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Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net Ante Ti, Jesús, recordando el sepulcro vacío
Allí descansó tu cuerpo sin vida, envuelto en blanco sudario. Allí te quedaste solo... solo, como se quedan los muertos.
Ante Ti, Jesús, recordando el sepulcro vacío
Hoy es jueves, Señor, y como siempre vengo a estar
un rato contigo. Tu eres alimento para los que tenemos
hambre de ti, tu eres consejero para los que venimos
en busca de luz en nuestro diario vivir, tu eres
el amigo fiel, el que nunca traiciona, el que sabe
esperar, el que sabe oír...tu lo sabes todo pero te
gusta nuestra compañía y que te vengamos a decir nuestras
cosas...
Y me quedo recordando... Tu, Jesús, estuviste acompañando a nuestro
Papa Benedicto XVI, en su viaje a Tierra Santa, importante
y cansado, pero lleno de frutos y sobre todo de
esperanza. Esperanza en que la paz reine ya por siempre
en esos lugares, en esa Tierra Santa.
Y lo vimos en
su término del viaje, orar ante el Santo Sepulcro.
La tumba
donde estuviste ya muerto, con tu carne llagada, golpeada, con
tus pies y manos, ya sin clavos pero con profundas
heridas, así como la del costado, tan honda , que
te llegó hasta el corazón.
Allí descansó tu cuerpo sin vida,
envuelto en blanco sudario que después hemos conocido como la
Sábana Santa. Allí te quedaste solo... solo, como se quedan
los muertos.
El sepulcro, aún sin estrenar, era de piedra igual
que la enorme roca que tapó la entrada y hubo
una guardia especial porque se podía pensar que los discípulos
podrían llevarte a otro sitio.
Así nos lo cuenta, San Mateo:
Pilato les dijo: Teneís una guardia. Id, aseguradlo como sabeís.
Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y
poniendo la guardia. (Mateo 27, 65-66)
Y San Lucas nos dice:
El primer día de la semana, muy de mañana, llegaron
al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron
que la piedra había sido retirada del sepulcro y entraron
pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían
que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos
hombres con vestidos resplandecientes. Como ellas temiesen e inclinasen el
rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscaís entre los
muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.
Recordad como os habló cuando todos estaban en Galilea, diciendo:
Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en
manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer
día resucite. Y ellas recordaban sus palabras. (Lucas 24,1-8)
Después
llegaron Pedro y Juan, pero.... tu ya no estabas.
Pedro miró
el sepulcro vacío casi sin comprender... ya no estaba allí
su Señor, su Maestro. Y así, más de dos mil
años después, hemos visto al Papa Benedicto XVI, sucesor de
Pedro, y al igual que él, estar frente a la
tumba vacía, juntar sus manos, arrodillarse y lleno de emoción
vibrar ante la certeza de esa Gran Verdad: ¡el
sepulcro vacío, Cristo ya no está, porque Cristo resucitó!.
¡Esa es
tu Verdad y esa es nuestra Verdad, Jesús!.
Tu resurrección es
el fundamento de nuestra fe.... y hoy te quiero dar
las gracias porque también nosotros, si seguimos tus pasos, resucitaremos
después de morir, a una vida plena y eterna.
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