subiendo a la barca, pasó a
la otra orilla y vino a su ciudad. En esto
le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús
la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo,
tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos
escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus
pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué
es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o
decir: "Levántate y anda"? Pues para que sepáis que el
Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar
pecados - dice entonces al paralítico -: "Levántate, toma tu
camilla y vete a tu casa"». Él se levantó y
se fue a su casa. Y al ver esto, la
gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal
poder a los hombres.
Reflexión
Golpea ver que Jesús frente a
esta escena se comporta de modo inesperado y sorprendente. Aquellos
hombres usaron su técnica para superar el obstáculo de la
altura y la gran muchedumbre que circundaba la casa donde
estaba el maestro. Encaramarse al techo, destaparlo, tal vez sin
el permiso del dueño, bajando luego con sogas la camilla
con el enfermo. Es una operación que comporta una cierta
dosis de riesgos y una buenos ánimos y determinaciones. Lo
han hecho para ayudar a este querido amigo, dado que
Jesús, "el hombre de los milagros", lo curará definitivamente. Y
¿qué es lo que le dice Cristo? “Acércate”, lo mira,
lo conforta y le dice "te son repuestos tus pecados".
Para este Maestro la enfermedad más grave y urgente del
paralítico no es su enfermedad física sino su enfermedad del
alma, el pecado. Y no sólo, porque para Jesús, la
parálisis física es más fácil de curar que la apatía
del alma que no se abre a la fe, al
amor del Padre. Ciertamente, el Creador del universo puede curar
absolutamente todas las enfermedades “patologías". Pero para la curación de
las enfermedades espirituales, es necesaria la colaboración espontánea y sobre
todo libre del "paciente" porque Dios no puede ir en
contra de nuestra libertad.
La muchedumbre, llena del temor de
Dios, nos dice el evangelista san Mateo, se fue dando
gracias a Dios por el regalo concedido a aquel hombre.
¿No nos sentimos de igual forma nosotros, cuándo recibimos del
sacerdote la absolución de nuestros pecados, después de una eficaz
confesión?
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