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Autor: Óscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org El Gran Camarógrafo
Si, Jesús es nuestro Único Camarógrafo. No nos debemos preocupar ni afanar por lo que el mundo piense, pida o diga de nosotros.
El Gran Camarógrafo
Me dijo alguien alguna vez que para comprender a una
persona, había que descubrir “para quien es que está filmando”.
La teoría de este hombre es que todos tenemos alguien
que realmente nos importa, y que esa persona es como
“un camarógrafo interior” que nos está capturando con su cámara
todo el tiempo. Decía este hombre que si descubríamos cual
era esa “cámara”, comprendíamos cual es el motor interior de
ese individuo, lo que nos daría la capacidad de comprender
su comportamiento, sus orientaciones y motivaciones personales.
Una teoría bastante
peculiar, sin dudas. Pero con los años comprendí que algo
de razón tiene, ya que es evidente que no nos
interesa la imagen que proyectamos ante todo el mundo por
igual.
Muchas personas se desesperan ante la imagen que de
ellos tiene su jefe en el mundo laboral, a tal
extremo que terminan haciendo una marioneta de si mismos. Nuestro
superior jerárquico representa una cámara muy típica de la sociedad
moderna, porque en esa “toma” tan particular de nuestra película
se concentra muchas veces nuestra carrera profesional, así como el
salario y la estabilidad laboral.
Para muchos otros, el
camarógrafo es su padre, o su madre, quizás ya fallecidos
desde hace años. Quieren progresar y acumular méritos mundanos, con
el anhelo manifestado en aquella frase: ¡si me vieran mis
padres! Para otras personas es la esposa o el esposo
la fuente de atención. El deseo de poder demostrar éxito
laboral, o inteligencia, o méritos sociales, constituye muchas veces el
motivador de los comportamientos.
Sin embargo, algunas personas están
tan llenas de vanidad que literalmente filman para todo el
mundo, es decir que quieren lucir exitosas, inteligentes, bellas y
socialmente aptas ante todo el que las rodea. Evidentemente que
se transforman así en individuos vacíos de contenido, superficiales, sin
profundidad ni capacidad de representar a un ser auténtico y
fiel a una esencia sostenible en el tiempo. O sea,
son personas “de plástico”.
La importancia de saber para quien
es que filmamos radica en comprender donde están puestos nuestros
más profundos anhelos y motivaciones, donde está ubicado nuestro motor
interior. El problema es que las más de las veces,
ese motor está simplemente puesto en una ubicación errónea. Una
definición amplia de lo que es la verdadera sabiduría debería
llevarnos a comprender que nuestro único y verdadero camarógrafo interior,
es Dios. ¿Acaso no es El quien nos contempla todo
el tiempo con la lente del Amor?
Jesús, nuestro Gran
Camarógrafo, nos observa con una atención imposible de comprender por
nosotros. Su Mirada es permanente, y personal. El nos estudia
con ojos de Hermano, expectante de cada paso, cada bocanada
de aire que infla nuestros pulmones, cada latir de nuestro
corazón. El se entristece cuando encendemos un cigarrillo, se preocupa
cuando comemos algo que nos puede hacer mal, se llena
de amargura cuando decimos palabras que hieren. Y en particular,
se llena de dolor cuando lo olvidamos y actuamos para
otros camarógrafos, envaneciéndonos como pavos reales, o tratando de impresionar
al “mundo”, imitando las propuestas que desde allí nos bombardean
a diario.
En nadie debemos poner nuestra confianza, porque no
hay hombre ni mujer que pueda dejar de fallarnos en
algún momento. Sólo en Dios debemos apoyarnos, porque El es
nuestra única fuente de confianza. Es cierto que algunas personas
representan en nuestra vida una ayuda importante para comprender y
llegar a Dios, pero no es en ellas en quien
debemos poner nuestra ultima confianza, sino en quien ellas representan,
que es nuestro Buen Jesús.
Pensemos en los santos que
colman los altares de la Iglesia, ¿en quien pusieron ellos
su confianza, sino en Dios? ¿Ante la mirada de quien
actuaron ellos sus vidas, sino en la del Rey del
Universo? ¿Quién fue su fuente de fortaleza en la adversidad,
consuelo en el dolor, riqueza en la pobreza, alegría en
la redención? Los santos pudieron amar, porque se liberaron de
la preocupación del “que dirán”. No se desesperaron por lo
que la gente pensara de ellos, sino que dedicaron su
vida a amar a las personas como testimonio del infinito
amor de Dios. Ellos son testigos del Amor de Dios,
y es ese el mayor mérito que acumularon en sus
almas.
Las cámaras del mundo nos invitan a lucir exitosos,
adinerados, inteligentes, poderosos, seductores, independientes. Mientras tanto, nuestro Jesús nos
pide humildad, pequeñez, paciencia, fe y esperanza en el amor.
Si, Jesús es nuestro Único Camarógrafo. No nos debemos preocupar
ni afanar por lo que el mundo piense, pida o
diga de nosotros, porque sólo Dios cuenta. Y si algo
del mundo nos atrae o produce alegría, debe ser porque
en ello, Dios se alegra también.
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Es un artículo muy interesante que me hace reflexionar ¿Quién soy? y ¿A quién sigo?. Gracias al autor de este artículo por sus palabras y por la forma de filosofar acerca de Dios.
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