La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Marcelino de Andrés LC | Fuente: Catholic.net Dignos hijos de tal Madre
Madre de Dios y también Madre de todos los hombres. Ojalá, que los hombres valoren qué Madre les he regalado y la traten como se merece, a ejemplo de mi Hijo.
Dignos hijos de tal Madre
Allá por el principio de todos los tiempos, un ángel
particularmente avispado y vivaracho merodeaba curioso muy cerca de donde
la Santísima Trinidad estaba reunida en consejo. Se detuvo aguzando
sus “sentidos” y quedó enganchado por la curiosidad ante lo
que allí se estaba planeando.
El Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo, con encendida ilusión y haciendo pleno uso
de su infinita sabiduría, omnipotencia y amor, se daban a
la tarea de idear el proyecto creatural más sublime y
excelso que iba a salir de sus manos divinas.
Tendrá
una mirada limpia e intuitiva como la de los ángeles,
pues su alma será tan pura como ellos; y sus
ojos serán verdaderas ventanas al cielo, porque cielo será toda
su alma.
Su sonrisa lucirá irresistiblemente contagiosa, como trasparencia de
una felicidad interior plena y auténtica.
Su voz ha de
ser clara y agradable, casi mágica, pues a través de
ella inducirá a un sueño tranquilo a los niños, infundirá
consuelo, paz y confianza en los corazones atribulados y orientará
hacia el bien muchos pasos vacilantes.
Sus dos hermosas manos
serán capaces de multiplicarse en mil por lo hacendosas y
solícitas ante sus quehaceres y las necesidades de los demás.
El ángel, mientras escuchaba, daba rienda suelta a su vivaz
imaginación embelesado ante la imagen de esa creatura; y su
arrebato crecía a medida que iban añadiéndose detalles.
Su cuerpo,
además de una perfección y belleza sin par, tendrá que
ser de una resistencia extrema para soportar constantes desvelos, para
mantenerse en actividad de sol a sol, para comer muchas
veces a deshoras y otras tantas ni siquiera comer o
comer sólo a base de sobras…
Su corazón rebosará de
un amor inmenso, el amor más semejante y cercano al
nuestro que jamás haya existido ni existirá; y su capacidad
de sacrificio igualará a su capacidad de amar.
Cuando el
ángel oyó la palabra “sacrificio”, no pudo evitar encogerse de
alas y arquear las cejas en señal de incomprensión y
admiración.
La bondad será el sello distintivo de todos sus gestos,
palabras, actitudes y pensamientos. Su paciencia no habrá de tener
límites ya que vendrá puesta a prueba muchas veces, día
y noche. Su generosidad tampoco tendrá medida, puesto que quienes
se beneficiarán de ella serán innumerables.
De pronto, Dios Padre, que
desde el primer momento se había percatado del atrevimiento del
ángel, se volvió a él para interpelarlo. Pero éste, con
su agilidad y espontaneidad características, se le adelantó con una
pregunta:
-¿De quién se trata, Señor? ¡Dímero, por favor! Dios Padre, desarmado
ante la expresión de inocencia e interés de aquella creatura
angélica, respondió sin poder disimular su entusiasmo:
-Se llamará María y
será Madre de mi Hijo cuando se haga hombre; y
será, por tanto, Madre de Dios y también Madre de
todos los hombres. Por eso, en su honor, cada mujer
y madre que exista en la tierra será creada a
su imagen y semejanza.
Quiero, además, que mi Hijo pase con
ella la inmensa mayoría del tiempo que dure su vida
terrena -30 de sus 33 años- por dos motivos: primero,
para que en su progresivo aprender humano sea precisamente de
ella de quien aprenda todas las virtudes; y segundo, para
que Ella reciba de Él, durante el mayor tiempo posible,
el cariño del mejor de los hijos. Ojalá, que de
este modo, los hombres valoren qué Madre les he regalado
y la traten como se merece, a ejemplo de mi
Hijo.
Dicho esto, Dios Padre miró fijamente al ángel y tras
un gesto entre admirativo e interrogativo, esbozó una sonrisa y
le dijo:
-Vaya, al ver tu reacción, acabo de
percatarme de que en los ángeles también puede darse la
“envidia”… pero es de la buena. Haz que ese sentimiento
te lleve a ti y a tus demás compañeros ángeles
custodios, a ayudar a todos los hombres a ser dignos
hijos de tal Madre.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores