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Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net 1. La clave del crecimiento interior
La fuerza de voluntad es la facultad capaz de impulsar la conducta y dirigirla hacia un objeto determinado.
Antes de continuar hablando sobre el camino de nuestra santidad,
permíteme que te presente un pequeño cuestionario. No te asustes.
Este no es un curso universitario y no voy a
calificar tus respuestas. Tú serás quien se califique. Debes responder
este cuestionario con toda sinceridad y con toda calma. No
te presiones, tómate tu tiempo, no tengo prisas. Pero insisto
en la sinceridad. No tengas miedo de conocerte cada día
un poco más.
Programa de crecimiento interior
Cuestionario.
1. ¿Llevé a cabo el
balance del día, tratando de descubrir el defecto dominante?
Sí____
No____ ¿Por qué?
2. ¿Descubrí mi defecto dominante? Sí____
No____ ¿Por qué?
3. ¿Ya tengo hecho mi programa
de crecimiento interior? Sí____ No____ ¿Por qué?
4.
¿He revisado durante todas las noches mi programa de crecimiento
interior, mediante las preguntas de control? Sí____
No____ ¿Por qué?
¿Qué conclusión has sacado de las respuestas a este
cuestionario? Y por favor... he hecho estas preguntas no para
descorazonarte sino simplemente para que te sirvan como guía en
el camino de tu santidad.
Muchas veces nos sucede que comenzamos
un camino nuevo. Como en el Año Nuevo o después
de asistir a unas jornadas de oración, a un retiro
o asistir a un evento significativo (la muerte de un
ser querido, un accidente, el nacimiento de uno de nuestros
hijos). Percibimos que Dios nos pide algo más, nos damos
cuenta que no podemos seguir siendo los mismos y surge
en nuestro interior el deseo de alcanzar la tan anhelada
santidad. Pero... más tardamos en hacer ese propósito que en
comenzar a quebrantarlo. Quizás te haya sucedido lo mismo con
tu programa de reforma de vida. Analizaste tu defecto dominante,
apuntaste sus manifestaciones, escribiste los medios, pasa el tiempo y
te das cuentas que no avanzas. ¿Qué sucede? ¿No hay
ilusión por cambiar? ¿No hay “campanas” en tu interior que
te muevan a ser mejor, a alcanzar las metas que
te propusiste? Puede ser que tengas esa ilusión, pero lo
que ha faltado es fuerza de voluntad. Nos sucede lo
que Ovidio expresaba en una frase latina que ha quedado
esculpida para la eternidad: “Veo lo mejor y lo apruebo,
pero sigo lo peor.”
Es dura esta frase, pero es muy
cierta. Quieres alcanzar la santidad, pero no has podido. Quieres
combatir tu defecto dominante que es el que te tiene
atado y no te deja ser mejor. Ves el bien,
estás de acuerdo con él, pero has seguido el camino
del mal, has seguido siendo el mismo, no has logrado
conquistar tus ideales. Ante todo calma, “Roma no se conquistó
en un día”. Estás comenzando a combatir a un enemigo
que ya se había convertido en un huésped permanente de
tu corazón. ¿Y pretendes deshacerte de él de la noche
a la mañana? No va a ser fácil, pero no
será imposible. Lo que debes hacer es revisar que tal
está tu fuerza de voluntad.
Muchas veces sucede que vislumbramos perfectamente
lo que debemos hacer para alcanzar la santidad. La fe
y la razón nos lo están diciendo: “Haz esto, no
hagas lo otro” Y lo hemos consignado en nuestro programa
de vida espiritual. Pero nuestros sentimientos nos pueden jugar una
mala pasada y cualquier eventualidad nos desmorona. Desde los cambios
de clima hasta los enojos más grandes nos hacen sentir
mal. En una mañana lluviosa nos cuesta más trabajo estar
de buenas y ceder el paso a todos, sonriendo de
oreja a oreja. Si nos dejamos guiar por los sentimientos
somos como una hoja en tiempo de vendaval. En un
momento podemos estar en un prado verde, lleno de flores.
Pero sopla el viento y nos lleva al techo de
una casa. Vuelve a soplar y nos encontramos en medio
de la suciedad más grande. Si nuestra vida gira al
vaivén de las circunstancias y de lo más o menos
sensibles que estemos o de la forma en qué percibamos
dichos factores externos, no llegaremos muy lejos.
La fuerza de voluntad
no es más que la facultad capaz de impulsar la
conducta y dirigirla hacia un objeto determinado, contando siempre con
dos ingredientes básicos: la motivación y la ilusión.
