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Autor: Oscar Lomán | Fuente: Catholic.net Necesidad de creer en Jesús
Juan 12, 44-50. Pascua. Confiar en Cristo, nuestro mejor amigo, sólo Él es el Camino.
Necesidad de creer en Jesús
Juan 12, 44-50.
En aquel tiempo Jesús exclamó: El que
cree en mí, no cree en mí, sino en aquel
que me ha enviado; y el que me ve a
mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo,la luz,
he venido al mundo para que todo el que crea
en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye
mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo,
porque no he venido para juzgar al mundo, sino para
salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe
mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que
yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque
yo no he hablado por mi cuenta, sino que el
Padre que me ha enviado me ha mandado lo que
tengo que decir y hablar, y yo sé que su
mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo
lo hablo como el Padre me lo ha dicho a
mí.
Reflexión
Me gusta pensarme como una barca. Una barca pequeña, frágil.
Una barca en medio del mar de la vida. Hermoso,
sí; pero al mismo tiempo tremendo. Un mar que se
presenta sereno y generoso en sus frutos. Pero que es
terrible en su cólera.
La travesía por el mar, sin duda
fascinante, resulta peligrosa. Durante la noche y la borrasca es
fácil perder el puerto y no llegar a la otra
orilla.
En medio de este mar fluctuante y caprichoso, es
necesario encontrar un punto fijo, un guía seguro. Y es
en este momento cuando lo encontramos, o mejor dicho, se
nos revela. Jesús nos lo dice clarísimo: Yo soy la
luz de este mundo. Él es nuestro faro. Faro de
esperanza y salvación. Este Faro nos señala dónde está el
puesto seguro y, además, traza el camino con su luz.
Un camino estrecho, pero claro.
Durante la travesía las sirenas de
nuestro egoísmo y sensualidad nos llamarán para separarnos del camino.
¡Cuidado! Recuerda que sólo Cristo es el Camino.
Por si esto
fuera poco, contamos con otro auxilio. San Bernardo intuyó muy
bien al invocar a María como “Estrella de los mares”.
San Bernardo exhortaba así a los cristianos: “Si alguna vez
te alejas del camino de la luz y las tinieblas
te impiden ver el Faro, mira la Estrella, invoca a
María. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si
te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a
la estrella, invoca a María. (...) Que nunca se cierre
tu boca al nombre de María, que no se ausente
de tu corazón”. No dudemos ni un sólo instante de
pedir su maternal cariño y protección. Si la sigues, no
te desviarás; si recurres a ella, no desesperarás. Si Ella
te sostiene, no vendrás abajo. Nada temerás si te protege;
con su favor llegarás a puerto.
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