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Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net Si Dios me concediese ver mi alma...
En toda su pobreza y en toda su riqueza, descubriría que está envuelta por un Amor inmenso, misericordioso, magnífico.
Si Dios me concediese ver mi alma...
Si Dios me concediese ver mi alma tal cual es,
quizá sentiría una pena profunda al descubrirla tan llena de
egoísmo, de maldad, de pecados. Quizá me dominaría un sentimiento
de terror ante tanta oscuridad, tanta miseria, tantas cobardías.
Pero si
Dios me concediera ver mi alma plenamente, en toda su
pobreza y en toda su riqueza, descubriría también que está
envuelta por un Amor inmenso, misericordioso, magnífico. Vería con claridad
que Dios me ama.
Me ama, porque me ha creado. Me
ama, porque me ha redimido. Me ama, porque conoce que
soy débil. Me ama, porque quiere sacarme del pecado. Me
ama, porque me ha enseñado el camino del Reino. Me
ama entrañablemente, con amor de Padre, y por eso me
pide que también yo empiece a amar a mis hermanos.
Debe
ser una gracia maravillosa: descubrir que Dios, Amor, está más
dentro que lo íntimo de mi alma, y que está
por encima de lo más alto de mis pensamientos. Lo
decía san Agustín, y podemos experimentarlo cada uno si podemos
ver, desde la luz del Espíritu Santo, nuestra propia alma.
Si
Dios me concediese ver mi alma tal cual es, le
pediría simplemente que me ayudase a fijarme más en su
mirada que en mis miserias. Y que me concediese también
la gracia de poder susurrar, los días que me queden
de vida, a tantos corazones que están a mi lado
que también ellos tienen en los cielos un Padre misericordioso
que los busca, que los espera, que los ama.
Su mirada
sostiene mis pasos. Su amor explica mi vida. Su verdad
me enseña el camino. Su misericordia perdona mis pecados. Su
justicia me pide acabar con el egoísmo. Su paciencia salva
muchas almas y me pide un poco de paciencia y
comprensión para ese familiar, ese amigo, esa persona que me
ha hecho tanto daño...
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