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Autor: Bryan Philpott | Fuente: Catholic.net Jesús camina sobre el agua
Juan 6, 16-21. Pascua. Cuántas veces, Señor, quiero hacer las cosas solo, a mi manera y no como tu quieres.
Jesús camina sobre el agua
Juan 6, 16-21
Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla
del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al
otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y
Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un
fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían
remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que
caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca,
y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No
temáis». Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la
barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
Reflexión
Los discípulos se marcharon por la noche sin “la Luz
del mundo”. Confiados en el poder y la fuerza propios,
ellos pensaban que pudiesen controlar las circunstancias. Pronto su esfuerzo
resultó insuficiente; y el mar que creían tan fácil de
dominar, incontrolable. ¿Dónde está el Señor? ¿Acaso los ha abandonado?
Cristo jamás abandona a los suyos, aunque ellos mismos le
hayan dejado en la orilla, y solos se atrevan de
afrontar las aguas turbulentas de la vida.
Cristo, desde el monte
donde habla con su Padre, les ve luchando en vano
contra las tempestades del mundo. Les ve sufrir bregando en
su autosuficiencia. Les ama, tiene compasión de ellos y baja
de la montaña en su auxilio. Jesucristo hace lo imposible
para llegar al lado de sus elegidos. Tanto es así
que ni siquiera los discípulos, sus íntimos conocidos, se lo
creen; pues piensan que él es un fantasma y le
tienen miedo. Cristo, sin ningún regaño, les dice simplemente: "Soy
yo. No temáis." y les lleva a un puerto seguro.
Cuántas
veces, Señor, quiero hacer las cosas solo, a mi manera
y no como tu quieres. Soy el hombre fuerte e
independiente – lo puedo todo. Luego, me caigo y reclamo
al cielo: ¡Señor! ¿por qué me has abandonado? Pero, en
realidad, fui yo quien te ha abandonado. Me he olvidado
de ti. Fuiste tú el que me creaste, el que
me ama y me salva. Sin ti nada puedo. Sé
que jamás, ni en la miseria de mi soberbia, me
abandonarás. ¡Lucha a mi lado, Señor, en la batalla de
hoy!”
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