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Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net Te amo Señor...¡pero no lo grito!
Si he conocido lo que es amarte... ¡cómo es posible que no lo grite y a veces hasta guarde silencio!
Te amo Señor...¡pero no lo grito!
Hoy es jueves, Señor, y al saber que me estás
esperando me he sentido indigna de ese amor, de ese
beneficio...
Yo te amo, Señor, pero a veces siento que
soy avara de ese amor... que no pienso, que no
reparo, que si he conocido lo que es amarte... ¡sea
posible que no lo grite a los "cuatro vientos"! Y
no solo que no lo grite sino que guarde silencio
a veces por respeto humano, porque no se sonrían burlonamente,
por no entrar en discusión....porque no me tachen de "mocha"...¡Qué
gran cobardía! ¡Perdón, mi amado Jesús !.
El Papa Benedicto
XVI nos lo pide. La Iglesia nos lo pide y
Tu mi Jesús Sacramentado, nos lo pediste desde hace muchos
siglos... pero no nos animamos a dar la respuesta con
decisión, con una postura radical y valiente.
La respuesta tiene
que ser ahora y desde este momento.
Tenemos un serio y
grave compromiso, como hijos de Dios, de ser verdaderos apóstoles.
Este
compromiso me enfrenta primero, con los más cercanos, con los
seres que me rodean, con las personas que forman mi
familia y mi entorno.
En todo momento, tu nos pides,
Señor, que estemos "en pie de lucha", que quiere decir
que no deje pasar la ocasión para acercarme a quién
pudiera sentir o pensar que me necesita.
Solemos decir: -
" No, yo no me meto... yo no digo nada,
cada quién su vida"... Es cierto que a veces no
es fácil abordar o penetrar en la forma de vivir
de las personas, pero si están muy cerca de nosotros,
tal vez no sea tan difícil buscar la ocasión para
poder brindarle, a esa persona, nuestro apoyo y consuelo, hablándole
de Dios, del amor que nos tiene, de que trate
de encontrar o recuperar esa fe que no se sabe
en qué momento se perdió.... y orar, orar mucho por
esa persona, ante Ti, ante este misterio de amor que
nos brindas diariamente ¡oh, tu mi Jesús Sacramentado!.
Tu nos
oyes siempre y la oración puede no cambiar las cosas...
pero si cambia los corazones y la forma de ver
las cosas.
Ya no podemos decir: - "Eso hay que
dejárselo a los sacerdotes". Los sacerdotes son pocos y la
mies es mucha.
No dejes que lo olvidemos....ha llegado nuestro momento.
Si
estamos convencidos de que tenemos la VERDAD, en nuestra religión
católica, es indispensable que esa VERDAD, la trasmitamos con el
mismo ardor, con muchísimo más ardor que invitamos y casi
empujamos a los amigos animándolos para que vayan a ver
una obra de teatro o película, que nos pareció excelente
o que no se pierdan un paseo o lugar sensacional
porque los queremos y deseamos que disfruten tanto como nosotros
lo disfrutamos...
Seguirte a Ti, mi Jesús, es una aventura
tan maravillosa para el ser humano que en ello hemos
de poner toda la fuerza de nuestra existencia.
Seguirte a Ti,
mi Jesús, es participar de la verdad sublime de sabernos
hijos de Dios y herederos del Cielo... pero no para
nosotros solos...
No tengo que tener miedo o reparo de hablar
de Dios, de Ti, Jesús, de la Santísima Virgen a
los demás....Hay tanta ansia en el corazón de los hombres
y mujeres de encontrar un camino....y nosotros les podemos hablar
te ti, del único Camino, del que dijo:- " yo
soy la luz, yo soy el camino, la verdad y
la vida, quién cree en mí no morirá". ¡Qué triste
no compartir, no participar a los demás de esa grandeza
de amor que ciega la vista por ser más luminosa
que el mismo sol...!
Hemos de ser valientes con nuestra fe
y proclamarla.
Ayudanos, Jesús para hablar con los que nos
rodean, de esta "gran experiencia" que aún en medio de
los sufrimientos o infortunios, nos traerá la paz en nuestro
diario caminar por la vida.
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