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Autor: Ma. Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net ¡Qué no se nos acabe la paciencia!
Hay días que todo parece hecho para sacarnos de quicio. ¡Ayúdame, Señor! tu que sabes de la espera eterna, paciente y amoroso.
¡Qué no se nos acabe la paciencia!
Hay días que todo parece hecho para sacarnos de quicio.
Hay días que uno y mil detalles, pequeños quizá, nos
ponen con los nervios de punta y sentimos que la
paciencia se nos termina ante tanta contrariedad.
Hoy, Señor, es
uno de esos días....Por eso estoy aquí, porque necesito esa
virtud que tanto y tanto me cuesta... necesito que me
ayudes, que des sosiego a mi alma, paz a mi
mente que parece caballo desbocado y esa impaciencia me hace
mucho daño.
¡Ayúdame, Señor! tu que sabes de la ESPERA ETERNA
PACIENTE Y AMOROSO.
Al abrir los ojos ante un nuevo
día lo primero que debí hacer es poner mi mente
y mi corazón para darte gracias, después pedirte. Pedirte sin
temor de abrumarte. Es la manera de involucrarte en nuestro
diario vivir. Tu como Padre bueno nos escuchas y sabes
de todas nuestras necesidades, aún mejor que nosotros, pero quieres
que te lo pidamos y así hacemos un diálogo directo
contigo. "Pedid y recibiréis , llamad y se os abrirá"-
nos dices.
No siempre se cumplen nuestros deseos al pie
de la letra pero hemos de estar seguros que alguna
gracia nos llegará en lugar de aquello que pedimos con
todo el corazón y no se nos dio porque los
planes de Dios no siempre coinciden con los nuestros. Lo
que siempre debemos de pedir con gran fe es que
nos llene de paciencia para vivir el nuevo día que
se abre ante nosotros.
La paciencia es una virtud que
hace que soportemos los males con mucha más aceptación. Dicen
que la paciencia es más útil que el valor. Nos
da la cualidad de saber esperar con tranquilidad las cosas
que tardan en llegar y nos hace más llevadero todo
aquello que nos alcanza y nos hace sufrir: enfermedades, reveses
de fortuna, momentos de dolor y prueba, impotencia ante una
amarga situación, etcétera. Todo esto con paciencia será mejor llevado
y dará a nuestro diario vivir la paz anhelada.
Mil
cosas vendrán que pondrán a prueba nuestra dosis de paciencia.
Por eso hay que tener un verdadero caudal, fuente inagotable
de la que siempre podamos beber. ¡Qué no se nos
acabe la paciencia! porque si ella se nos termina rápidamente
ocupará su lugar en nuestra alma la desesperación, la irritación,
el mal modo, el abatimiento, el enojo y tal vez
la ira. La ira es uno de los pecados capitales
que más nos desgarra el alma, nos convulsiona, nos enloquece
hasta perder toda dignidad y compostura. Voy a ejercitar en
todas las cosas mi paciencia.
En este mundo actual es una
de las virtudes más difíciles de poseer y sin embargo
es de las más necesitadas precisamente por la forma de
vivir tan compulsiva y apremiante que tenemos.
La paciencia y la
paz van siempre unidas. En mi caminar por la vida,
si tu me ayudas Jesús, voy a encontrar y poseer
una paciencia a prueba de todo y la paz se
me dará por añadidura. Sé que no es fácil, ante
ciertas circunstancias y personas tener paciencia, pero hay que pedírtela.
Señor,
con todo el corazón y con esta petición veré que
crece y se fortalece. Ayúdame mi Señor, en todas las
pruebas que me salgan al paso.
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