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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net El ayuno de los discípulos
Mateo 9, 14-15. Cuaresma. Cristo vino a cargar con nuestras flaquezas. Él tiene el bálsamo que cura nuestra alma
El ayuno de los discípulos
Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se
le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los
fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no
ayunan? Jesús les dijo: -¿Es que pueden guardar luto
los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?
Llegará un día en que se lleven al novio y
entonces ayunarán.
Reflexión
A un observador de las cosas de este
mundo parecería que el hombre debe esperar a llegar al
Cielo para tener una vida sin preocupaciones. Si hay carestía
de algo en el mundo, no es precisamente de preocupaciones.
El que tiene hijos se preocupa por ellos, quien tiene
ancianos a su cuidado se preocupa por ellos. El empresario
se preocupa porque su empresa vaya adelante, el ama de
casa se preocupa de que su hogar esté en orden
y dispuesto, el estudiante se preocupa por aprobar sus exámenes.
Todos tenemos nuestra ración cotidiana de preocupaciones.
Algunas sin embargo son
muy pesadas, y nadie puede negar su importancia. Son enfermedades
o situaciones familiares y sociales de muy difícil solución. El
evangelio de hoy nos presenta un aspecto de la figura
de Cristo que debe llenar de esperanza los corazones atribulados.
Cristo como aquel que “tomó nuestras flaquezas y cargó con
nuestras iniquidades”. Esto puede parecernos simple palabrería, pues el que
tiene problemas no siempre encuentra una solución a ellos en
la oración. Y surge la tentación de pensar que a
Cristo le son indiferentes nuestras preocupaciones. Sin embargo es cierto
que Cristo vino a cargar con nuestras flaquezas.
Tal vez no
como nosotros lo esperamos, pero seguro que sí como Él
quiso entregarse. Porque lo que Cristo nos ofrece quizás no
sea la solución material a nuestras dificultades, pero no cabe
duda que nadie como Él tiene el bálsamo que cura
nuestra alma, el remedio que calma nuestro espíritu, la palabra
que pacifica nuestro corazón.
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