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Autor: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net 1. El Dios del diálogo
Dios se revela a ti, como a Moisés, como fuego, es decir como algo que tú no puedes tomar ni retener en tus manos.
1. El Dios del diálogo
No te adelantes para considerar a Dios como un
espectáculo extraño, sino descálzate ante él.
Si quieres conocer a Dios,
debes poner tus pies en los pasos de los grandes
orantes de la Biblia a los que él se ha
revelado. Contempla hoy la escena de la zarza ardiendo (Ex.
3,1-6):
Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote
de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del
desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El
Ángel de Yavé se le apareció en forma de llama
de fuego, en medio de una zarza. Vio que la
zarza estaba ardiendo, pero que no se consumía. Dijo pues
Moisés: "Voy a contemplar este extraño caso: por qué no
se consume la zarza". Cuando vio Yavé que Moisés se
acercaba para mirar, le llamó de en medio de la
zarza diciendo: "¡Moisés, Moisés!" El respondió: "Héme aquí". Le dijo:
"No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies
porque el lugar en que estás es tierra sagrada". Y
añadió: "Yo soy el Dios de tu padre Abraham, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Moisés se
cubrió el rostro, porque temía ver a Dios Con Moisés, descálzate
para conocer a Dios y él se te revelará como
un fuego devorador. En primer lugar, mira cómo Moisés se adentra
en el desierto; siempre es en un "más allá" como
se llega a la montaña de Dios. Pero aún allá,
Moisés debe cambiar de plan y convertirse. Se adelanta para
observar este espectáculo extraño y ver por qué la zarza
no se consume. Moisés es curioso, es atraído por lo
sensacional y quiere dar la vuelta a la pregunta de
Dios: "Moisés se acercaba para mirar" (Ex 3, 4).
Trata de
comprender desde fuera el "por qué" de Dios por medio
de consideraciones racionales. No puedes acercarte a Dios como un
curioso pues él no se deja encerrar en propósitos humanos.
El está siempre más allá de tus ideas y es
irreductible a tus posturas. Dios no es un problema que
hay que resolver sino un misterio que hay que descubrir.
Una persona no se deja captar por un estudio psicológico,
se te escapa cuando quieres resumiría o explicarla. Dios es
el incognoscible, el inexplicable: "Una cosa explicada deja de interesarnos"~
escribía Nietzsche, por eso ¡Dios nos interesará siempre!
Por eso Yavé
va a tomar la iniciativa del encuentro llamando a Moisés
por su nombre. La única actitud ante Dios es decirle:
"Héme aquí". Es un acto de disponibilidad, de humildad, de
pobreza y de consentimiento. Yavé pide a Moisés que se
descalce, es decir, que renuncie a todas sus seguridades, sus
protecciones y sus ideas sobre él. Yavé es el tres
veces Santo que se revela en un diálogo de libertad
y de adoración. Conocer a Dios, es reconocer que está ahí,
irreductible a tus ideas y que se revela cuando quiere
y a quien quiere. En la oración, rechaza toda representación
inmediata de Dios. Estás siempre bajo el régimen de la
fe y no de la clara visión. San Pablo dirá
que "el misterio de Dios sobrepasa todo conocimiento". Tú captas
lo absoluto de Dios "como en un espejo", como un
enigma, añade precisando más (1 Cor 13, 12).
No trates de
adelantarte hacia Dios para inventariarle. Deja de tratarle como a
un objeto e invócale como a un sujeto libre. El
primer gesto que ´te llevará a este resultado es el
gesto de bajar las manos o de descalzarte. El momento
decisivo en que comienza el verdadero encuentro con Dios no
está en el movimiento que tú haces hacia él, sino
en el movimiento de retroceso, de humildad en el que
tú te difuminas ante él. Dios no es un país
conquistado sino una tierra santa que debes pisar con los
pies desnudos.
Cuando has aceptado el dejar de tener ideas sobre
el tema, Dios mismo se revela. Y aún entonces, no
llegarás a traducir esta experiencia en términos claros y precisos.
Yavé se revela a ti, como a Moisés, como fuego,
es decir como algo que tú no puedes tomar ni
retener en tus manos. Se da como un fuego devorador.
El fuego es una materia fascinante y extraña, ilumina y
transforma en él todo lo que toca. Cuando san Juan
de la Cruz evocará las más altas cimas de la
unión con Dios, utilizará la comparación de la zarza consumida
por el fuego.
En la oración, manténte pobre y desnudo ante
la zarza ardiente e incandescente. No digas nada sino ofrece
a este fuego devorador toda la superficie desnuda de tu
ser. Dios es el que quiere devorarte. Formas un ser
con él y te conviertes en participante de la naturaleza
divina. Transforma en él a los que se ofrecen a
su gracia transformante en una actitud de descalzamiento. Por tu
unión con él, es bastante poderoso para abrazar misteriosamente el
mundo de fuego de su amor.
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Jorge, Dios permite que en momentos especiales podamos "sentir" su gracia, pero.. otras veces estamos en la sequedad o el desierto. Es una gracia poder sentir, pero también lo es el no sentir. Dios siempre está contigo, nunca te deja y hay que ser fieles sobre todo en el momento de soledad. Y pedirle , si es su voluntad, que nos regale un momento para sentir su gracia.
Publicado por: Jorge Valtierra López
Fecha: 2009-10-27 16:58:24
Estimados Señores:
En dos ocaciones en mi vida he sentido la presencia de lo que creo es la gracia de Dios, curiosamente fue en momentos criticos de mi vida.
Cientos de veces le he pedido que me permita sentir nuevamente esa respuesta, pero solo reina el silencio.
Me podrían explicar ¿por que?
Gracias.
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