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Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net Nostalgia de los cuartos vacíos
Se han ido con un equipaje, lleno de todo aquello que con amor les fuimos transmitiendo, en su corazón y en su mente.
Nostalgia de los cuartos vacíos
Hoy Jesús, traigo nostalgia en el alma.
Hoy Jesús, mis
ojos traen vaho de lágrimas, porque hay demasiado silencio en
mi casa y he venido aquí para que postrándome a
tus plantas sienta el consuelo de tu entrega, también de
tu desprendimiento a tantas cosas con la única resolución de
hacer la voluntad de tu Padre. Y me detengo un
momento a pensar ...¡ cómo hiciste el corazón de la
mujer, como hiciste el corazón de las madres!. Y hoy
te vengo a contar todos mis pensamientos, sentimientos y nostalgias....
La
mujer está en la política, en la ciencia, en la
comunicación, pero su esencia de mujer no la ha de
perder así como tampoco su ternura, su sensibilidad y el
percibir las cosas de manera diferente al hombre. Esto tiene
relación con el hecho de cómo sentimos las madres cuando
los hijos se van. Los padres lo asumen de distinta
manera y las horas fuera del hogar los distraen y
los confortan.
Las mujeres cuando nos convertimos en madres, pasamos por
etapas diferentes: la espera, los hijos pequeños, los hijos en
la adolescencia, los hijos jóvenes y cuando los hijos se
van. Suena esto a título de película, pero esto es
lo que en estos momentos nos ocupa y atañe. Cuando
los hijos se van.
Los hijos se van por diferentes
motivos. Porque se casan, por el trabajo, por lo estudios,
en fin, por el motivo que sea, pero llega un
tiempo en que se van. Parece que aún oímos las
risas, las conversaciones, las discusiones, el teclear de la máquina
de escribir o de la computadora ya muy entrada la
noche para entregar un trabajo al día siguiente en la
Universidad. Un suéter, un zapato, varios cuadernos dejados en el
sitio más inverosímil de la casa... Sus habitaciones no con
el orden que hubiésemos deseado y que siempre pedimos inútilmente,
el retrato del novio o de la novia... Calor y
color por todas partes, ruido, música, VIDA.
La casa tuvo
las habitaciones destinadas a ellos y se fueron transformando con
el paso de los años. Cuartos infantiles primero: muñecos de
peluche en las repisas y en el suelo, un elefante,
una avestruz, una pelota, un barco, un osito, una muñeca,
un avión. Después... fotografías, póster, banderines del equipo favorito, libros,
revistas, etcétera. Movimiento de entradas y salidas, llamadas telefónicas de
larguísimas conversaciones... En los fines de semana el vestido de
noche sobre una silla y el silencio de un profundo
sueño juvenil en las mañanas de los domingos.
Esos cuartos ahora
están vacíos. Muy en orden, con el orden que tantas
veces predicamos y que ahora nos duele. Quietos, callados. Entramos
en ellos con pasos quedos, quién sabe por qué y
recorremos con la vista las camas con sus colchas impecables,
todos los rincones... todo está en orden, todo está bien.
Levantaron el vuelo. Se fueron del nido. Se fueron del
nido que los cobijó por años. Nosotros, sus padres, los
enseñamos a volar y se fueron.
Van a volver pero
nada será igual. Regresarán hombres y mujeres forjados en el
diario vivir. Con sus vidas propias y manejadas a su
manera. Están comenzando la más seria y profunda experiencia, igual
que nosotros lo hicimos.
Tenemos que retirarnos de la presencia
activa en sus vidas y pasar a ser la parte
contemplativa de sus existencias y sus proyectos. Se han ido
con un equipaje, lleno de todo aquello que con amor
les fuimos transmitiendo, en su corazón y en su mente.
Muchas de "esas cosas" estarán dormidas hasta que ellos sean
padres... Llevan como escudo, para todos los infortunios que la
vida les depare, su fe en Dios y su amor
a Él. Los forjamos en el deber y en el
afán de la excelencia para emprender toda clase de experiencias
y sabrán dar amor porque amor les dimos.
En el abrazo
se llevan nuestro corazón, pero después abrimos los brazos y
los vemos partir...para que la VIDA los reciba.
Los recuerdos
son de "otros tiempos". La nostalgia es el presente de
los cuartos vacíos.
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