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Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net En nosotros está la lámpara maravillosa
Todos poseemos esa lámpara pero tal vez, no tiene aceite, está apagada, inservible. Está dentro de nosotros y hoy es el momento propicio para buscarla.
En nosotros está la lámpara maravillosa
Son tardes de lluvia pero ha dejado de llover.
Miramos
la calle y parece que se ha roto un gigantesco
espejo y sus pedazos, en el suelo, reflejan trozos de
un cielo azul muy pálido. La tarde tienen algo de
magia que nos hace meditar.
Nos viene a la mente un
cuento de la infancia en que un humilde muchacho, llamado
Aladino, tenía una lámpara que en un principio creyó inservible
pero cuando la hizo brillar surgió de ella un gran
Genio que le concedió todos sus deseos. Era la lámpara
maravillosa y en muchas ocasiones hemos deseado poseerla.
Pues bien, todos
poseemos esa lámpara pero tal vez, como la del cuento,
no tiene aceite, está apagada, inservible.
Está dentro de nosotros y
hoy es el momento propicio para buscarla.
Ya la encontramos.
¿Por qué no le ponemos un poco de aceite? ¿Por
qué no la encendemos? ¿Lo intentamos?
Cuando ella brille se nos
cumplirán todos nuestros deseos.
Tal vez le falta el aceite de
nuestra sonrisa. Sonriamos y veremos cómo brilla. Dicen que una
sonrisa vale más que todo el oro del mundo...
O tal
vez... le falte el aceite de la esperanza, ese aceite
que hará que nuestra vida tenga un por qué.
Y...quién
sabe si no logramos hacerla brillar porque el bálsamo o
aceite del perdón ¡nos cuesta tanto!...¡nos resistimos a ponérselo! Encendámosla
con él y un milagro se realizará en nuestras vidas.
Perdonemos
aunque esté abierta la herida. Perdonemos aunque tengamos sabor a
hiel en la boca que nuestro corazón sabrá de la
dulzura del perdón. Perdonemos y la lámpara brillará y su
luz dará calor a nuestra existencia.
Tal vez nuestra lámpara
necesite tan solo del aceite de la diligencia y alegría.
Si se lo ponemos nos levantaremos cada día optimistas y
felices. Trabajaremos de la mañana a la noche poniendo nuestro
máximo esfuerzo en lograr la excelencia. Tal vez esos trabajos
no nos sean muy gratos pero son nuestro deber, después
buscaremos algo de nuestro gusto y le daremos un lugarcito
en el día para poder dedicarnos a ello.
No dejemos pasar
las horas sin hacer algo.
Llenemos nuestros días y nuestra
lámpara brillará con nuevos destellos para nosotros y para los
demás. Tenemos que hacer el esfuerzo para vivir esa magia.
Busquemos dentro de nosotros y sabremos qué es lo que
necesita nuestra lámpara para brillar y con su luz alcanzaremos
a ver y a encontrar muchas cosas que ahora nos
están negadas.
Que el aceite del amor sea el principal ingrediente
para que su luz llene toda nuestra existencia y nuestros
actos. Esa lámpara maravillosa que Dios puso en nuestro corazón
no la dejemos arrinconada y sucia, si queremos que con
ella se cumplan nuestros deseos la debemos pulir y no
dejar apagar su llama.
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