La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net 4. Acercate a Dios con un corazón de discípulo
En la oración, acercate más a Dios que no te aparta del mundo real, sino que te hace más presente dentro de él.
4. Acercate a Dios con un corazón de discípulo
Acércate a la experiencia de Elías en Horeb con un
corazón de discípulo. Participarás en su intimidad con Dios. En la
contemplación, estáte atento para que no dejes en la sombra
algunos aspectos del misterio de Dios que se te presentan
a veces como inconciliables. Así el sentido de su santidad
debe acompañarse de la experiencia de su intimidad. Has percibido
ya la intimidad que se daba entre Moisés y Yavé;
acompañando a Elías al monte Horeb participarás de su intimidad
con Dios.
Estos hombres de la Biblia, Abraham, Moisés y Elías
no son personajes del pasado, son nuestros padres en la
fe, los santos del Antiguo Testamento. Puedes pues pedirles que
ejerzan su paternidad espiritual para contigo. Así Abraham te conseguirá
la gracia de enraizar tu vida en la fe a
la Palabra de Dios. Acércate también a la vida íntima
de Elías con un corazón de discípulo. Es el padre
de los contemplativos que viven sin descanso a la búsqueda
de Dios. Te puede comunicar una parte de ese fuego
interior que le consumía por Yavé: "Ardo en celo por
Yavé, Dios Sebaot" (1 Re 19, 14).
Coloca esta experiencia en
el conjunto de las teofanías. En este mismo lugar, Dios
ha revelado su nombre a Moisés, es decir su ser
íntimo. Le ha dado la Ley y la Alianza. En
un ambiente terrorífico de truenos y rayos, ha manifestado su
santidad. Pero hay que dejar atrás estas manifestaciones violentas para
descubrir su presencia espiritual en la intimidad y la dulzura.
Elías
es el que está en pie ante Dios para servirle
(cfr. 1 Re 17, 1). Ha trabajado mucho por su
Reino. Es un corazón apostólico lleno de celo por la
casa de Yavé. Pero Elías prefiere decir: "Dios ante cuyo
rostro yo estoy en pie." Tú también, te consumes por
la misión, pero Dios no necesita tus servicios. El único
servicio que espera de ti, es la atención y la
presencia. Quiere que estés en pie ante él. "Este es
el que ama a sus hermanos, el que ora mucho
por su pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el
profeta de Dios". (2 Mac 15, 14). Dios ha puesto sus
delicias en estar contigo, "mis delicias están con los hijos
de los hombres". (Prov 8, 31), y espera que tú
te quedes con él. Orar es perder gratuitamente tu tiempo
ante él. Es una gracia el estar contento con él
y percibir su presencia.
Antes de revelarse a Elías, Dios le
hace pasar al desierto, en la soledad, el renunciamiento, la
fatiga y el desaliento. Elías experimenta el sentimiento de fracaso
que vives tan a menudo en tu corazón de hombre
y de apóstol: "No soy mejor que mis hermanos". Por
eso Santiago establece el paralelismo con nosotros: "Elías era un
hombre de igual condición que nosotros" (Sant 5, 17).
Al final
de este largo camino por el desierto, camino doloroso, Elías
hará la experiencia de la intimidad de un Dios muy
cercano. Expón tu rostro fatigado al soplo impalpable de esta
brisa que expresa, en cuanto puede hacerlo un símbolo, la
espiritualidad y la dulzura de Dios. A Elías se le concede,
en un encuentro vivo, una revelación complementaria del ser de
Dios. El es no solamente el Altísimo, el Omnipotente, sino
el Dios presente en esta intimidad que es lo propio
del Espíritu. La oración debe hacerte gustar efectiva mente esta presencia
de Dios. ¿Es su palabra, más dulce a tu paladar
que la miel a tus labios? Tus ojos y tu
corazón de hombre deben ver y saborear lo bueno que
es Dios: "Tu palabra es la alegría de mi corazón"
(Sal 119, 111).
Sólo la plenitud de esta revelación en el
Evangelio te dirá hasta donde llega esta intimidad: en la
Santísima Trinidad, se da esa íntima comunión de las tres
Personas divinas que se acogen y se dan mutuamente. En
la medida que escuchas y guardas la palabra de Jesús,
permaneces en este movimiento de comunión y la Trinidad está
presente en ti. Ilumina esta teofanía con la enseñanza de
san Juan:
Aquel día no me preguntaréis nada. Yo os aseguro:
lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo
dará. (Jn 16, 23). Yo soy la vid verdadera, y mi
Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mi no
da fruto, lo corta, y todo el que da fruto
lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya
limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced
en mí como yo en vosotros. Lo mismo que el
sarmiento no puede dar fruto por si mismo, si no
permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis
en mi. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El
que permanece en mí como yo en él, ese da
mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como
el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan
al fuego y arden. Si permanecéis en mi, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo
conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis
mucho fruto, y así seréis mis discípulos. Como el Padre
me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced
en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre,
y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para
que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea
colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los
unos a los otros como yo os he amado. Nadie
tiene mayor amor que el que da su vida por
sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que
yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el
siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros
os he llamado amigos, porque todo lo que he oído
a mi Padre os lo he dado a conocer. No
me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os
he elegido a vosotros, y os he destinado a que
vayáis y deis fruto y un fruto que permanezca; de
modo que todo lo que pidáis al Padre en mi
nombre os lo conceda. Lo que os mando es que
os améis los unos a los otros. (Jn 15, 1-17).
Como
Jacob, tú puedes decir: "¡Así pues, está Yavé en este
lugar y yo no lo sabia!" (Gn 28, 16). En
la oración, baja cada vez más profundamente a esta morada
de Dios que no te aparta del mundo real, sino
que te hace más presente a él. Cuando vuelvas en
medio de tus hermanos, contemplarás este misterio en su corazón
y caminarás en la presencia del Señor en el país
de los vivos.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores