PRIMERA SEMANA
SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA
1ª Estación JESÚS
EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS
"Pase este cáliz de mí si
es posible, Padre eterno; mas no se haga la mía, tu voluntad
obedezco.
Crecieron tanto las ansias, que fue menester que luego, rompiendo un ángel
los aires, bajase a darle consuelo.
¡Ay, Jesús de mis entrañas, cómo habéis
venido a tiempo, que os consuelen siendo Dios las criaturas que habéis
hecho!
¿A dónde estáis, Virgen pura, que a vuestra falta los cielos un
ángel a Cristo envían? Llegad, y esforzadle presto.
Decidle: Dulce Hijo mío, cuando
ayunasteis, vinieron mil ángeles a esforzaros con soberano sustento.
Cuando nacisteis, bajaron dos mil
ejércitos bellos; y cuando vais a morir, uno solo viene a veros.
Limpiadle,
Virgen piadosa, la sangre con los cabellos; y pues le deja su
Padre, vea a su Madre a lo menos.
Id vos con ella,
alma mía, entrad también en el huerto, no sospechen que os quedáis con
el que viene a prenderlo.
Decidle: Dulce Jesús, aquí estoy al lado
vuestro, para padecer con vos, no para negaros luego.
Vámonos presos los dos, pues
vais por mis deudas preso; cinco mil son los azotes; muchos son,
partir podemos".
(Félix Lope de Vega y Carpio)
2ª Estación JESÚS
ES TRAICIONADO POR JUDAS Y ES ARRESTADO
"Vive de amor aquel
que, en frágil vaso, un tesoro divino, humilde, guarda.
¡Oh Jesús! ¡Oh
mi bien! ¡Cuál desfallezco!
No tengo, como el ángel, fuertes alas, y
caigo a cada paso; pero al punto Tú vienes hacia mí,
Tú te levantas y me abrazas, tal vez, y otra vez,
luego... desfallezco de amor, como la Amada".
(Santa Teresa de Jesús)
3ª Estación JESÚS
ES CONDENADO POPR EL SANEDRÍN
"Lo vi muy bien, aquel niño judío que
estaba esperando a que abriesen los hornos crematorios de Auschwitz...
Lo vi
muy bien, llevaba una túnica ligera ceñida con un cordón de esparto.
Tenía
doce años, la misma edad de Cristo, cuando se escapa de su
casa a discutir con los doctores del templo.
Puede que aquel niño fuese
el mismo Cristo... El Hombre que todos crucificamos.
(León Felipe)
4ª Estación JESÚS ES
NEGADO POR PEDRO
"Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del
profundo sueño; tú que hiciste cayado de este leño en que tiendes
los brazos poderosos;
vuelve los ojos a mi piadosos, pues te confieso
por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño tus
dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, que por amores
mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo
de rendidos eres; espera, pues, y escucha mis cuidados; pero, ¿cómo te
digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados?"
(Félix
Lope de Vega y Carpio)
5ª Estación JESÚS ES JUZGADO POR PILATOS
"Porque
para entrar en estas riquezas de la sabiduría de Dios-
escribe fray Juan de la Cruz-, la puerta es la
cruz, que es angosta. Y desear pasar por ella es
cosa de pocos".
En la cruz, escribió asimismo Santo Tomás
de Aquino, se nos dan "ejemplos de todas las virtudes:
amor, paciencia, humildad, obediencia, desapego de las cosas materiales".
La
cruz es la clave del evangelio, la llave de la
puerta santa del cielo.
La cruz es la gran escuela
del amor y la sabiduría de un Dios clavado y
abierto: "¿Pero cómo, clavado, enseñas tanto?/ Debe ser que siempre
estás abierto, ¡Oh Cristo, Oh ciencia eterna, Oh libro santo!"
(Lope de Vega)
6ª Estación JESÚS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS
"¡Oh
Jesús, Viña Sagrada!, lo sabes, mi Rey divino, soy un racimo dorado que
han de arrancar para ti.
Exprimida en el lagar del oscuro sufrimiento, yo
te probaré mi amor.
Mi único gozo será inmolarme cada día".
(Santa Teresita
de Lisieux)
7ª Estación JESÚS CARGA CON LA CRUZ
"No me mueve mi
Dios para quererte el cielo que me tienes prometido. Ni me
mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú
mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y
escarnecido. Muéveme ver tu cuerpo tan herido. Muévenme tus afrentas y tu
muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque
no hubiera cielo yo te amará y aunque no hubiera
infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te espere, porque
aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero,
te quisiera".
(Anónimo siglo XVI)
8ª Estación JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO
"Tú
me ofreces la vida con tu muerte y esa vida sin
Ti yo no la quiero; porque lo que espero, y desespero, es
otra vida en la que pueda verte.
