La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net 14. No eres tú el que suplica a Dios que venga a ti
Es Dios quien te suplica que quieras abrirle tu corazón y tus manos para acoger a su Hijo Jesús.
14. No eres tú el que suplica a Dios que venga a ti
No eres tú el que suplica a Dios que venga
a ti, sino, que es él el que te suplica
que quieras abrirle tu corazón y tus manos para acoger
a su Hijo Jesús
Tienes una mentalidad de escalador y partes
cada día al asalto de Dios para conquistarle a fuerza
de puños. O tal vez suplicas a Dios que venga
a ti recordándole con delicadeza lo que parece haber olvidado.
Una oración y una actitud de este tipo no tienen
ya sentido ni razón de ser para un cristiano y
no tienes ya que tratar de seducir a Dios con
tus ofrecimientos o tus oraciones.
Hace mucho tiempo que Dios ha
venido a ti y te ha seducido. Te ha amado
el primero hasta el punto de darte a su Hijo
Jesucristo para salvarte. No debes pues ya buscarle puesto que
definitivamente él ha colmado el foso que te separaba de
él. Ya no necesitas convencer a Dios, hace tiempo que
ha venido entre los suyos, pero el drama, es que
tú no le has recibido: "Vino a su casa, y
los suyos no le recibieron" (Jn 1, 11). Orar, es
sencillamente dejarte buscar y encontrar por Dios.
En el fondo, toda
la pedagogía de Dios consiste en recordarte esta presencia y
esta venida del Hijo al mundo. Este no es un
desierto en el que Dios está ausente, entraña una presencia
oculta de Cristo. Piensa un poco en la cuaresma que
te parece un período molesto y triste porque pones el
acento en tus esfuerzos de penitencia cuando ante todo es
un tiempo de gracia y de salvación. A lo largo
de este período, Dios te ofrece la presencia de su
Hijo muerto y resucitado. No tienes que realizar proezas para
conseguirlo pues está a tu alcance, y se te ofrece
de gracia en el pan de la Palabra y de
la Eucaristía.
Lo que se te pide entonces, es una contemplación
prolongada del amor de Dios que no cesa de salir
de sí mismo para venir a ti. Santa Teresa de
Lisieux hablaba a este respecto de la fe en el
Amor de Dios. "Cuánto más deseará vuestro amor misericordioso abrasar
a las almas, puesto que vuestra misericordia se eleva hasta
el cielo... ¡Oh, Jesús mío! que sea yo esta víctima
feliz, consumad vuestro holocausto con el fuego de vuestro divino
amor .
No es al final de tus esfuerzos cuando descubrirás
este amor, sino en una oración silenciosa e intensa. Dios
desgarrara el velo y te revelará los tesoros de amor
contenidos en el corazón de su Hijo. Esta toma de
conciencia del amor de Dios es una gracia misteriosa, imposible
de traducir en palabras y en conceptos humanos, pero si
un día se te concede experimentarlo, comprenderás por qué santo
Domingo y san Francisco lloraban noches enteras repitiendo: "¡El amor
no es amado!"
Si tienes la gracia de hacer este descubrimiento,
comprenderás la dureza y la impermeabilidad de tu corazón. Tu
gran pecado es perseguir o más bien rechazar, más o
menos conscientemente, el dejarte amar así por Dios. Cristo no
cesa de llamar a la puerta de tu corazón para
que le abras y compartas con él la comida de
amistad. Que el Espíritu Santo rompa tu corazón de piedra;
por esta brecha, abrirá un pasadizo a la invasión del
amor.
En la oración, tú no pides a Dios que cambie
de parecer y que venga por fin a ti para
amarte, sino que al contrario tú cavas profundamente tu corazón
de mármol para cambiar de actitud y aceptar finalmente el
amor de Dios. La cuaresma es el tiempo privilegiado de esta
venida de Dios a tu vida. Sumérgete en el silencio
interior para mejor escuchar la voz de Dios. En Jesús,
Dios se hace presente y te llama a compartir la
intimidad trinitaria. No imites a los fariseos ciegos que no
reconocían en Jesús esta venida del Padre.
Convertirte, es consentir por
fin abrir tu corazón a este amor infinito de Dios
y es abrir ampliamente tus manos para recibir el pan
de la Eucaristía. Entonces verás cuáles son los signos concretos
de penitencia que te dispondrán mejor para esta acogida de
Cristo. Pero lo esencial es estar a lo largo de
tus días y de tus noches en estado de vela
y de escucha para no faltar a esa cita de
amor.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores