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Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net 9. ¿Cómo combatir tu defecto dominante?
Saber cuál es el enemigo que debes vencer.
El camino de la santidad
En este momento te preguntarás:
¿qué voy a hacer con mi defecto dominante? Lo primero
que debes hacer es felicitarte. Sí, felicitarte porque te has
conocido un poco más a ti mismo. Si haz elegido
ser mejor católico, luchar por alcanzar la santidad de vida
a la cual todos estamos llamados, entonces ¡felicidades! Ya sabes
por donde enfocar todas tus baterías, ya sabes cuál es
el enemigo que debes vencer: tu soberbia o tu sensualidad.
San
Agustín, ese gran pensador y filósofo, hombre de su tiempo
y de todos los tiempos, nos ha dejado una frase
que viene muy al caso ahora que estamos por iniciar
el camino de nuestra santidad. Él decía “Conócete, acéptate, supérate”.
Y es lo que vamos a seguir en nuestras vidas.
Conocernos en lo más íntimo de nuestro ser. Y esto
lo hemos logrado revisándonos día tras día, sin afán de
aparentar nada, siendo muy sinceros con nosotros mismos y llegando
a la realidad de nuestra vida: yo soy un soberbio
o soberbia del tamaño del mundo. O bien, aceptar que
en lo que se refiere a la sensualidad no hay
quien me gane. Debes aceptar esta realidad si quieres seguir
adelante. Fíjate bien que San Agustín dice aceptar. Él no
dice debes resignarte. Porque entre aceptar y resignarse hay una
diferencia muy grande. Resignarse es reconocerse como soy y creer
que ya no se puede cambiar. “He tratado tantas veces
de ser paciente, especialmente con mi suegra... pero ya me
conozco, no puedo cambiar. Es algo superior a mis fuerzas”.
“No me digan que es posible que yo deje de
ser un donjuán. Por favor, eso ni ustedes mismos se
lo creen”. Estas personas que así hablan, en lo profundo
de su ser se han resignado a ser como son.
No se han aceptado. Porque aceptarse es reconocer lo que
uno es y estar dispuesto a cambiar, a transformarse a
ser otro, a convertirse en un mejor católico. “Yo acepto
que me cuesta mucho guardar la castidad en mi noviazgo”.
“Yo acepto que no es fácil vivir siempre con la
sonrisa en la boca, tratando de comprende el carácter tan
cambiante de mi esposa”. Es una postura muy diversa el
aceptar que el resignarse.
Una vez que hemos aceptado lo que
somos y que queremos cambiarlo para ser mejores, entonces viene
la superación, el trabajo constante y continuo para alcanzar la
santidad. Pero no corramos prisas y no nos adelantemos. Estamos
aún dando los primeros pasos en nuestro camino de santidad,
en nuestro camino de conversión. ¿Qué tenemos que hacer ahora?
No
basta con reconocer mi defecto dominante. Reconocerlo es como describir
las características de una persona: alto o bajo, gordo o
flaco, pelo castaño o rubio, ojos verdes o azules. Es
necesario ahora armarnos de valor para conocer las manifestaciones de
mi defecto dominante y poner los medios para combatirlo.
Ahora
viene la hora de la verdad. Toma tu defecto dominante,
la soberbia o la sensualidad y escribe en forma clara
y detallada las principales manifestaciones con las que ese defecto
dominante se presenta en tu vida. El éxito, la clave,
el punto central de tu camino a la santidad está
aquí, así es que ¡mucha atención, por favor! Debes bajar
a puntos específicos y muy concretos. No basta con decir:
“Mi defecto dominante es la soberbia porque soy muy iracundo
y me enojo muy seguido”. Si lo escribes de esa
forma, no vas a ir muy lejos en tu camino
a la santidad. Debes escribir con toda precisión esa manifestación
de soberbia: “Mi defecto dominante es la soberbia porque cada
vez que alguien me contradice me pongo furioso y arrojo
por el suelo todas las figuras de porcelana que encuentro
a mi alrededor”. Quizás exageramos un poco, pero tú no
debes exagerar. Debes ser muy preciso para detectar esas manifestaciones
de tu defecto dominante.
Debes ir a lo esencial y
no perderte en generalidades. “Mi defecto dominante es la sensualidad
porque todas las tardes pierdo el tiempo con mis amigas
hablando por teléfono durante una hora y media”. “Mi defecto
dominante es la sensualidad porque en el internet busco siempre
sitios de cibersexo”. “Mi defecto dominante es la soberbia porque
yo soy el que fijo el plan del fin de
semana sin escuchar el parecer de mi esposa o de
mis hijos”.
Date cuenta que mientras más preciso seas en
bajar al detalle en las manifestaciones de tu defecto dominante,
tendrás más armas para combatirlo. Porque ahora debes iniciar el
trabajo positivo, es decir, lanzarte a la conquista de la
santidad, combatiendo cada una de las manifestaciones que has escrito.
Te
recomiendo ahora que estás iniciando este camino de santidad que
te limites a escribir cuatro o cinco manifestaciones de tu
defecto dominante, no más. Y por cada manifestación de tu
defecto dominante deberás escribir un medio concreta para combatirlo. Aquí
tienes que ser muy sincero y muy valiente. Debes ir
a la raíz del problema, recordando las palabras de Jesucristo
en el evangelio: “Si tu ojo te es causa de
escándalo, arráncatelo...” Aquí vamos a ir al fondo, sin piedad.
Proponte aquellos medios que más te convengan para erradicar el
defecto.
Pueden ser medios sobrenaturales y medios prácticos. Medios sobrenaturales
como la oración, para pedirle paciencia y pureza a Dios.
Rezar un misterio del rosario todos los días para pedirle
a la Virgen que te dé el don de la
paciencia. Comulgar uno o dos días entre semana para vencer
la pereza. Y luego están los medios prácticos. Pero por
favor, que sean muy prácticos: “No voy a hablar con
mis amigas por teléfono más de media hora”. “Sólo voy
a usar el internet para contestar el correo electrónico y
siempre lo voy a usar en presencia de algún familiar
en mi casa”. “Los jueves voy a consultar a mi
esposa qué haremos en familia ese fin de semana”.
Escribe los
medios sobrenaturales y los medios prácticos en una lista y
también y haz una lista de forma que puedas revisarlos
todos los días y llevar el control de cada uno
de ellos, colocando una señal positiva si has cumplido o
una señal negativa si has fallado. Así al final
del mes podrás darte cuenta cómo vas trabajando en tu
camino por alcanzar la santidad.
Para ayudarte a vivir con mayor
motivación este programa de vida espiritual puedes encontrar un lema
que te ayude en cada momento a recordar los medios
que te has propuesto. El lema es como un grito
de guerra, corto, sencillo que para ti puede tener un
gran significado y lo puedes usar en los momentos en
que se te presenta la tentación de caer en el
pecado. Si llegando a tu casa abres la puerta y
te das cuenta que acaba de llegar tu suegra y
que lo más fácil sería darle un beso y helado
y decidir ignorarla durante tu visita, busca en tu interior
de tu alma el lema y grítalo en tu corazón
“Por Cristo y por las almas”. “Señor, todo por ti”.
Si abres el internet y te das cuenta que en
tu correo electrónico tienes una invitación para visitar un sitio
no conveniente, interiormente puedes recordar tu lema: “Pureza ante todo”.
Por ello, aunque parece algo sencillo, el lema es la
piedra de toque que te recordará todo tu programa de
vida, precisamente en los momentos de duda, de tentación, de
máxima dificultad.
Piensa bien el lema pues él te traerá a
la mente y al corazón todos los medios para alcanzar
la santidad en el momento preciso.
Algo que también te puede
ayudar es fijarte una virtud a conquistar que generalmente es
lo opuesto a las manifestaciones de tu defecto dominante. Escríbela
para tener siempre presente lo que quieres alcanzar.
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