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Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 5. La Iglesia de Antioquía. Emociones a montón
En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos.
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San
Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008
al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el
Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que
Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los
lunes y martes realizaremos un modesto programa que pretende dar
a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma
sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce
clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente
de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar
por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite
a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
_______________________________
Un día del año
40 ó 41 se armó un serio revuelo en la
primera iglesia de Jerusalén.
-¿Ya saben la noticia? Dicen que
en Antioquía se ha formado una nueva comunidad de prosélitos,
de piadosos y hasta de paganos. Todos creen en el
Señor Jesús. Y dicen que hasta se manifiesta el Espíritu
realizando en ellos grandes prodigios.
Total, que los apóstoles tomaron
cartas en el asunto, y ordenaron a Bernabé, discípulo judío
de Chipre, bondadoso, querido de todos, lleno del Espíritu Santo,
y le encomendaron:
-Vete a Antioquía. Entérate bien de todo,
y nos mandas informes.
La primera impresión de Bernabé fue
una admiración profunda, acompañada de una enorme alegría:
-Pero, ¿qué
esto? ¡Aquí está la mano del Señor! ¡Tantos creyentes, venidos
del paganismo! No se circuncidan, pero, ¡lo unidos que viven!...
(Hch 11,19-30)
¿Cómo era posible tal prodigio, precisamente en Antioquía de
Siria, una ciudad corrompida de veras, la más grande del
Imperio después de Roma y Alejandría?Aquellos misioneros ambulantes, surgidos de
Jerusalén cuando la muerte de Esteban, anunciaron a Jesús en
Antioquía y se llegó a formar aquella iglesia tan esperanzadora.
Bernabé no puede con su gozo. Aunque no se cree
capaz de llevar él solo la organización de una comunidad
tan numerosa y tan complicada también, de cristianos judíos, de
prosélitos y de griegos o paganos.
Y fue entonces cuando
tomó la decisión, que ya sabemos, de ir personalmente a
Tarso para traerse consigo a Pablo.
Pasan juntos un año
trabajando en la grande y bella ciudad. Un año en
que sucedieron, tres acontecimientos señaladísimos.
Ante todo, con la
actividad de Bernabé y el impetuoso Pablo, se unió a
la Iglesia “una gran muchedumbre”. Así lo dicen literalmente los
Hechos: “una gran muchedumbre”.
Después, algo que nos entusiasma y
casi nos hace saltar las lágrimas de los ojos cuando
lo leemos al pie de la letra: “En Antioquía fue
donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de
cristianos”.
¿Quién fue el pagano que tuvo la ocurrencia de
llamar así a los seguidores de aquella nueva secta de
los judíos?...
¡Cristianos! Esos que siguen a ese tal que
ellos llaman Cristo... Así recibimos el nombre que constituye nuestro
mayor orgullo.
El otro hecho fue doloroso, pero emociona
al ver el amor de hermanos que entraña. Un cristiano
- sí, ¡un cristiano!, así nos vamos a llamar ya
siempre -, de nombre Ágabo, dotado del don de profecía,
se levantó en la asamblea, y exclamó lleno del Espíritu
Santo:
-Hermanos, va a venir una gran hambre sobre toda
la tierra, en todo el Imperio.
El hambre se cebó
especialmente en Judea, y los cristianos de Antioquía determinaron:
-¡Recursos
para los hermanos de Judea! Que cada uno dé según
sus posibilidades.
Fue mucho lo que se recogió, y determinaron
que fuesen Bernabé y Pablo los que llevaran personalmente aquel
auxilio a los hermanos de Jerusalén.
Corría el año 44.
Y los dos enviados depositaron tan hermosa ofrenda a los
pies de los presbíteros de la iglesia madre. Eran los
días en que los apóstoles sufrían la persecución en Jerusalén,
cuando el rey Herodes Agripa mandó decapitar a Santiago y
encarceló a Pedro para ejecutarlo también.
En aquellas circunstancias de persecución
sobre los apóstoles, Pablo y Bernabé no se detienen en
Jerusalén y regresan pronto a Antioquía, donde pronto se va
a realizar un hecho de importancia grandísima (Hechos 13,1-3)
Se hallaban
todos en asamblea cristiana, presidida por maestros y profetas como
Simeón el Negro, Lucio de Cirene, Manahem, hermano de leche
de Herodes Antipas - el rey que mandó decapitar a
Juan el Bautista, - además de Bernabé y Pablo.
Celebraban
el culto, y se alzó la voz de un espontáneo,
dotado del don de profecía:
“¡Sepárenme a Bernabé y a
Pablo para la obra a que los tengo llamados!”.
Se
adivinó clara la voz del Espíritu Santo, y fue obedecida
prontamente.
-¿A dónde hay que ir?... Oraron todos, ayunaron,
y encomendaban el asunto al Cielo mientras los dos elegidos
escogían el primer puesto de misión.
Bernabé era judío helenista
de Chipre, y decidieron, como lo más práctico y como
la mejor prueba, empezar por esa isla. De allí darían
el salto Asia Menor en el continente.
La iglesia de
Antioquía fue la primera en sentirse misionera, diríamos, de manera
oficial.
Sus dirigentes impusieron las manos a los dos elegidos,
mientras todos los despedían emocionados:
-¡Vayan! ¡Lleven a todas partes
el nombre del Señor Jesús!...
¡Qué escena tan emotiva, repetida
después mil veces en la Iglesia a través de los
siglos!
San Gregorio Magno, al enviar misioneros desde Roma a Inglaterra:
-¡Vayan al país que nos manda a esos hombres rubios
que parecen ángeles!...
Francisco de Asís a sus frailes: -¡Hermanos! A
Marruecos, a convertir a los mahometanos o a sufrir el
martirio!
Jordán de Sajonia, sucesor de Domingo de Guzmán, a los
primeros dominicos: -¿Quién quiere ir a las misiones extranjeras?... Y
todos los presentes, arrodillados y generosos: -¡Padre, mándeme a mí!
Ignacio
de Loyola: -¡Maestro Javier! ¡Maestro Rodrígues!, Dios los quiere en
la India… ¡José Anchieta, marcha a Brasil!
El Padre Colin: -Bataillon,
Pedro Luis Chanel, Mis hermanos Marianistas: ¡Oceanía les espera con
sus islas innumerables!…
Así han sido, y así todavía siguen
siendo todos los envíos de misioneros y misioneras de la
Iglesia, y esto se les dice cuando se les impone
el Crucifijo.
Y así lo haremos siempre, imitando el gesto
que nos enseñara la iglesia antioquena con el envío de
Pablo y Bernabé…
Todo esto de Antioquía nos los escribe Lucas,
el querido Lucas, médico antioqueno, pagano convertido, testigo de muchas
cosas que narra de aquella iglesia envidiable.
Escapado de Jerusalén cuando
Dios lo libera milagrosamente de la cárcel, Pedro tendrá también
en Antioquía - al menos temporalmente -, su cátedra de
primado de la Iglesia.
Esta Iglesia dará después grandes Santos, como
Juan Crisóstomo; pero, ante todo, Ignacio de Antioquía, una de
las figuras más queridas de la antigua Iglesia, y que
en estos días era un simple muchacho, discípulo de los
apóstoles, entusiasmado por Jesús y su Iglesia.
¡Antioquía! Ciudad e
Iglesia de tantos recuerdos cristianos…
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en
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