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Autor: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net 5. La mirada de amor Dios descansa sobre ti
En la oración, siente la felicidad de existir y vivir por la mirada de amor que Dios hace descansar sobre ti.
5. La mirada de amor Dios descansa sobre ti
Existes y vives de la mirada de amor que Dios
hace descansar sobre ti
Sabes muy bien cómo los ateísmos modernos
rechazan a un Dios que nos impediría existir como hombres
libres. A este propósito, Merleau-Ponty escribía: "La conciencia muere al
contacto con el absoluto". Y en cierto sentido tienen razón;
si Dios fuese verdaderamente el otro, te encontrarías con la
absoluta necesidad de emprender una lucha terrible para tu liberación.
Pero Dios no pertenece más a la categoría "del otro"
que a la categoría "del mismo".
Para Dios, crearte no significa
colocarte en el ser de una manera impersonal, no es
para ti un "otro". Del mismo modo tú no puedes
concebir tu relación con Dios en un trato de identidad,
no eres el "mismo" que Dios. Decir que tú has
sido creado por él, es afirmar al mismo tiempo que
Dios no es "tú", pero que no es, tampoco, un
“otro”.
Esta aparente contradicción escapa a tu expresión conceptual pero puedes
percibirla en tu conciencia religiosa. Por eso debes experimentar en
tu oración el lazo creador que te une a Dios.
En la fuente de toda oración, se da esta toma
de conciencia de la mirada de amor de Dios que
te crea sin cesar. Por no empezar por esta "realidad"
es por lo que muchísimas oraciones se desvanecen. Es este
lazo creador el que fundamenta toda tu vida espiritual y
tu oración; por eso al comienzo de un retiro, después
de haber contemplado al Único, necesitas contemplar la presencia creadora
de Dios. El salmo 139 desgranado lentamente puede situarte así
delante de Dios, que no cesa hoy de crearte y
recrearte.
Toma conciencia de tu existencia, de tu cuerpo y de
tu espíritu, es Dios el que te hace ser y
pensar. No te crea como a las cosas y a
los seres inanimados por un querer impersonal. Dios no crea
así a la persona, pues sería un acto desprovisto de
sentido y los ateos tendrían razón en rechazar a un
Dios que limitaría su libertad. Te crea por un acto
que anticipa y fundamenta tu dignidad, es decir por una
llamada. Las cosas nacen por orden de Dios, tú naces
de su llamada. Dios no es pues otro sujeto situado
en el mismo plano que tú, sino que es la
verdadera fuente de tu ser, más cercano y más intimo
a ti, que tú mismo.
"Dios ve, es decir que vuelve
su rostro hacia el hombre, y por eso mismo, da
al hombre su propio rostro. Soy yo mismo porque él
me ve. El alma vive de la mirada de amor
que Dios envía sobre ella. Se da en esto una
profundidad infinita, un bienaventurado misterio. Dios es el que ve
con amor; por su mirada las cosas son lo que
son; por su mirada, soy yo mismo ”
Esta presencia creadora
de Dios que te rodea es pues una presencia universal
de amor (Sal 139, 13-22). Al crearte, Dios te llama
y está delante de ti como un "tú". Si existes
es porque eres una obra del amor de Dios.
Orar, es
sencillamente hacer consciente este diálogo existencial entre Dios y tú
y entre Dios y todos los hombres. En lo más
profundo, tu ser tiene una estructura dialogal. Decir "tú" a
Dios en la oración, es reconocer que es la fuente
de tu persona libre. Vuelve a leer los versículos 19
a 22 del salmo 139 y comprenderás que el impío
es aquél que no quiere dejarse crear y hacer por
esta presencia. Eres impío cuando pretendes realizarte fuera de Dios
o cuando rehúsas recibirte de Dios o responder a su
llamada creadora. No es que por ello seas menos libre
pero entras en contradicción con tu propio ser, y si
este rechazo se eternizase, sería la condenación.
Dios te hace libre
para mendigar tu consentimiento a su amor creador. Orar, es
aceptar y desear ser conocido por Dios.
No imites a Adán
en el jardín del Edén que se oculta para escapar
de la mirada creadora de Dios. Acepta el nombre propio
que él te da al dirigirte su llamada. En la
oración, siente la felicidad de ser la obra de la
mirada de Dios, incorpórate en lo interior de este influjo
creador y ofrece a Dios todo lo que tienes y
todo lo que eres en un movimiento de alabanza y
de acción de gracias.
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