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Autor: María Susana Ratero | Fuente: Ctholic.net Con María, y la enseñanza de la hemorroísa…
El manto de Jesús, tiene unos flecos que esperan el roce de tus dedos. No temas, confía. Jesús tiene para ti Palabras de vida eterna….
Con María, y la enseñanza de la hemorroísa…
En la Parroquia está comenzando la Misa. Mi corazón
sabe que escuchas mis súplicas, más, mi impaciencia se adelanta
siempre y pregunta más de lo que escucha…
La Lectura de la Palabra trae a mi corazón
tu respuesta, María, a través de la experiencia vivida por
una simple mujer, tan sencilla e ignorada que su nombre
no quedó en el corazón de los testigos. La Iglesia
la llamará “la hemorroísa”
Escucho que el sacerdote
lee: “Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y
gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez
estaba peor”
Y antes de que las preguntas
broten en el alma, me invitas, María a la orilla
del lago. Jesús desciende de la barca.
Uno
de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, suplica al
Maestro por su hijita. Jesús va con él. La multitud
le rodea y lo aprieta por todos lados.
Caminamos entre la gente. Te escucho, Madre.
-
Aunque veas muchos, no te inquietes. Para Jesús son “cada
uno”…
A nuestro lado camina la hemorroísa. Una
pobre mujer enferma y casi sin esperanza… Aún en medio
de su dolor piensa “Con sólo tocar su manto quedaré
curada”
- Mira tu propio corazón, hija mía-
dices, mostrándome caminos.
Busco en mi interior y
siento que mi corazón sangra tanto como el cuerpo de
la enferma…
El viento de la tarde tiene
compasión de mí y agita el manto del Maestro…
Y eso es lo que me presentas, María.
Un manto agitado por el viento. Unos flecos que
rozan mis dedos suplicantes…
No me atrevo a
aprisionar los flecos por temor a romper la tela.
- No temas, hija mía- siempre a mi lado,
Madre, siempre atenta- yo lo he tejido, sé lo que
alberga y lo que significa.
Estirar la mano y
tomar los flecos es un paso que debe dar mi
alma. Un paso de confianza serena y paciente espera.
Igual que la pobre mujer, yo también he gastado
todo lo que tenía buscando curaciones fáciles. Y lo que
tenía eran la gracia y la paz de Cristo. Mis
bienes eran mis dones y los malgasté. Al igual que
la pobre mujer, cada vez estaba peor…
Si
el camino no me lleva a Jesús, Madrecita, es malgasto
del alma.
Un manto y unos flecos. Pequeños
milagros en espera. Estiro una mano, sólo una, pues la
otra toma fuertemente la tuya, María
Y el
alma respira el milagro y el Maestro torna su mirada
y pregunta “¿Quién tocó mi manto?”
La pregunta
no es comprendida por los demás, únicamente por quien ha
recibido el milagro…
Y Jesús busca mis ojos.
Y siento necesidad de arrojarme a sus pies ¿Cómo? ¿Dónde?
Y te pregunto, Madre, y me respondes serenamente:
- La mujer, de rodillas, le confesó su verdad. Piensa,
hija ¿Dónde está mi Hijo en espera de que le
confieses la tuya?
Y mi alma ansía entonces
el Sacramento de la Penitencia. El milagro se ha completado.
Terminada la Misa busco al sacerdote pidiéndole el
Santo Sacramento.
Necesito escuchar, de Jesús, las mismas
palabras que oyera aquella pobre mujer:”Vete en paz, quedas curada”
Con el alma serena miro a mi alrededor,
buscando a mis amigas. Todas se han ido ya. La
parroquia queda en silencio.
Y me viene el
recuerdo de esa pobre mujer que mientras Jesús “todavía estaba
hablando llegaron unas personas de la casa del Jefe de
la Sinagoga ”
Todos partieron tras Jesús y
la pobre se quedó sola… Necesitaba hablar con alguien, pero
había quedado sola. Mi corazón te ve acercarte a ella,
María, acercarte y escucharla. Ella te cuenta su historia, sus
penas, hasta sus pensamientos, esos pensamientos que luego contarás a
los discípulos.
Cuando quedamos solos, María, Tu estás
allí, siempre… gracias… gracias… gracias…
Amigo, amiga que
has compartido conmigo este momento. El manto de Jesús, tejido
por María, tiene unos flecos que esperan el roce de
tus dedos. No temas, confía. Jesús tiene para ti Palabras
de vida eterna….
NOTA de la autora
"Estos relatos sobre María
Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación
por el amor que siento por ella, basados en lo
que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos
sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se
le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos
y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi
imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.
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