Tú crees en mi. Yo
a Ti, para creerte, tendría que morirme lo primero; morir en Ti, porque
si en Ti no muero no podría encontrarte sin perderte.
Que de tanto
temer que te he perdido, al cabo, ya no sé qué estoy
temiendo; porque de Ti y de mí me siento huido.
Mas con tanto
dolor, que estoy sintiendo, por ese amor con el que me has
herido, que vivo en Ti cuando me estoy muriendo".
(José Bergamín)
9ª Estación JESÚS
ENCUENTRA A LAS MUJERES EN JERUSALÉN
"Dame tu mano, María, la
de las tocas moradas. Clávame tu siete espadas en esta carne baldía.
Quiero
ir contigo en la impía tarde negra y amarilla. Aquí en mi
torpe mejilla quiero ver si se retrata esa lividez de plata esa lágrima
que brilla.
Déjame que te restañe ese llanto cristalino, y a la
vera del camino permite que te acompañe.
Deja que lágrimas bañe la orla
negra de tu manto a los pies del árbol santo donde tu
fruto se mustia.
Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto. Qué
lejos, Madre, la cuna y tus gozos en Belén:
- No, mi
Niño. No, no hay quien de mis brazos te desuna.
Y rayos
tibios de luna entre las pajas de miel le acariciaban la piel sin
despertarle.
Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús
muerto a Enmanuel. ¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel desde
el marco del dintel te saludó: - Ave, María? Virgen ya de
la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto
a ti ese augusto itinerario. Para ir al monte Calvario, cítame en Getsemaní.
A
ti, Doncella graciosa, hoy maestra de dolores, playa de los pecadores, nido en
el que el alma reposa.
A ti ofrezco, pulcra rosa, las jornadas
de esta vía. A ti, Madre, a quien quería cumplir mi humilde
promesa.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María".
(Gerardo Diego)
10ª Estación JESÚS ES
CRCIFICADO
"En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi
carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de mi
cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies
cansados, cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las
tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando
en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no
tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo
de nada, huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego
que traía se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido
no pedirte nada. Estar aquí junto a tu imagen muerta e ir
aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu
santa puerta".
(Gabriela Mistral)
11ª Estación JESÚS PROMETE EL REINO AL BUEN
LADRÓN
"¡Oh maravillosa y nueva virtud! ¡Lo que no hiciste desde el
cielo servido de ángeles, hiciste desde la cruz acompañado de
ladrones!
Y no solamente la cruz, mas la misma figura
que en ella tienes, nos llama dulcemente a amor; la cabeza
tienes reclinada, para oírnos y darnos besos de paz, con
la cual convidas a los culpados, siendo tú el ofendido;
los brazos tendidos, para abrazarnos; las manos agujereadas, para darnos
tus bienes; el costado abierto, para recibirnos en tus entrañas;
los pies clavados, para esperarnos y para nunca poder apartarte
de nosotros.
De manera, que mirándote, Señor, todo me convida
a amor: el madero, la figura, el misterio, las heridas
de tu cuerpo; y, sobre todo, el amor interior me
da voces que te ame y que nunca te olvide
de mi corazón".
(San Juan de Avila)
12ª Estación JESÚS CRUCIFICADO, LA
MADRE Y E DISCÍPULO
"La tarde se oscurecía entre la una y
las dos, que, viendo que el Sol se muere, se vistió de
luto el sol.
Tinieblas cubren los aires, las piedras de dos en
dos se rompen unas con otras, y el pecho del hombre, no.
No
cesan los serafines de llorar con tal dolor que los cielos y
la tierra conocen que muere Dios cuando Cristo está en la cruz diciendo
al Padre: "Señor, ¿por qué me has abandonado?"
¡Ay Dios, qué tierna
razón! ¿Qué sentiría su Madre cuando tal palabra oyó viendo que Hijo dice que
Dios le desamparó?
No lloréis, Virgen piadosa, que, aunque se va vuestro
amor, volverá a verse con vos.
Pero como las entrañas que nueve meses
vivió, verán que corta la muerte fruto de tal bendición.
¡Ay Hijo! -la
Virgen dice-: ¿Qué madre vio como yo tantas espadas sangrientas traspasar su corazón?
¿Dónde
está vuestra hermosura? ¿Quién los ojos eclipsó donde se miraba el cielo como
de su mismo autor?
Partamos, dulce Jesús, el cáliz de esta pasión, que
vos le bebéis de sangre y yo de pena y dolor.
¿De
qué me sirve guardaros de aquel rey que os persiguió, si al
fin os quitan la vida vuestros enemigos hoy?
