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Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 12. Algo más sobre el Imperio. Situación social y moral
En este mundo se va a meter el Evangelio para transformarlo y hacerlo digno de Dios.
Una aventura en la cual pocos podían creer.
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San
Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008
al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el
Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que
Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los
lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar
a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma
sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce
clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente
de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar
por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite
a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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Roma había conquistado a
Grecia por las armas.
Pero Grecia conquistó a Roma con
su cultura.
La cultura griega se había adueñado de Roma
y de todo el Imperio.
Después de conocer algo sobre
la religión en el Imperio, hay que mirar algunas notas
sobre la cultura grecorromana.
Habían desaparecido los sabios de la
Grecia clásica, Séneca, Aristóteles, Platón y las demás lumbreras de
la filosofía antigua.
Ahora abundaban los retóricos, con maestros ambulantes.
Vistiendo togas de sabios profesionales se colocaban en el ágora
o plaza pública, en las esquinas de los mercados, o
apegados a las columnas de las calles principales.
Junto a
algunos más serios, la mayoría se dedicaban a hablar, charlar,
no decir nada…
Las dos corrientes filosóficas principales eran
la de los estoicos, severa, y la de los epicúreos,
más acomodaticia.
Con todos los fallos que les podamos suponer,
ambas corrientes tenían pensadores serios, con doctrinas morales no siempre
descarriadas, sino altamente morales.
Como un Séneca, que escribía: “En
nosotros hay un santo espíritu que observa y vigila nuestros
pensamientos, buenos y malos. Si haces algo honroso, lo puede
saber todo el mundo; pero si haces algo vergonzoso, ¿de
qué te sirve que no lo sepa nadie, si lo
sabes tú mismo?”.
Con la cultura griega entraron en el Imperio
tanto el teatro como los juegos olímpicos.
Hasta hoy nos
quedan las ruinas gloriosas de teatros, donde se desarrollaban variadas
actividades culturales, comedias, óperas, tragedias…
Los estadios y las palestras,
que son una maravilla de construcción, servían para los
pugilatos y todas las actividades deportivas.
Lo malo fue que,
en la Roma del Imperio, los juegos degeneraron en los
espectáculos del circo, con sus ríos de sangre y sus
diversiones inmorales. El pueblo llegó a vivir del grito:
-¡El
pan y las fieras! ¡Queremos comer y divertirnos!
Y como
para los espectáculos del circo se necesitaba material humano, eran
enormes las cantidades de esclavos y de prisioneros de guerra
que se lanzaban a los leones y toda especie de
fieras.
La palabra “esclavos”, que acabamos de pronunciar, nos
lleva a un punto especialmente trágico.
En el Imperio había
muchos más esclavos que hombres y mujeres libres, y la
situación del esclavo era sumamente dolorosa. El esclavo no tenía
ningún derecho. Era un objeto, no una persona, a la
que se le daba de comer sólo para que
siguiera trabajando.
Por poner un ejemplo nada más de lo
que era la esclavitud.
Aquel esclavo había cometido el crimen de
matar al Prefecto de Roma. Como castigo, fue sentenciado a
muerte junto con los cuatrocientos esclavos más que tenía el
amo.
Esto era la esclavitud y ésta la situación del
esclavo.
Aunque es cierto que eran también muchos los amos
que tenían sentimientos muy nobles para con sus esclavos, y
se conservan de esto recuerdos históricos bellísimos.
No hay historia
de aquellos tiempos que no se meta con especial interés
en la situación moral del Imperio.
La familia romana
era seria, y el marido y padre era jefe absoluto.
La mujer tenía dignidad, era apreciada, y llegó un momento
en que gozó de una libertad completa. Demasiado completa...
Un
escritor latino dice con sentido de humor que las matronas
romanas contaban los años por los maridos que habían tenido…
Exagerado cuanto queramos, pero fiel reflejo de una situación moral
prácticamente desastrosa.
Está, por ejemplo, el caso del gran Emperador
César Augusto, el cual hubo de mandar al destierro a
su propia hija porque era una descarada completa, a pesar
de haber tenido tres maridos y varios hijos.
La mujer
griega tenía una condición social muy diferente. Vivía muy sujeta,
demasiado. Aunque al final llegó a Grecia la libertad de
la mujer romana, y la griega alcanzó un nivel de
libertad muy apreciable.
En Grecia, como después en Roma, estaba
la clásica “étaira”, la de otro, la mujer libre dedicada
exclusivamente al placer, a ser mujer hoy de uno y
mañana de otro diferente.
En la vida de Pablo veremos
cómo pudo contar con la colaboración libre y desinteresada de
mujeres griegas como Lidia la de Filipos y tantas otras
que aparecen en sus cartas con verdadero protagonismo. Eso no
se compaginaba con la sujeción esclavizante anterior.
¿Y qué decir del
hombre en la vida familiar y social? Ya es de
suponer. Al hombre no le ataba nada ni nadie. Para
saber la moralidad del hombre, mejor que acudir a cualquier
historiador pagano, basta leer al mismo Pablo en el primer
capítulo de la carta a los de Roma. No había
vicio en el cual el hombre no se pudiera cebar.
Deshecha la unión familiar, el mundo moral grecorromano ofrecía un
aspecto lamentable por demás.
Sin embargo, se ha hecho una
observación muy atinada por historiadores objetivos. No hay que exagerar demasiado.
En muchas partes del Imperio, que era muy grande, los
campesinos sobre todo estaban aferrados a costumbres suyas muy sanas.
Había
mucha cosa mala en la sociedad libre, pero se notaba
también por doquier un ansia grande de renovación.
Así lo
demostraban, por ejemplo, los muchos simpatizantes con la religión judía,
la única religión seria y de moral exigente.
Al entrar ya
con Pablo en las partes centrales del Imperio ─desde Filipos
al principio, para acabar en Roma─, conviene tener presente el
cuadro que ofrecían las diversas religiones, la cultura, la cuestión
social con la esclavitud, las costumbres morales…
En este mundo
se va a meter el Evangelio para transformarlo y hacerlo
digno de Dios. Una aventura en la cual pocos podían
creer. Pero Dios se iba a salir con la suya…
Puedes encontrar todas las reflexiones
anteriores de San Pablo en esta dirección.
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