Autor: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net Un Pan del todo especial
Juan 6, 51-58. Tiempo Ordinario. En cada santa Misa, Jesucristo renueva su Pasión, muerte y resurrección.
Un Pan del todo especial
Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58
Yo soy el
pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este
pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le
voy a dar, es mi carne por la vida del
mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede
éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En
verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne
del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no
tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y
bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré
el último día. Porque mi carne es verdadera comida y
mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y
bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado
y yo vivo por el Padre, también el que me
coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del
cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron;
el que coma este pan vivirá para siempre.
Oración introductoria
Jesús,
ayúdame a valorar la Eucaristía. El poder vivir para siempre,
por Ti, es mi gran anhelo. Quiero hablar contigo y
escuchar tu Palabra para recibirte con el amor que te
mereces; sin ningún interés personal, sólo la ilusión de que
me llenes de Ti y me hagas experimentar tu amor.
Petición
Señor, no permitas que pierda nunca las oportunidades de recibirte
en la Eucaristía. ¡Dame siempre de ese Pan!
Meditación del Papa
"El
pan que yo daré es mi carne para la vida
del mundo". Con estas palabras el Señor revela el verdadero
sentido del don de su propia vida por todos los
hombres y nos muestran también la íntima compasión que Él
tiene por cada persona. En efecto, los Evangelios nos narran
muchas veces los sentimientos de Jesús por los hombres, de
modo especial por los que sufren y los pecadores. Mediante
un sentimiento profundamente humano, Él expresa la intención salvadora de
Dios para todos los hombres, a fin de que lleguen
a la vida verdadera. Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el
don de su propia vida que Jesús hizo en la
Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo
tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la
compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así,
en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad
para con el prójimo, que « consiste precisamente en que,
en Dios y con Dios, amo también a la persona
que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo
puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con
Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de
voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar
a esta otra persona no ya sólo con mis ojos
y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Benedicto
XVI, Exhortación apostólica Sacramentus caritatis, n. 88.
Reflexión
San Justino, de familia
pagana, convertido luego al cristianismo, murió mártir el año 165
d.C. Enseñó filosofía en Roma y escribió abundantes obras sobre
la fe y la religión cristiana. En sus "apologías" explica
lo fundamental de la fe católica, del credo y de
los sacramentos, y refuta las falsas acusaciones que ya desde
entonces comenzaban a circular en contra de la Iglesia. Entre
otras cosas -¡para que veamos cuán absurda y atrevida es
la ignorancia!- se acusaba a los primeros cristianos de antropofagia
y de convites truculentos e idolátricos porque pensaban que comían
carne y bebían sangre humana. Habían oído, en efecto, que
el que presidía las asambleas decía: "Tomad y comed: éste
es mi cuerpo. Tomad y bebed: ésta es mi sangre".
Así
fue como lo interpretaron los judíos que escuchaban a nuestro
Señor. Y era lógico que no lo aceptaran, que lo
criticaran e, incluso, que se escandalizaran de El. El rechazo
hacia Jesús se iba pronunciando cada vez más, a medida
que nuestro Señor hablaba, hasta abrirse un abismo y convertirse
en un camino sin retorno...
Pero nuestro Señor continúa su
discurso: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo: el
que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el
pan que yo daré es mi carne, para la vida
del mundo. El que come mi carne y bebe mi
sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día". Estas palabras de Jesús, tan claras como misteriosas,
sólo podían ser acogidas en un clima de fe. Y
es una evidente anticipación de lo que sucedería el Jueves
Santo, en aquella hora solemne y de intimidad con sus
apóstoles, cuando instituía la Eucaristía: "Esto es mi Cuerpo, que
se entrega por vosotros. Esta es mi Sangre, derramada por
vosotros y por todos los hombres, para el perdón de
los pecados". Ahora, en este momento, estaba cumpliendo su promesa.
Y les invitaba a los Doce a repetir este mismo
gesto, de generación en generación: "Haced esto en memoria mía".
Cada santa Misa, cuando el sacerdote pronuncia estas palabras de
nuestro Señor, está perpetuando su sacramento. Y no se trata
de un simple recuerdo, sino de un "memorial". Es decir,
de una celebración que "revive" y actualiza en el hoy
de nuestra historia el misterio de la Eucaristía y del
Calvario, por nuestra salvación. En cada santa Misa, Jesucristo renueva
su Pasión, muerte y resurrección, y vuelve a inmolarse al
Padre sobre el altar de la cruz por la redención
de todo el género humano. De modo incruento, pero real.
