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Autor: María Cruz | Fuente: Catholic.net Dios envió a su Hijo para salvarnos.
Juan 3, 13-17. Fiesta La Santa Cruz. Gracias Señor Jesús, porque entregaste tu vida en la cruz.
Dios envió a su Hijo para salvarnos.
Juan 3, 13-17
En aquel tiempo Jesús dijo a Nicodemo: Nadie
ha subido al cielo sino el que bajó del cielo,
el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo
del hombre, para que todo el que crea tenga por
Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que
dio a su Hijo único, para que todo el que
crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo
para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por Él.
Reflexión
Hoy celebramos la fiesta de la Cruz, símbolo
del cristiano. En este diálogo entre Jesús y Nicodemo se
anuncia de una manera oculta el momento supremo de la
vida de nuestro Salvador: la crucifixión.
La cruz no es sólo
un símbolo material, sino la guía de nuestra vida.
Dios en
su gran amor, viendo la necesidad que tenía el mundo
de ser salvado, no dudó en entregar a su propio
Hijo para su salvación. Las circunstancias históricas concurrieron para que
la redención se realizara por medio de la cruz. A
partir de este acontecimiento la cruz se ha convertido en
señal de salvación para todo el que cree que Jesús
es el redentor del hombre.
A pesar de que Jesús se
puso el primero en el padecer no nos resulta fácil
asumir la realidad de la cruz y todos la esquivamos
de la mejor manera posible. Pero si ser cristiano es
seguir al crucificado, ¿por qué rehusamos seguir sus huellas?
Sólo desde el amor se entiende esta entrega, y sólo
el amor hace posible convertir en alegría las mayores angustias
de la vida. Es cuestión de amor, y cuando algo
nos cuesta mucho es señal de que el termómetro del
amor marca baja temperatura.
Señor Jesús, que por nuestro amor entregaste
tu vida en la cruz, te pedimos acrecientes en nosotros
el amor para que podamos asumir con prontitud de
ánimo los sufrimientos de la vida.
Treinta
días de oración a la Reina del Cielo. A lo
largo del mes de mayo, tengamos a María presente en
nuestro corazón y en nuestros hogares, entregándole un ramo de
Rosas de oración.
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