Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net Sabemos que vamos a morir...
Maravilloso don el de la Fe, por él creemos en la vida eterna y en la resurrección de los muertos.
Sabemos que vamos a morir...
NOVIEMBRE: REFLEXIÓN SOBRE LA MUERTE
No se que tiene este
mes de noviembre que con su llegada nos envuelve en
una especie de nostalgia, de recuerdos, de cosas y de
seres que ya se fueron, que ya no están.
Cuando pase
noviembre, en diciembre, será distinto. Diciembre es un mes con
alegría de fiestas, de música navideña, de cascabeles, regalos y
vacaciones, pero...noviembre siempre tuvo un aire solemne, un tinte gris,
quizá porque es el mes en que se recuerda más
profundamente a los que nos dejaron y se habla en
voz baja de la muerte.
Sabemos que vamos a morir pero
no queremos detenernos a pensar en ello. Es una idea
latente en nuestro interior pero vivimos como si ese momento
nunca nos fuera a alcanzar.
"Después de que se ha hecho
lo posible para sostener en lo alto al antorcha de
la vida, llegada la hora y cuando "ella" está ya
a la puerta, es una locura oponerse al desenlace inevitable.
En ese trance, la sabiduría aconseja colgar la espada, soltar
los remos, dejarse llevar", esto nos lo dice el P
Ignacio Larrañaga y añade:-" El hombre ha de hacerse amigo
de la idea de tener que acabar. Serenamente, sabiamente, humildemente
debe aceptar acabarse: soltar las adherencias, que como gruesas maromas
lo amarraban a la orilla y... dejarse llevar mar adentro".
El pensamiento que después de que yo acabe otros comenzarán,
así como muchos tuvieron que irse para que yo comenzara,
nos va llenando el espíritu de una sublime paz con
la certeza de que todo está bien.
Esta forma de ver
las cosas nos ayuda para esforzarnos a vivir de tal
manera que cuando nos llegue "la hora" podamos decir:"deber cumplido".
Deber cumplido no quiere decir: todo lo hice bien, en
todo sobresalí, en todo fui el primero...etcétera, etcétera. El deber
cumplido es haber puesto todas las ganas en hacer lo
que se nos pedía que hiciésemos según nuestro estado y
forma de vida, el haber cumplido, jornada tras jornada, en
la cadena de nuestros días con honestidad, con rectitud, con
nobleza de corazón.
Morir dignamente, dejar este mundo serenamente, sin
rebelión, aceptando. Esto en cuanto a la muerte física se
refiere, porque si hay Fe, sabemos que morir es como
un desdoblamiento de nuestro verdadero yo, como un renacer de
nuevo, dejando nuestra envoltura corporal para que ya libre de
ella, nuestro espíritu regrese a la vida eterna, al regazo
del Padre sin perder su propia identidad.
Maravilloso DON el de
la Fe, por él creemos en la vida eterna y
en la resurrección de los muertos, porque Cristo nos dio
las primicias con su propia Resurrección y nos espera en
el Cielo.
Fue el mes de noviembre el que nos
hizo tener esta pequeña reflexión sobre la muerte y al
tenerla nos consuela el pensamiento de jamás dejaremos de existir
, pues Dios nos otorgó el DON de un alma
inmortal y esta es la victoria del hombre sobre la
muerte.
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