¡Por eso cada Misa tiene un valor redentor infinito, que
sólo con la fe podemos apreciar!
El beato Titus Brandsman, sacerdote
carmelita holandés, pasó varios años en los campos de concentración
alemanes durante la persecución nazi. Tenía prohibida la celebración de
la Eucaristía, pero él se ponía junto con los otros
prisioneros y recitaba de memoria las oraciones de la Misa,
el Evangelio y les predicaba a sus compañeros de prisión;
luego hacían la comunión espiritual: él fijaba los ojos en
cada uno de los presos y les decía: "el Cuerpo
de nuestro Señor Jesucristo guarde tu alma para la vida
eterna". Al poco tiempo fue transferido a láger de Dachau.
Allí los sacerdotes alemanes sí podían celebrar y clandestinamente pasaban
la hostia santa a los otros sacerdotes que no eran
alemanes, como Tito. El comulgaba, daba la comunión a los
otros prisioneros y se guardaba un pedacito en el estuche
de sus lentes para la adoración nocturna. De ese "pan"
del todo especial sacaba fuerzas para soportar las torturas y
ofrecer sus sufrimientos. Un día fue duramente golpeado por la
guardia nazi del campo de concentración y aguantó la paliza
sin odios ni maldiciones. Después confesó: "¡Ah, yo sabía quién
estaba conmigo!". En 1942 murió mártir en Dachau.
Además del santo
Sacrificio, podemos gozar de la presencia real de Jesucristo nuestro
Señor en el Sagrario durante las veinticuatro horas del día.
Se cuenta que el santo cura de Ars se dejaba
embargar particularmente por la presencia real de Cristo Eucaristía. Ante
el Tabernáculo solía pasar largas horas de adoración, durante la
noche o antes del amanecer; y durante sus homilías, solía
señalar al Sagrario diciendo con emoción: "El está ahí". Por
ello, él, que tan pobremente vivía en su casa rectoral,
no dudaba en gastar cuanto fuere necesario para embellecer la
iglesia. Pronto pudo ver el buen resultado: los fieles tomaron
por costumbre ir a rezar ante el Santísimo Sacramento, descubriendo,
a través de la actitud de su párroco, el gran
misterio de la fe.
Propósito
Ojalá que también nosotros aprendamos a valorar
y a vivir con inmensa fe y amor, como los
santos, el misterio sacrosanto de la Eucaristía: que cada santa
Misa y Comunión sea como la primera y la última
de nuestra vida. Y que acudamos con frecuencia al Santísimo
para amar, agradecer, adorar a nuestro Señor, y para pedirle
por las necesidades de todo el género humano. El allí
nos escucha.
Diálogo con Cristo
Gracias, Señor, por tu Eucaristía, por
el gran don de Ti mismo, gracias por esta gran
prueba de tu amor que deseo ardientemente se prologue durante
todo el día. Quiero pertenecerte siempre. ¡Venga tu Reino a
mi corazón! Que nunca me «acostumbre» a recibirte. Confío en
que, con la intercesión de María, sepa corresponder a tanto
amor.
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Estimado Padre Sergio, Que bella explicacion sobre la Eucaristia siempre habia deseado encontrarme algo como lo que usted escribio sobre este presioso Don que Dios nos dejo para alimentarnos todos los dias y tener fuerzas para lo que el dia traiga, no es facil seguir cuando nos ofenden como si nada hubiera pasado, pero agracias a la fuerza de la Eucaristia que nos permite amar a los que nos ofendieron. Gracias Padre Sergio y que Dios lo bendiga siempre.
Respecto a la comunión en la mano, el Papa Juan
Si de verdad creen todo esto no debieran permitir la comunion en la mano, y deberían defender la sacralidad de los santos viáticos.
Pablo II declara:
"¡Cuan elocuentemente nos habla el rito de la unción de las manos de los sacerdotes en nuestra ordenación Latina, de que una gracia especial y el poder del Espíritu Santo son necesarios precisamente para las manos Sacerdotales! Tocar las sagradas especies, y distribuirlas con sus propias manos es un privilegio de los ordenados". (Dominicae Canae, 24 de febrero, 1980)
Jesús nos insta a no ser tibios, estamos con Él o esparramamos. NO a la comunión en la mano.
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