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Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras
Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos necesitan
Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras
Estamos en tiempo de Adviento, tiempo santo de preparación
para la Navidad.
Siempre que vamos a tener un gran
acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en
los tiempos antiguos para la llegada del MESÍAS. Así nosotros
hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en
que celebraremos la llegada del Niño-Dios.
Esto es una conmemoración,
pero también se nos pide una preparación muy especial para
la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada
Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos
sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz.
El día en que hemos e morir es el acontecimiento
más grande e importante para el ser humano. No resulta
agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez
por ser lo único cierto que hay en nuestra vida:
la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en
la alegría de una hermosa Navidad. Pero no olvidemos que
este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún
no llega, pero ... llegará. "Velen, pues, y hagan oración
continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del
Hombre" - estas son las palabras de Jesús a sus
discípulos, en aquellos tiempos según San Juan 21, 25-28,34-36 y
nos las están repitiendo continuamente en nuestro presente.
Dejemos de
poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más
en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el
Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio
nos hace estremecer.
Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados
con gran misericordia y amor si en este tiempo de
Adviento nos preparamos "rebosante de amor mutuo y hacia
los demás" -como dice San Pablo en su carta a
los tesalonicenses: 3,12, 2-4 "porque tuve sed y me disteis
de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer"...
Pensemos
en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro
pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos
necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos
hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una
palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en
nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos
estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro
Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a
nuestras pobres acciones los méritos de su Pasión y muerte.
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