Esto diciendo la Virgen, Cristo
el espíritu dio. Alma, si no sois de piedra, llorad, pues la
culpa sois".
(Félix Lope de Vega y Carpio)
13ª Estación JESÚS MUERE EN
LA CRUZ
"¡Cristo de la Buena Muerte, el de la faz
amorosa, tronchada, como una rosa, sobre el blanco cuerpo inerte que en el
madero reposa!
¿Quién pudo de esa manera darte esta noble y severa majestad,
llena de calma? ¡No fue una mano, fue un alma, la que
talló tu madera!
Fue, Señor, el que tallaba tu figura, con tal
celo, y con tal ansia te amaba, que, a fuerza de amor,
llevaba, dentro del alma el modelo.
Fue el que tallarte sentía un ansia
tan verdadera, que en arrobos le sumía, y cuajaba en la madera lo
que arrobos veía.
Fue que ese rostro, Señor, y esa ternura al
tallarte, y esa expresión de dolor, más que milagros del arte, fueron milagros
de amor.
Fue, en fin, que ya no pudieron sus manos llegar
a tanto y desmayadas cayeron... ¡Y los ángeles te hicieron con sus manos
mientras tanto!
Por eso a tus pies postrado: por tus dolores herido de
un dolor desconsolado; ante tu imagen vencido
y ante tu Cruz humillado, siento
unas ansias fogosas de abrazarte y bendecirte; y ante tus plantas piadosas
quiero
decirte mil cosas que no sé cómo decirte... ¡Frente, qué herida de
amor, te rindes de sufrimientos
sobre el pecho del Señor, como los lirios
que, en flor, tronchan, al paso, los vientos! ¡Brazos rígidos y yertos,
por
tres garfios traspasados, que aquí estáis, por mis pecados, para recibirme, abiertos; para
esperarme, clavados!
¡Cuerpo llagado de amores, yo te adoro y yo te
sigo! Yo, Señor de los señores, quiero partir tus dolores, subiendo a la
Cruz contigo.
Quiero en la vida seguirte y por sus caminos irte alabando
y bendiciendo, y bendecirte sufriendo y muriendo, bendecirte.
Quiero, Señor, en tu encanto, tener
mis sentidos presos, y, unido a tu cuerpo santo, mojar tu rostro
con llanto, secar tu llanto con besos.
Quiero, en este santo desvarío, besando
tu rostro frío, llamarte mil veces mío... Cristo de la Buena Muerte!
Y
Tú, Rey de las Bondades, que mueres por tu bondad, muéstrame con
claridad la Verdad de las verdades que es sobre toda verdad.
Que mi
alma, en Ti prisionera, vaya fuera de su centro por la vida
bullangera: que no le lleguen adentro las algarazas de fuera;
que no ame
la poquedad de cosas que van y vienen; que adore la austeridad de
estos sentires que tienen sabores de eternidad;
que no turbe mi
conciencia la opinión del mundo necio; que aprenda, Señor, la ciencia de ver
con indiferencia la adulación y el desprecio;
que sienta una dulce herida de
ansia de amor desmedida; que ame tu Ciencia y tu Luz; que
vaya, en fin, por la vida como Tú estás en la
Cruz:
de sangre los pies cubiertos, llagadas de amor las manos, los ojos
al mundo muertos y los dos brazos abiertos para todos mis hermanos.
Señor,
aunque no merezco que tú escuches mi quejido, por la muerte que
has sufrido, escucha lo que te ofrezco y escucha lo que pido.
Al
ofrecerte, Señor, vengo mi ser, mi vida, mi amor, mi alegría, mi
dolor; cuanto puedo y cuanto tengo; cuanto me has dado, Señor.
Y a
cambio de esta alma llena de amor que vengo a ofrecerte, dame
una vida serena y una muerte santa y buena... ¡Cristo de la
Buena Muerte!
(José María Pemán)
14ª Estación JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO
"¡Qué
dulce sueño en tu regazo, madre, soto seguro y verde entre
corrientes rugidoras, alto nido colgante sobre el pinar cimero,
nieve en quien
Dios se posa como el aire del estío, en un
enorme beso azul, oh, tú primera y extrañísima creación de su
amor!
... Déjame ahora que te sienta humana, madre de carne solo,
igual que te pintaron tus más tiernos amantes, déjame que contemple
tras tus ojos bellísimos los ojos apenados de tu Hijo
Jesús,
permíteme que piense que posas un instante esa divina carga y me
tiendes los brazos, me acunas en tus brazos, acunas mi dolor, nombre que
lloro.
Virgen María, madre, dormir quiero en tus brazos hasta que Dios despierte".
(Dámaso
Alonso)
TERCERA SEMANA CUARTA SEMANA
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