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Autor: Javier González | Fuente: Catholic.net Aparición de Jesús a los discípulos
Lucas 24, 35-48. Pascua. Jesús trae la paz a nuestras vidas. Su resurrección es causa de gozo y paz.
Aparición de Jesús a los discípulos
Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo contaban los discípulos
lo que había pasado en el camino y cómo le
habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de
estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos
y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados,
creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué
os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro
corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo.
Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y
huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, los
mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen
de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados,
les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le
ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió
delante de ellos. Después les dijo: «Estas son aquellas palabras
mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es
necesario que se cumpla todo lo que está escrito en
la Ley de Moisés, en los Profetas y en los
Salmos acerca de mí."» Y, entonces, abrió sus inteligencias para
que comprendieran las Escrituras, les dijo: «Así está escrito que
el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al
tercer día y se predicara en su nombre la conversión
para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando
desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.
Reflexión:
“LA
PAZ CON VOSOTROS”
Jesús trae la paz a nuestras vidas. Su
resurrección es causa de gozo y paz espiritual para nuestros
corazones afligidos y congojados. Ya no más penas ni tristezas.
No podemos seguir con los ojos cerrados. ¡Cristo ha resucitado
de entre los muertos!
Sabemos que quien quiere llegar a Dios
debe pasar primero por la cruz y el sacrificio de
cada día, pero cómo nos cuesta en el instante mismo
cuando la cruz se hace pesada. No somos capaces de
sufrir por Cristo, mientras que Él murió por salvarnos.
Ahora vemos
el triunfo del Señor que trae la salvación al mundo
entero. Ha llegado nuestra hora. Debemos emprender una conversión personal
de nuestro corazón hacia Dios.
Somos testigos de Cristo y estamos
llamados a la misión de todo cristiano: “Proclamar la Buena
Nueva a todas las naciones”.
El Señor, por su muerte,
ha abierto a la humanidad las puertas del cielo. Nosotros
ya conocemos el camino: es Cristo. Ahora debemos guiar a
los demás por la senda de la salvación; Cristo es
la resurrección y la vida.
Segundo Domingo de Pascua
o de la Divina Misericordia
"En nuestros tiempos,
muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que
desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado y
de manera especial en la celebración del misterio pascual, en
el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios
para con todos los hombres.
Acogiendo pues tales deseos, el Sumo
Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en
el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de
Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia"
..... " (Fragmento del Decreto de la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 5
de mayo de 2000.
Indulgencias en el Segundo
Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia
"Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión
sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo
Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua,
llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio,
con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso
venial, participe en actos de piedad realizados en honor de
la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del
santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en
el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación
piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío
en ti")".
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