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Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net No dejarse envenenar por el rencor
Pronto empezará la Cuaresma y sería bueno irnos "lavando" de palabras vacías, prejuicios, falsedades y de toda suciedad de la que estémos cubiertos.
No dejarse envenenar por el rencor
El Papa Benedicto XVI nos llama a la purificación, para
no dejar que el alma quede envenenada por el rencor.
A la necesidad de la purificación interior, como condición para
vivir la comunión con Dios y con los hermanos:
A
esto exhorta el Jueves Santo, a no dejar que el
rencor hacia los demás se vuelva veneno del alma. Nos
exhorta a purificar continuamente nuestra memoria, perdonándonos de corazón los
unos a los otros, lavándonos los pies los unos a
los otros, para poder dirigirnos todos juntos hacia el banquete
de Dios».
Día tras día estamos como recubiertos de suciedad multiforme,
de palabras vacías, de prejuicios, de sabiduría reducida y alterada;
una multiplicidad de falsedades se filtra continuamente en nuestro ser
más íntimo.
Todo esto ofusca y contamina nuestra alma, nos
amenaza con la incapacidad ante la verdad o el bien.
Si acogemos las palabras de Jesús con el corazón atento,
éstas se revelan cómo verdadera limpieza, y purificación del alma.
Caridad
y purificación son dos palabras que Jesucristo logró sintetizar con
el gesto del lavatorio de los pies a sus discípulos.
Si
acogemos las palabras de Jesús con el corazón atento, se
convierten en auténticos lavatorios, purificaciones del alma, del hombre interior.
A esto nos invita el Evangelio del lavatorio de los
pies: a dejarnos siempre de nuevo lavar por esta agua
pura, a ser capaces de la comunión con Dios y
con los hermanos.
Pero del costado de Jesús, tras el golpe
de la lanza del soldado, no sólo salió agua, sino
también sangre. Jesús no sólo habló, no sólo nos dejó
palabras. Se entrega a sí mismo. Nos lava con la
potencia sagrada de su sangre, es decir, con su entrega
"hasta el final", hasta la Cruz.
Su palabra es algo más
que simplemente hablar; es carne y sangre "por la vida
del mundo". En los santos sacramentos, el Señor se arrodilla
nuevamente ante nuestros pies y nos purifica. Pidámosle que seamos
cada vez más penetrados por el baño sagrado de su
amor y de este modo quedemos verdaderamente purificados.
Tenemos necesidad del
"lavatorio de los pies", el lavatorio de los pecados de
cada día, y por este motivo necesitamos confesar los pecados».
Tenemos que reconocer que también en nuestra nueva identidad de
bautizados pecamos. Tenemos necesidad de la confesión tal y como
ha tomado forma en el sacramento de la reconciliación. En
él, el Señor nos lava siempre de nuevo los pies
sucios y nosotros podemos sentarnos a la mesa con Él.
En
la misa en la Cena del Señor. 20 marzo 2008
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