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Autor: Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net Él vino a Belén para quedarse con nosotros para siempre.
Adviento. Jamás debemos sentirnos solos. Dios está cerca de nosotros, se ha hecho uno de nosotros, naciendo de María.
Él vino a Belén para quedarse con nosotros para siempre.
Un Adviento de esperanza
"El reino de Dios está
cerca. Estad seguros: no tardará"
Estas palabras, expresan el
clima, impregnado de ferviente esperanza y oración, de nuestra preparación
para las fiestas navideñas, ya cercanas.
El Adviento mantiene viva
la espera de Cristo, que vendrá a visitarnos con su
salvación, realizando en plenitud su reino de justicia y paz.
La conmemoración anual del nacimiento del Mesías en Belén renueva
en el corazón de los creyentes la certeza de que
Dios cumple sus promesas. Por tanto, el Adviento es un
fuerte anuncio de esperanza, que toca en lo más hondo
nuestra experiencia personal y comunitaria.
Todo hombre sueña un mundo
más justo y solidario, donde unas condiciones de vida dignas
y una convivencia pacífica hagan armoniosas las relaciones entre las
personas y entre los pueblos. Sin embargo, con frecuencia no
sucede así. Obstáculos, contrastes y dificultades de diversos tipos abruman
nuestra existencia y a veces casi la oprimen. Las fuerzas
y la valentía para comprometerse en favor del bien corren
el riesgo de ceder ante el mal, que parece triunfar
en ocasiones. Es especialmente en estos momentos cuando viene en
nuestra ayuda la esperanza.
El misterio de la Navidad, que
reviviremos dentro de pocos días, nos asegura que Dios es
el Emmanuel, Dios con nosotros. Por eso, jamás debemos sentirnos
solos. Dios está cerca de nosotros, se ha hecho uno
de nosotros, naciendo de María. Ha compartido nuestra peregrinación en
la tierra, garantizándonos la alegría y la paz a las
que aspiramos en lo más íntimo de nuestro ser.
Al
hombre, que busca la comunión con Dios, el Adviento, y
sobre todo la Navidad, le recuerda que es Dios quien
tomó la iniciativa de salir a su encuentro. Al hacerse
niño, Dios asumió nuestra naturaleza y estableció para siempre su
alianza con la humanidad entera.
Por consiguiente, podríamos concluir que
el sentido de la esperanza cristiana, que el Adviento nos
vuelve a proponer, es el de la espera confiada, la
disponibilidad activa y la apertura gozosa al encuentro con el
Señor. Él vino a Belén para quedarse con nosotros para
siempre.
Alimentemos, por tanto, amadísimos hermanos y hermanas, estos días
de preparación inmediata para la Navidad de Cristo con la
luz y el calor de la esperanza.
¡Feliz Adviento! y
¡Feliz Navidad a todos!
Fragmento tomado de la Audiencia
general del miércoles. Diciembre de 2003.
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