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Autor: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net 13. Dios se revela a tí
El fondo del misterio del diálogo de la oración, es la presencia de Dios en ti. Si puedes estar en Dios, es porque él ha querido estar en ti.
13. Dios se revela a tí
Si puedes mantenerte así ante Dios, con él y en
él, es porque ha tenido a bien el mostrarse a
ti como el Santo, el Amigo y el Huésped. A
tu actitud corresponden tres nombres de la revelación objetiva de
Dios, tres "Todo" de este Dios de la Biblia. He
aquí algunas pistas que te orientan en la contemplación del
misterio.
Dios es el separado, el Único, y se muestra Santo.
El es el Único por su infinito poder misterioso. Ante
él tú eres polvo y ceniza (Gn 18, 27) pues
todo es nada salvo él (Is 40, 25 y 45,
5). Cuando se te manifiesta, se revela en la trascendencia
de su ser, es decir en su gloria, que es
la intensidad radiante de su presencia y de su vida
(Ex 3, 6; Is 6, 1-5; Ez 1, 28). Tú
sólo puedes caer rostro en tierra para adorarle. Es también
el Único por su infinita pureza moral que te hace
sentir tu innata impureza (Is 6, 5). Si los orantes
de la Biblia tienen la convicción de estar delante de
Dios, testigos de su gloria, es porque han tenido la
revelación de su santidad. Es la primera indicación objetiva del
diálogo con Dios. Adorar a Dios, es tener el sentimiento
de su grandeza e inseparablemente el sentimiento de tu propia
miseria.
Pero el Dios verdadero no revela nunca su grandeza inaccesible
sin revelar al mismo tiempo su Amor, y por eso
es el amigo de los hombres. El que ama (Os
11, 1), es también el que te ama: "Vosotros sois
mis amigos" dirá Jesús. Es una confidencia hecha de corazón
a corazón, una revelación. Sobre el rostro de carne de
Cristo, tú descubres la amistad (Tit 3, 4), y la
ternura de Dios para contigo. Y la prueba de que
es tu amigo, es que comparte contigo los secretos del
Padre como se hace entre amigos. Hoy todavía, como en el
tiempo de los profetas, Dios te repite: "Estoy contigo".
Cristo
resucitado no cesa de estar con los suyos hasta el
fin de los tiempos. Te conoce por tu nombre pues
te ha amado y se ha entregado por ti. La
revelación de la intimidad del Dios tres veces Santo en
Jesucristo es la segunda indicación objetiva del diálogo. Entre Dios
y tú, se da una relación de tipo amigo. Entre
el Santo y tú, Jesús es tu amigo. Si tú
puedes estar con él, es porque él ha querido estar
contigo. Emmanuel = Dios con nosotros. Pide a san Juan,
"el discípulo al que Jesús amaba" (Jn 13, 23), que
te haga experimentar la amistad de Cristo.
Te enseñará sobre todo
a permanecer en Dios compartiendo incesantemente la persona de Jesús.
En Jesús, morada permanente de Dios en el corazón del
mundo, Dios ha plantado su tienda en medio de nosotros.
Por el don de su Espíritu, Jesús es el que
te hace morar en Dios. Si te alimentas de su
cuerpo, si vives como él y guardas su Palabra, la
Santísima Trinidad planta su morada en ti, Dios se hace
tu huésped, como lo fue de Abraham en la encina
de Mambré: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y
mi Padre le amará, y vendremos a él. y haremos
morada en él" (Jn 14, 23).
El fondo del misterio del
diálogo de la oración, es la presencia de Dios en
ti. Si puedes estar en Dios, es porque él ha
querido estar en ti. La relación de inhabitación de las
Personas divinas en ti, es la tercera indicación objetiva del
diálogo con Dios. No hay definición más hermosa de la
intimidad que se establece entre Dios y tú en la
oración, que la del Apocalipsis: "Mira que estoy a la
puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me
abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con
él y él conmigo" (Ap 3, 20). El Padre de
Beaurecueil nos relata los propósitos de ese joven afgano de
dieciséis años que le decía un día: "Vienes a comer
a mi casa, luego yo iré a comer a la
tuya, y entonces seremos amigos".
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