La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org Un mendigo de amor
Dios golpea las puertas de nuestro corazón y mendiga un poco de amor, una mirada, un pensamiento.
Un mendigo de amor
Jesús se manifestó a muchas almas a través de los
siglos, a partir de aquel día en que Sus amigos,
discípulos, apóstoles y Su propia Madre presenciaron Su Ascensión al
Reino. De este modo, El se presentó hace ya tiempo
a Santa Margarita María de Alacoque, para que a través
de ella recibamos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Y se apareció a Santa Gertrudis para enseñarnos, entre muchas
otras cosas, el misterio de las almas del Purgatorio y
la necesidad de orar por ellas. Y también se manifestó
a Santa Faustina Kowalska, para regalarnos esa maravilla que es
la devoción al Jesús Misericordioso, al Jesús de la Misericordia.
Esa hermosa imagen que ha llenado en pocos años las
iglesias, los hogares y los corazones de tantos enamorados de
Jesús.
Pero dentro de la historia de Sor Faustina, en aquella
lejana y fría Polonia, me conmovió el relato sobre la
aparición que sin dudas volcó el alma de aquella sencilla
joven mujer hacia el Amor de los amores. Faustina asistía
a un baile en Varsovia cuando sorprendida ve a Jesús
parado frente a ella, vestido de mendigo, de pordiosero, todo
de harapos. Su mirada era una llamada al corazón de
la joven Faustina, eran los Ojos de un mendigo, un
mendigo de amor. Faustina quedó conmovida por esa imagen que
no olvidó por el resto de su vida, ya que
la colocó como la receptora de un extremo y casi
lastimoso pedido de amor realizado por el mismo Dios.
¡Un
Mendigo de amor! Nuestro Dios, El que es Dueño y
Creador de todo el universo, frente al que nuestra pequeña
alma se torna minúscula e insignificante, se hace un pobre
pordiosero para golpear las puertas de nuestro corazón y mendigarnos
un poco de amor, una mirada, un pensamiento. ¿Tu crees
que El no mendiga tu amor en este momento? A
veces me imagino a Dios allí arriba mirando al mundo,
a cada uno de nosotros, vivir nuestra vida al margen
de El, sin siquiera considerarlo. Y sospecho que mira a
cada alma, y espera, pacientemente, una mirada hacia El. Sus
Ojos se llenan de lágrimas al ver que pasan los
minutos, los días, los años, y Su llamado de amor
sigue sin ser respondido.
Creo que nuestro Dios mendigo, enamorado
perdidamente de nosotros, hace muchas cosas para atraer nuestra atención
desde allí arriba. Se puede decir que literalmente lo intenta
todo. Nos da alegrías y nos colma de bienes físicos
y espirituales, para que lo reconozcamos y lo amemos. O
nos llama con el dolor para ver si en ese
punto de necesidad nos acordamos de El y pedimos Su
intervención. O simplemente espera, y espera, mientras nuestra vida se
derrocha en pequeñas miserias que no agregan nada a nuestra
salud espiritual, sino todo lo contrario.
Mis amigos, ¿no se
sienten incómodos de que tengamos tanta ceguera, que hemos forzado
a nuestro Dios Amante a transformarse en un Mendigo de
nuestro avaro amor? ¿Qué clase de hijos somos, de un
Padre tan inmensamente tierno e insistente en volver a perdonarnos?
¿Qué clase de hermanos somos, de nuestro Jesús Adorable y
Misericordioso? ¿Qué clase de agradecimiento tenemos por el Espíritu Divino,
que no nos deja solos jamás, mientras le cerramos nuestro
corazón una y otra vez? ¿Y que clase de hijos
hacen llorar a su Madre con lágrimas de dolor, ante
el abandono y la falta de obediencia a sus suaves
mandatos?
Jesús, que me miras con lágrimas de dolor, que te
abajas a lo más profundo de Tu Humanidad para acercarte
a mi, para que reaccione ante Tu llamado. Con Tu
rostro triste me invitas a darte una mirada, un pensamiento,
una oración, una muestra de mi amor. Deseas que levante
mis ojos en medio de este mar de rostros sin
rostro, para que la Luz de Tu mirada me ilumine
y cubra. Quiero darte mi amor para que sea como
una gota de agua que apague, por un instante, esa
sed infinita de amor que arde como una universal hoguera,
allí en lo profundo de Tu Sagrado Corazón.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores