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Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net Amen a sus enemigos... ¡Qué difícil Señor!
Hoy a tus pies traigo un corazón que se resiste a perdonar. El dolor que le causaron fue tan fuerte, que alcanzó gravedad de tragedia para mi corazón y para mi vida...
Amen a sus enemigos... ¡Qué difícil Señor!
Hoy ante ti, Jesús Sacramentado, recordamos tus palabras: "Ama a
tus enemigos.." Un mandamiento nuevo, era algo que rebasaba
toda doctrina, toda ley. Era algo que estremecía las entrañas
y el corazón, era algo que sobrepasaba todo sentimiento humano
para llegar a tocar lo que naturalmente no correspondía a
nuestro sentir, a nuestro apasionado corazón y razón cuando alguien
o algo nos daña...
Jesús, nos pedías algo que tu sabías
qué difícil y "cuesta arriba" es para nuestro corazón otorgar
el perdón, pero...sabías que tus palabras iban a tener ejemplo
y respuesta a esta petición cuando en la cruz dirías:
- ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!... y
por eso tus palabras: - Han oído ustedes que se
dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amen a sus enemigos,
hagan el bien a los que los odian y rueguen
por los que los persiguen y calumnian, para que sean
hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol
sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia
sobre los justos y los injustos. Porque si ustedes aman
a los que los aman, ¿qué recompensa merecen ¿no hacen
lo mismo que los publicanos?. Y si saludan tan solo
a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario, ¿no hacen eso
mismo los paganos?. Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre
celestial, es perfecto. (Mateo 5,43-48)
Jesús, hoy a tus pies traigo
un corazón que se resiste a perdonar. El dolor que
le causaron fue tan fuerte, que alcanzó gravedad de tragedia
para los sentimientos y para mi vida... ¡ten compasión de
mí! ¡Ayúdame para que poco a poco la paz vaya
entrando en mi corazón y pueda, con tu apoyo, otorgar
ese perdón que tu pides.
Pero tal vez mi corazón
no tenga heridas tan profundas sino que esté lleno de
rencillas, de palabras mal interpretadas, de antipatías gratuitas, de que
no se por qué.... "pero no me cae bien", no
soporto a "esa" persona, guardo pequeños rencores sin una causa
real...de una palabra, de una mirada, de algo que no
me gustó y me cayó mal... de una rivalidad... de
una envidia... ya no nos hablamos... que ella o él
de "su brazo a torcer" ¡yo no!.
Jesús, manso y
humilde de corazón, dime ¿qué dices de este corazón que
aún no ha aprendido a perdonar y no solo eso
sino que no sabe orar y rogar para que, olvidando
tanta pequeñez y tontería, sea generoso y pida por ella
o por él?
Quiero paz, Señor, esa paz tan hermosa que
tu sabes dar al corazón, al alma que se libera
de la esclavitud de todos esos mezquinos sentimientos, porque ya
empezó a amar como tu nos amas olvidando y perdonando
todas nuestras faltas.
Quiero ser grande, volar muy alto, que
por amor a ti no me importen tanto las cosas
pequeñas de este mundo... parecerme a ti que sabes amar
dando todo por nada, ayúdame, Señor. Amén.
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