“El hombre es
su voluntad”, ha dicho Rosmini, un escritor espiritual del siglo
XIX. Y es cierto. Tú eres lo que te propongas.
No lo que sueñes, no lo que te imaginas, no
lo que tengas ganas. Necesitas un poco de ilusión para
querer alcanzar tu meta. Necesitas también la motivación suficiente para
seguir siempre cuesta arriba, como decían esos versos del escritor
inglés Rudyard Kipling: “Aunque vayan mal las cosas, como a
veces suelen ir. Aunque ofrezca tu camino, sólo cuestas que
subir. Aunque tengas poco haber, pero mucho que pagar. Un
descanso, si acaso debes dar, pero nunca desistir”.
Tener fuerza de
voluntad no significa el no sentir las cosas, el no
tener dificultades, ser un iluso que no se da cuenta
de que las cosas a veces nos cuestan especialmente en
el plano de la vida espiritual. La fuerza de voluntad
es una facultad, es una capacidad que tiene el hombre
y la debe cultivar. No es que unos hombres hayan
nacido con más o menos fuerza de voluntad que otros.
Como facultad que es se desarrolla con la repetición de
actos. Como la fuerza física o la agilidad. Los atletas,
los deportistas no nacieron con esa masa de músculos en
sus pechos o con agilidad en sus piernas. La fueron
desarrollando a través de unos ejercicios muy bien pensados. Con
la fuerza de voluntad nos sucede lo mismo. Tenemos que
desarrollar esa fuerza de voluntad todos los días, a través
de la repetición de actos, algunas veces sencillos, otras veces
difíciles.
El problema radica en el hecho de que no hemos
sido capaces de desarrollar al máximo nuestra fuerza de voluntad.
Si pudiéramos sacar una radiografía de nuestra voluntad, ¿cómo se
encontraría? No voy a someterte a otro cuestionario, pero permíteme
que te dé algunas pistas. ¿Eres capaz de seguir con
fidelidad un horario, desde la mañana hasta la tarde?
¿Haces ejercicio con cierta regularidad? ¿Eres capaz de no escuchar
la radio cuando vas en el coche? ¿Te desesperas muchas
veces en un restaurante porque no te sirven la comida
como a ti te gusta? ¿Un contratiempo insignificante es capaz
de arrancarte lágrimas de rabia y disgusto y dejarte postrado,
amilanado, triste o enojado por el resto del día?
Mejor no
seguimos con las preguntas y te dejo a continuación unos
tips para fortalecer tu voluntad. Podrán parecerte tontos o ingenuos.
¿qué tiene que ver el dejar de fumar a ciertas
horas con mi defecto dominante? ¿En qué se relaciona el
levantarme a la primera y no quedarme acurrucado en la
cama durante diez quince o veinte minutos con mi pasión
dominante? Decíamos que la voluntad es una facultad. Al desarrollarla
a través de esos actos, la vamos preparando para combatir
con mayor fuerza nuestro defecto dominante. Así como un futbolista
ejercita su resistencia su fuerza a través de un campamento
en la montaña, nosotros podremos ser más eficaces cuando combatamos
nuestro defecto dominante si contamos con una voluntad fuerte, decidida,
pronta a vencer nuestras inclinaciones más inmediatas.
Como te decía antes,
es difícil el camino, pero no imposible. Te dejo esta
lista para que la practiques y la integres a tu
vida. Verás como en unos días serás diferente. NO tengas
miedo. Nadie ha muerto por exceso de fuerza de voluntad.
Sin embargo muchos se han quedado a medias en su
camino a la santidad porque no han tenido una gran
voluntad.
No me extiendo más. Te dejo la lista y
nos vemos en el próximo artículo... si tienes la fuerza
de voluntad para seguir leyéndome.
Tips para fortalecer tu voluntad.
1.
Levántate a la primera, sin esperar a que suene dos
veces el despertador.
2. No tomes alimentos entre comidas.
3. Deja de
fumar durante ciertos días, o en ciertas horas.
4. No prendas
el radio del coche durante ciertos días, o por lo
menos después de haber conducido durante diez minutos.
5. Sé puntual
en todos tus compromisos (aunque sepas que otras personas van
a llegar tarde).
6. Revisa tu programa de reforma de vida
todas las noches.
7. No tengas ni un minuto de ocio:
habla por teléfono cuando sea necesario.
8. Propósito hecho, siempre cumplido.
9.
Ten un horario en el día y no dejes nada
a la improvisación.
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